Me acaban de proponer la traducción de este complejo poema de Dylan Thomas. Ya que utiliza palabras en inglés que no tienen su correspondencia en español y hay que tirar de imaginación e instinto poético.

Es un bellísimo poema que habla de una mujer, al parecer amante, a la que nuestro poeta escribe después de muerta.

 

The force that through the green fuse drives the flower

The force that through the green fuse drives the flower
Drives my green age; that blasts the roots of trees
Is my destroyer.
And I am dumb to tell the crooked rose
My youth is bent by the same wintry fever.

The force that drives the water through the rocks
Drives my red blood; that dries the mouthing streams
Turns mine to wax.
And I am dumb to mouth unto my veins
How at the mountain spring the same mouth sucks.

The hand that whirls the water in the pool
Stirs the quicksand; that ropes the blowing wind
Hauls my shroud sail.
And I am dumb to tell the hanging man
How of my clay is made the hangman’s lime.

The lips of time leech to the fountain head;
Love drips and gathers, but the fallen blood
Shall calm her sores.
And I am dumb to tell a weather’s wind
How time has ticked a heaven round the stars.

And I am dumb to tell the lover’s tomb
How at my sheet goes the same crooked worm.

 

 

La fuerza que por el verde fuselaje impulsa la flor

La fuerza que por el verde fuselaje impulsa la flor
dirige mi verde edad; la que amustia las raíces de los árboles.
Es mi destructora.
Y estoy mudo para contarle a la encorvada rosa
que mi juventud es doblegada por la misma fiebre invernal.

La fuerza que conduce el agua a través de las rocas
dirige mi roja sangre; la que seca los desembocantes arroyos
convierte el mío en cera.
Y enmudezco desde la boca hasta mis venas
cuando del manantial de la montaña la misma boca mama.

La mano que arremolina el agua en el estanque
revuelve en el fondo arenoso; la que amarra el viento que sopla
y tira de la vela de mi mortaja.
Y yo estoy mudo para decirle al ahorcado
cómo de mi arcilla se hace el barro del verdugo.

Los labios del tiempo chupan de lo más alto de la fuente.
El amor gotea y se acumula, pero la sangre derramada
calmará sus llagas.
Y yo estoy mudo para contarle al vendaval
cómo el tiempo ha marcado un cielo alrededor de las estrellas.

Y estoy mudo para decirle a la tumba de la amante
cómo por mi sábana pasa el mismo sucio gusano.

 

 

En colaboración con Narciso de Alfonso

 

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