Jack White: Boarding House Reach

Publicado el 31/03/2018 | por Luis Cifer | Grandes Discos, Noticias, Opinión, Reviews
Valoración
60

Nadie podrá de decir que a Jack White le falta ambición o se ha dormido en los laureles.

¿Qué le pasa a Jack White? ¿Se ha vuelto finalmente loco? Tras dos décadas de una actividad frenética plasmada en multitud de proyectos (The White stripes, Raconteurs, Dead Weather), 12 Grammys, colaboraciones con divas como Beyoncé o Alicia Keys, participar en un documental con The Edge y Jimmy Page, tener su propia compañía de discos (Third man records) y un par de excelentes discos en solitario, parece que, por fin, Jack White ha dado un paso en falso. Este Boarding House Reach supone su tercer disco publicado bajo su propio nombre y una de las desilusiones más grandes que el culo inquieto de White nos ha regalado jamás. Entiendo que White quisiera reinventarse tras haberlo logrado prácticamente todo en el mundillo del rock, pero este salto hacia el vacío ha acabado en un sonado batacazo. Tras agotar su inspiración en géneros como el blues, el country y el rock ahora White se ha centrado en el RnB, el funk y el hip hop. Algo muy loable pero que no ha acabado de cuajar. No nos engañemos, un disco en el colabora Jack White (aunque sea como batería) suena a Jack White, su personalidad lo inunda todo y acaba por eclipsar al resto de compañeros que participan en la grabación. Lo mismo ocurre en Boarding House Reach, es 100% Jack White, pero un Jack White más interesado en sorprender que en agradar o entregar buenas canciones. Una pena. Cierto que sorprende, pero para mal casi siempre. La reinvención no ha sido tal y más parece que las ideas empiezan a escasear peligrosamente. No voy a decir que estemos ante un mal trabajo, ni mucho menos, pero sí ante su obra menos inspirada. O quizás no sea la inspiración adecuada o la que yo hubiera esperado.

Da la impresión de que White se ha centrado en la experimentación y se ha olvidado de las canciones. El sonido sigue siendo espectacular y los músicos de sesión son para quitarse el sombrero, sin embargo algunas canciones no llevan a ningún lado. Son meros ejercicios de virtuosismo y estilo que el oyente no termina de entender. Me gusta mucho el inicio con Conected by love y Why walk a dog pero los 5 minutos largos de Corporation me acaban aburriendo. Mala cosa. Acto seguido, el interludio hablado de Abulia and Akrasia me confirma en un tedio impensable hasta ahora en un disco de este artista. La cosa mejora con la Hypermisophoniac (o ¿Jack White poseído por Prince?) pero ya no levanta cabeza. Seguimos con experimentación jazz/funk con la fallida Ice Station Zebra y me pregunto si al ser White el dueño de su compañía de discos nadie le habrá dicho que este material suena sin rumbo. Es como si las buenas ideas no hubieran sido procesadas y todo el disco fuera fruto de una larga improvisación. El riff de la excitante Over and over and over mola, White vuela libre haciendo lo que le da la gana, mezclando todo lo que le pasa por la cabeza. La cosa funciona y recupero la fe en este tipo a pesar de los inexplicables coros ralentizados (¿?). Everything You’ve Ever Learned y Ezmerelda Steals The Show son otras 2 boutades que el amigo White nos podría haber ahorrado. Tampoco es muy convencional Respect Commander. La experimentación no acaba aquí, amigos, White se pone en plan space psicodélico en Get in the mind shaft, un corte tan experimental como aburrido. Pero lo que no entiendo es el motivo por el que White acaba el disco con los dos cortes menos arriesgados What’s done is done (que podría haber estado en cualquiera de sus discos publicados hasta la fecha) y la jazzística Humoresque. Ahora lo veo claro, Jack White no se cree únicamente poseído por Prince, se cree también poseído por Miles Davis y Frank Zappa. Por eso huye hacia delante rompiendo todas las barreras posibles.

Desde luego, nadie podrá de decir que a Jack White le falta ambición o se ha dormido en los laureles. Pero quizás haya intentado abarcar demasiados estilos en un irregular disco que unas veces fascina y otras aburre. Quién sabe, quizás estemos ante un gran disco aunque no seamos capaces de valorarlo. El tiempo lo dirá.

Sobre el autor

Luis Cifer, nació en la ciudad del viento en el seno de una familia de joteros aunque nunca le interesó la Jota. Se dice que siempre viste negro, que Luis no es su nombre real, que no duerme apenas y que no sabe leer la hora. Otros dicen que tiene un trabajo decente e incluso que es padre de familia, pero no hay nada confirmado. También se le puede encontrar en su blog de cine.

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