Los hay buscando reconocimiento,
pero todo se reduce al hecho
de en qué has empleado tu vida.
Como cuando eras niño
y tu compañía no te era extraña,
construías una cabaña y observabas
a los insectos bullendo nacarados bajo la piedra.

Después alguien levantó la tuya
y en esa intemperie te agitabas nervioso.
Otra hoja se había unido al clamor del bosque
y arrancado,
te tambaleaste en el aire, cayendo
al silencio de la tierra.

 

 

 

Sobre El Autor

Melómano empedernido, me divierto traduciendo canciones y poesía. Me gusta escribir. Soy un eterno aprendiz y creo firmemente que todos tenemos el germen del arte en nuestro interior.

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