Todos los años aparece entre la terna de los candidatos a los premios importantes alguna cinta, en principio menor, pero que con el aura de independencia y originalidad consigue unos réditos de mayor envergadura de lo que en principio el destino podía depararle.

Ha sucedido en el pasado con cintas como “Nomadland”, “Moonlight” o “Todo a la vez en todas partes”, las últimas producidas por toda una especialista en este terreno como es A24, productora a su vez de este “Marty Supreme”, la historia de un jugador de ping pong que vive al límite de la ley, con actitud “chulesca” y “bocazas” para perseguir sus sueños pues cree firmemente en el tenis de mesa como arte.
Dirige Joshua Safdie quien filmó hace unos años con A24 y Netflix la estimable “Diamantes en un bruto”. Con esta consigue un brillante ejercicio de estilo donde como se cuenta es superior a lo que se cuenta pues el argumento no debería interesar a casi nadie pero el guion de Ronald Bronstein y el propio Safdie logra profundidad en los protagonistas aunque ninguno resulte simpático pues en el fondo sacan a relucir las miserias humanas. Sin embargo, tampoco son desagradables ni todas sus conductas son de villano. Algo donde tiene bastante que ver las interpretaciones donde brilla el elenco tanto secundarios como Odessa Azion, Kevin O’ Leary o el antaño magnífico director de cine Abel Ferrara, como los protagonistas Gwyneth Paltrow y, sobre todo, un grandísimo Thimotée Chalamet en uno de los mejores papeles de su carrera.
Su otro “punto fuerte” es el ritmo frenético que dota Safdie a su obra, con una edición sensacional con la que genera interés en el espectador a pesar de mostrar un universo lejano a la gran mayoría del público. Algo complicado, estimable y de alabar el montaje de Ronald Bronstein y Joshua Safdie, mejor que el “libreto”.
Y en el envite de la dirección, Safdie tampoco sale mal parado logrando una película “resultona”, entretenida y a la altura de “Diamantes en bruto” (incluso superior). Su puesta en escena es la correcta, cimentando su éxito en el ritmo antes descrito y una ambientación correcta, aderezada con una buena banda sonora, con una correcta música original de Daniel Lopatin que queda eclipsada por la brillante selección de canciones.
Es lógico pensar que ese déficit argumental le pese para confirmar sus expectativas en la temporada de premios pero “Marty Supreme” es un entretenido largometraje independiente, con sello de autor pero sin dejar de ser comercial. Quizás su metraje sea excesivo pero es una buena elección para disfrutar de una tarde de cine.


















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