Carrie

Sin duda, el nombre de Mike Flanagan es uno de los más importantes dentro del cine de género, tanto en la gran como en la pequeña pantalla. Títulos como Doctor Sueño, El juego de Gerald o una de las mejores películas del año pasado, La vida de Chuck, en el terreno del largometraje, y La maldición de Hill House o Misa de medianoche, en formato televisivo, lo encumbran como todo un especialista.

De nuevo, regresa al mundo de las series, tras El hundimiento de la casa Usher, con Carrie, una nueva propuesta basada en el libro de Stephen King, de cuya obra se ha convertido en uno de los mayores especialistas. Y, como en casi toda su filmografía reciente, parte de un relato terrorífico que acaba llevando a su terreno dramático. Carrie no es ni mucho menos perfecta, pero está claro que buena parte de las constantes de su manera de entender el séptimo arte están presentes. La historia es de sobra conocida por el espectador más veterano, pero en esta versión se intenta llegar al público joven y adolescente. De nuevo tenemos los problemas del bullying y su posterior venganza, pero la humillación no termina con el propio acto, pues aquí nada puede olvidarse al quedar grabado para siempre y difundido en las redes sociales. Eso aumenta el odio que va acumulando Carrie White hasta estallar en la fiesta de graduación.

Más dudas suscitan las entidades que, de manera nada metafórica, empujan a la inocente alumna hacia el lado oscuro y que parecen mitigar en cierta medida la culpa y responsabilidad por sus actos. También resulta discutible el tratamiento de la madre, que deja de ser una integrista religiosa para la que todo es pecado —incluida su propia hija— y cuya faceta protectora se vuelve cada vez más tóxica en la relación con su retoño, aunque ella solo desee cuidarla y ofrecerle lo mejor.

Luces y sombras en un guion que, aun así, está bien fundamentado hasta su desenlace, donde la historia naufraga al convertir a la niña en una especie de superheroína villana, un híbrido entre los personajes de The Boys y los X-Men, capitaneados por Magneto, con poderes de telequinesis y piroquinesis.

Sí está bien realizada la serie en su aspecto técnico, que resulta irreprochable. Summer H. Howell funciona como protagonista, aunque Samantha Sloyan la eclipsa interpretando a su madre. También tenemos secundarios creíbles, como la villana Amber Midthunder o la antigua aspirante a estrella Heather Graham, dentro de un reparto eminentemente femenino en el que los personajes masculinos tienen escasa relevancia.

A pesar de sus aciertos, queda lejos de lo logrado por Brian De Palma en los setenta, en la que todavía es su adaptación canónica. Esta nueva versión se situaría tras ella, mejorando las otras dos, pero parece que Flanagan desea ampliar el producto con más temporadas, aunque no esperamos que consiga superar lo ofrecido en esta nueva apuesta de Prime Video. Pocos podrían lograrlo en la actualidad; uno de ellos es, precisamente, Mike Flanagan.