25 años de Black tie, white noise de David Bowie

Publicado el 26/09/2018 | por Luis Cifer | Noticias, Opinión, Reviews

De todos los discos de David Bowie, a Black tie, white noise le tengo un cariño especial. No es que sea uno de sus mejores trabajos, sin ser malo, no está a la altura de Hunky Dory ni Ziggy Stardust, pero fue el primer disco suyo que disfruté cuando se lanzó. No lo descubrí años después de su lanzamiento, sino que lo viví siendo un adolescente y eso siempre marca.

Tras un declive en lo musical que se evidenció en trabajos como tan endebles como Tonight (1984), la banda sonora del film Laberinto (1986) o Never let me down (1987) David Bowie decidió retirarse de la primera líena por una temporada. Realmente Bowie no lanzaba un buen disco desde el ya lejano Scary Monsters (1981) y ya no era habitual de las listas de éxitos, había perdido su pegada comercial a la vez que ya no resultaba transgresor.  Se refugió en el formato de falso grupo con Tin machine (una especie de remedo de los Pixies comandados por Bowie) y decidió recoger beneficios con una gira de despedida de sus grandes éxitos (sound & visión tour, 1990). Interpretó a Poncio Pilatos en La última tentación de Cristo, hizo el tema Cool world del film de mismo título y en 1992 se casó con la modelo Imán. Parecía que Bowie había perdido el interés por la música, daba noticias pero nada realmente interesante a nivel musical. Fue en esta época en la que yo descubrí su discografía previa y esperaba un retorno por todo lo alto.

Al fin, en 1993 Bowie sorprende a propios y extraños anunciando el lanzamiento de un nuevo LP tras 6 años. El Brit pop había eclosionado y grupos como Pulp o Suede bebían bastante del legado de Bowie. Pero Bowie no parecía dispuesto a recuperar su propio pasado, algo a lo que había renunciado con Sound & Vision. ¿Por dónde irían los tiros? Bowie trabajó nuevamente con Nile Rodgers, con quien ya logró el mayor éxito comercial de su carrera en Let’s dance. Así pues, el disco tendría una clara orientación hacia la música de baile a la vez que los instrumentos de viento ganaban protagonismo. Para ello se recuperó al genial trompetista Lester Bowie (al cual no le unía ningún parentesco familiar) y a su antiguo colaborador Mick Ronson (de la época de The spiders from mars). Este disco fue lo último que grabó Ronson, quien murió de cáncer al poco tiempo.

El primer single fue Jump they say, una bailable canción cuya letra trataba sobre el suicidio del hermanastro de Bowie. Sonaba fresco y mucho mejor que en sus últimos discos en los ochenta, pero no iba más allá de Let’s dance ni tenía la pegada de aquel hit. El disco sonaba muy bien y la producción de Nile Rodgers era sensacional. Black tie, White noise hubiera sido un éxito en 1984, pero en 1993 sus discípulos le habían adelantado. Bowie ya no era el más moderno del mundillo musical pero tenía talento y clase de sobra. Es ahí donde Bowie demuestra que quien tuvo, retuvo. En las fotografías se muestra como todo un gentleman de traje, sombrero y cigarrillo en la mano. Como si de un moderno Frank Sinatra se tratara, Bowie se retrataba como un crooner amarrado a un micrófono de aire retro. Atrás quedaron el maquillaje, las lentejuelas y los excesos. Bowie proyecta la imagen de un aseado cantante de otra época. Nada andrógino ni provocador.

Las composiciones propias son de lo mejor de Bowie en desde Let’s dance, temas como You’ve been around, Black tie, White noise (el dueto con Al B. Sure! inspirado en las revueltas de L.A. de 1992) o Miracle goodnight nos traen a un Bowie que no toma riesgos, pero tampoco defrauda. Al menos, no suena a mero trámite como sus dos LPs anteriores. El resto del disco era un compendio de versiones ajenas y temas instrumentales. Puro relleno, pero de calidad. En el apartado de las versiones, Bowie ataca el I feel free de Cream de manera sorprendente así como hace suya el I know it’s gonna happen someday de Morrissey, curioso lo del ídolo que versiona a su fan. Y si de fans hablamos, Bowie siempre fue fan de Scott Walker y de ahí su cover de Nite Flights. Incluso se atreve con un par de instrumentales compuestos para su boda el año anterior (Pallas Athena y The wedding, quizás lo menos interesante del conjunto) y el sudoroso Jazz de Looking for Lester.

Tal era el ansia de los fans por este nuevo trabajo que fue directamente al número uno de las listas de ventas en UK, aunque luego se hundiera rápidamente. No hubo gira de apoyo del disco ni sus canciones formaron apenas parte del repertorio de Bowie en las giras posteriores. Al menos, Black tie, White noise nos devolvió a David Bowie al mercado discográfico. Fue un correcto disco de transición de una estrella del rock acomodada en sus laureles por demasiado tiempo y al que le empezaba a picar nuevamente el gusanillo por la música. Bowie retomó el gusto por el negocio musical y volvió a tener cosas que contar. Incluso lanzó ese mismo año 1993 la banda sonora de la miniserie de la BBC The Buddha of Suburbia. Lo de la experimentación vendría un par de años después en el excelente Oustside (1995).

Sobre el autor

Luis Cifer, nació en la ciudad del viento en el seno de una familia de joteros aunque nunca le interesó la Jota. Se dice que siempre viste negro, que Luis no es su nombre real, que no duerme apenas y que no sabe leer la hora. Otros dicen que tiene un trabajo decente e incluso que es padre de familia, pero no hay nada confirmado. También se le puede encontrar en su blog de cine.

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