Con un estreno semi clandestino y  más de un año de retraso nos llega esta interesante película que hubiese merecido mejor suerte. Una historia de buenos sentimientos y superación, de esas que antes copaban la taquilla y que ahora son desplazadas en una cartelera donde es complicado que una cinta aguante más de dos semanas en los cines.

Argumento que hará las delicias a los amantes de la saga Star Trek pues la historia versa sobre una autista con vocación de escritora, a la que tras el fallecimiento de su madre es enviada por su hermana a una institución para su cuidado. La joven se presenta a un concurso de guiones de la popular saga de la nave Enterprise, donde por una serie de avatares no puede presentar por correo su opción a premio, por lo que decide fugarse con su mascota para

Nota: 52

entregarlo en mano en la Paramount de Los Ángeles. Un “libreto” de Michael Golamco que sin descubrir nada nuevo, se lleva con agrado, ya que el viaje desde San Francisco a Los Ángeles se convierte en iniciático, ya que la joven autista apenas tiene contacto con el mundo, más allá de una familia a la que apenas ve, una terapeuta que vela por ella y unos compañeros en el modesto empleo que tiene. En ese corto espacio de tiempo conocerá la maldad del ser humano, aprovechando su inocencia y desconocimiento siendo robada o sufriendo un intento de estafa aunque también ayudada por desconocidos, mientras su monitora y su hermana intentan encontrarla.

Dirige Ben Lewin, director australiano cuya carrera no ha terminado nunca de despegar a pesar de haber tenido rostros conocidos en sus largometrajes como  Bob Hoskins, Judy Davis, Jeff Goldblum, William H. Macy o Helen Hunt. Y visto el trabajo de “Larga vida y prosperidad” (por cierto, estupendo título en español pues el original es “Please stand by”) queda claro que su mejor baza es la dirección de actores aunque su puesta en escena es eficaz pero sin demasiado riesgo. De hecho, en más de un momento recuerda a esas realizaciones de mediados y finales de los ochenta o principios de los noventa, lo cual no es ningún demérito. Quizás peque en más de un momento de sensiblera pero siempre han gustado estas búsquedas de uno mismo y más si son protagonizadas por seres especiales como sucedía con “Rain Man” o “Forrest Gump” aunque tanto la de Barry Levinson como la de Robert Zemeckis tenían unas ambiciones más elevadas que la modesta propuesta de Ben Lewin.

En lo que sí destaca es en la brillante actuación de Dakota Fanning, una actriz que de niña parecía que iba hacia un estrellato que ha quedado eclipsado con los años y con la presencia de su hermana menor Elle Fanning. A pesar de esa promesa incumplida, vemos gran potencial y si la suerte no le es esquiva acabará encontrando el papel que la consagre. Este de chica autista lo borda pero la falta de pretensión de la cinta lastra sus posibilidades. Además la compañía era inmejorable, pues Toni Colette vuelve a demostrar ser un seguro para el cine independiente o de terror. Quizás sean lo más destacable de una película sencilla que busca emocionar al espectador, en más de un momento lo consigue, y que se ve con agrado. No todo el cine debe ser una obra maestra.

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