El poema de hoy se titula El gusano conquistador. Un poema que es uno de los más conocidos de Edgar Allan Poe y que he puesto aquí por al inquietud que suscita al leerlo. Una representación metafísica de una obra de teatro. La obra de teatro que es la vida misma.

 

 

The Conqueror Worm

 

Lo! ’t is a gala night
Within the lonesome latter years!
An angel throng, bewinged, bedight
In veils, and drowned in tears,
Sit in a theatre, to see
A play of hopes and fears,
While the orchestra breathes fitfully
The music of the spheres.

Mimes, in the form of God on high,
Mutter and mumble low,
And hither and thither fly—
Mere puppets they, who come and go
At bidding of vast formless things
That shift the scenery to and fro,
Flapping from out their Condor wings
Invisible Wo!

That motley drama—oh, be sure
It shall not be forgot!
With its Phantom chased for evermore
By a crowd that seize it not,
Through a circle that ever returneth in
To the self-same spot,
And much of Madness, and more of Sin,
And Horror the soul of the plot.

But see, amid the mimic rout,
A crawling shape intrude!
A blood-red thing that writhes from out
The scenic solitude!
It writhes!—it writhes!—with mortal pangs
The mimes become its food,
And seraphs sob at vermin fangs
In human gore imbued.

Out—out are the lights—out all!
And, over each quivering form,
The curtain, a funeral pall,
Comes down with the rush of a storm,
While the angels, all pallid and wan,
Uprising, unveiling, affirm
That the play is the tragedy, “Man,”
And its hero, the Conqueror Worm.

 

 

El gusano conquistador

 

¡Ved! ¡Es noche de gala
en los solitarios últimos años!
Una multitud de ángeles, alados, adornados
con velos, y ahogados en lágrimas
sentados en un teatro, para ver
una obra de esperanzas y miedos,
mientras la orquesta sopla a intervalos
la música de las esferas.

Mimos, con la apariencia de Dios en las alturas,
hablando entre dientes bajito,
y de aquí para allá volando—
Meros títeres ellos, que vienen y van
a requerimiento de infinidad de criaturas sin forma
que desplazan el escenario de un lado a otro,
aleteando con sus alas de Condor
invisibles ¡Wow!

Este drama variopinto— oh ¡esté seguro
que no lo olvidará!
Tienen su Fantasma perseguido eternamente
por una multitud que no se apodera de él,
a causa de un círculo que siempre vuelve
al mismo punto,
a la vez que tanta Locura, y más Pecado
y más Horror el alma del complot.

Sin embargo mira, entre la derrota mímica,
¡una escurridiza figura entrometiéndose!
¡Una criatura rojo intenso que se retuerce desde fuera
de la escénica soledad!
¡Se retuerce!— ¡Se retuerce!— Con mortales espasmos
los mimos se convierten en su alimento,
y los serafines sollozan por los colmillos de la alimaña
en sangre humana impregnados.

Afuera— fuera están las luces – ¡totalmente fuera!
y,  por encima de cada temblorosa forma,
el telón, un paño mortuorio,
desciende con la urgencia de una tormenta,
mientras los ángeles, igual de pálidos y tristes,
rebelándose, divulgándolo, afirman
que esa obra es la tragedia, “Hombre”,
y su héroe, el Gusano Conquistador.

 

 

 

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