Al este del Edén

Como adaptación canónica de Al este del Edén tenemos la versión de los cincuenta de Elia Kazan, con uno de los grandes papeles protagonistas de James Dean. Lo curioso es que la película solo adapta la cuarta parte de la inmortal novela de John Steinbeck, aquella en la que los hijos intentan contactar con su malvada madre.

Ahora, de la mano de la nieta del director original, Zoe Kazan, nos llega esta estupenda serie que narra toda la trama del libro de Steinbeck, permitiéndonos ampliar y comprender mejor el periplo autodestructivo de los hermanos por culpa de una misma mujer. Una pérfida criatura que, mediante sus encantos, destruye la vida de su marido, de sus hijos y de todo aquel que se interponga en su camino. Una psicópata de manual, carente de empatía y capaz de utilizar cualquier método para conseguir lo que anhela. Y es que no veíamos a nadie tan malvado desde la Gene Tierney de Que el cielo la juzgue, de John M. Stahl.

Un tema poco tratado en el cine, el de la psicopatía femenina, que normalmente se enfoca desde la maternidad o el sexo —con pocas excepciones, como la reciente Titane, de Julia Ducournau— y en el que no es necesario matar a nadie para doblegar la voluntad de los demás y alcanzar unos espurios objetivos. Ahí tenemos a la marquesa de Merteuil de Las amistades peligrosas.

Para mantener esa tensión y el odio hacia el personaje se necesita una actriz capacitada y, si en la versión de 1955 Jo Van Fleet encarnaba a la perfección a esa terrible mujer, en este 2026 Florence Pugh borda su carismática villana. Van Fleet ganó todos los premios por su papel, algo que también merecería con creces Pugh por esta magnífica encarnación del mal. No es la primera vez que interpreta un personaje de estas características, pues recordemos que su salto a la fama llegó con la estupenda Lady Macbeth, de William Oldroyd, un papel con el que este guarda no pocos paralelismos, tanto por sus gestos y expresiones como por su manera de acometer el personaje y la utilización del sexo. Tampoco se escatiman desnudos que ejemplifican su natural forma de manipular.

Es por ello que el resto del reparto, aunque cumple sin problemas con su cometido, queda eclipsado por Florence Pugh. Pero no es desdeñable la labor de Christopher Abbott, Mike Faist, Joe Anders, Zoe Phillips, Hoon Lee o Martha Plimpton, entre los secundarios más destacados. Todos tienen entidad, merced al buen guion de Zoe Kazan, lleno de tensión y que solventa la compleja labor de llevar a la pantalla una novela-río tan mítica.

Además, el aspecto técnico está a la altura, con una ambientación cuidada, una magnífica fotografía de Stuart Dryburgh y Sam Chiplin y una banda sonora de Laura Karpman. Todo ello bajo la batuta de dos buenos realizadores como Garth Davis y Laure de Clermont-Tonnerre, que elevan el nivel del conjunto y consiguen que estemos ante uno de los mejores productos de Netflix de esta temporada.