Crítica de la primera temporada de EL ALIENISTA

Publicado el 20/05/2018 | por José Luis Díez | Cine
Valoración
65

“El alienista” tiene el problema de coincidir en el tiempo con “Mindhunter”, con la que comparte buena parte de las ideas, ya que ambas tratan de profesionales que comienzan a estudiar a los primeros asesinos en serie. Unos pioneros que centran su atención en intentar comprender que piensan estos abyectos seres que ejecutan sin remordimiento marcados por traumas del pasado. Ambas están bien resueltas y despiertán interés, como suele ocurrir con las producciones de Netflix, pero la antes mencionada es superior y con más empaque que “El alienista”, con un tono oscuro y lúgubre donde el mal parece que va a triunfar, muy en la línea marcada por David Fincher, aunque “El alienista” tiene también un nombre de peso en la producción ejecutiva como es Cary Joji Fukunaga, director de esa “joya” que es la primera temporada de “True detective”, aunque aquí no dirige dejando esa labor a varios realizadores, con una puesta en escena que realza esa maldad que se respira, una fotografía que recuerda a “Alias Grace” en el tratamiento del color y algunas soluciones vistosas como el utilizar en montaje paralelo el llamar a dos casas distintas sin que el espectador lo sepa, como bien inventó Jonathan Demme en una de las impactantes secuencias finales de “El silencio de los corderos”.

La historia nos lleva al Nueva York de finales del siglo XIX, donde a los proto- psiquiatras que estudian los perfiles de los asesinos se les llama alienistas, ya que se cree que estas personas cometen sus atrocidades por tener el alma alienada. Esa división entre religión y ciencia que aquí intuimos pero de forma “blanca”, buscando que nadie se sienta ofendido. Sucede con casi todos los temas sociales que trata, sin ninguna ambigüedad moral, ya que los malos son machistas, mujeriegos, hipócritas y racistas, mientras que los buenos son luchadores incansables en pos de la justicia. Tenemos un inteligente médico de origen alemán con problemas de movilidad en una mano, un pintor que calma su soltería con prostitutas y alcohol, la secretaria del comisario en jefe con ambición de ser detective, a pesar de que no existan mujeres en ese cuerpo y un investigador judío y su ayudante que luchan contra el prejuicio a su condición. Todos ellos, con ayuda del jefe Theodore Roosevelt (que a pesar de que no se dice, intuyo que se trata del futuro presidente de los Estados Unidos, ya que por fechas y lugar coincide, además de que luchó contra la corrupción policial en el Nueva York de 1890) tratan de descubrir a un peligroso psicópata que asesina a niños travestidos de una forma horrible, eviscerándolos y sacándoles los ojos, en un “modus operandi” similar al de Jack “El Destripador” en el Londres victoriano, muy cercano en el tiempo. De hecho, la ambientación recuerda a ese periodo británico y el “Five Points” neoyorkino tiene un tanto del “Whitechapel” londinense, con sus fábricas, sus trabajadores y su pobreza que obliga a la población a prostituirse para sobrevivir ante una policía todavía sin especializar y que solo se necesita brutalidad para ingresar en el cuerpo, cosa que a raiz de estos tristes hechos empezó a cambiar con la creación de “Scotland Yard” en el Reino Unido.

Para esta entretenida primera temporada se ha contado con un reparto llamativo con grandes actores,rostros conocidos con los que es sencillo empatizar, comenzando con el alemán Daniel Brühl, cada vez más asentado en el panorama internacional, con estupendos prtagonistas como el Niki Lauda de “Rush”, tras su descubrimiento en la divertida cinta alemana “Goodbye Lenin”, Luke Evans, quien no termina de convertirse en estrella tras su Bardo en “El señor de los anillos”, y algún fracaso posterior como la mediocre precuela de “Drácula” y una Dakota Fanning, que no ha confirmado sus enorme proyección de adolescente y al que su hermana Elle ha eclipsado. Con todo, estos diez primeros episodios prometen más temporadas, visto el buen tono medio de esta inicial.

Sobre el autor

Cinéfilo y cinéfago, lector voraz, amante del rock y la ópera y ensayista y documentalista con escaso éxito que intenta exortizar sus demonios interiores en su blog personal su blog el curioso observador

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