La primera temporada de “True detective” se convertía en uno de los mayores hitos de la televisión y uno de los clásicos de HBO, a la altura de “Los Soprano”, “A dos metros bajo tierra” o “Juego de tronos”. Una investigación sobre un sórdido caso por dos policías, en principio incompatibles pero que acababan rsultando complementarios. Y donde la dramaturgia del “libreto” era de una brillantez extrema. Todo narrado con precisión de cirujano por el escritor y guionista Nic Pizzolatto que tras unas novelas con mediano éxito y la serie “The killing” se convertía en el autor de moda en Hollywood. Tras esa apoteosis llegaba una segunda temporada que fue vapuleada por la crítica aunque nos parece infravalorada, pues el caso llevado por Colin Farrell y Rachel Mc Adams y el “gangster” filósofo de Vince Vaughn daban cierto juego y algunos momentos magistrales.

Nota: 75

En esta tercera han decidido continuar el estilo de su primera y no es necesario indagar demasiado pues las similitudes son evidentes. Volvemos a la pareja de detectives con pocos puntos en común, cambiando a Mathew Mc Conaughey y Woody Harrelson por Mahershala Ali y Stephen Dorff. Dos personas que deben resolver otra extraña desaparición (en este caso unos niños) y, como sucedía en la original, se intercalan distintas líneas temporales, primero cuando ocurre en suceso en 1980 (el día que murió Steve Mc Queen), luego diez años después y por último en la actualidad. Una estructura narrativa compleja pero llevada con ritmo, vigor y un tono digno de encomio. El encargado de la dirección de los ocho episodios es Jeremy Saulnier, un talento proveniente del cine independiente con dos estupendas películas que mezclaban el suspense, el terror y la acción como “Blue ruin” y “Green room”. Un perfecto encargado pues “True detective” se apoya en los diálogos pero también en ese tono que fluctúa entre el policíaco y el horror. Y en este juego de falsos culpables, pruebas falsas y una atmósfera inquietante, esa América rural con bosques que parecen sacados de un cuento gótico y una población que transita entre el miedo, la desconfianza y la ignorancia. Algunas secuencias son memorables como la batalla en la casa de uno de los sospechosos, armado con un arsenal. Nos tememos que como sucedió con Cary Joji Fukunaga, Saulnier ha conseguido su “espaldarazo” definitivo en el cine.

Sobre el guion no se puede decir nada malo, sus diálogos llegan a extremos nunca vistos en la pequeña pantalla, evitando los “lugares comunes” y tomando la investigación como excuso para hablarnos de la condición humana. Si en la primera todo servía para explicar la importancia de no quedarse solo en la vida: tener familia, amigos… En esta toda el argumento gira en torno a la fragilidad de la memoria. De hecho, el caso es resuelto en la vejez cuando uno de los policías tiene un avanzado estado de senilidad, tomando como coartada una entrevista que le está realizando una periodista que ofrece unas nuevas evidencias, tan erradas como al comienzo del caso en 1980 y la posterior reapertura en los noventa.

Y ahí emerge la figura de Mahershala Ali, que crea tres caracterizaciones diametralmente opuestas. Primero la terrible juventud que por cierto ego acaba siendo defenestrado en la comisaría, la madurez donde encuentra esa segunda oportunidad aunque su matrimonio pase un bache y de anciano donde se intenta no cometer los errores del pasado y ese vigor antiguo se convierte en temor y debilidad. Ali demuestra el por qué es de los actores más brillantes de su generación y no es necesario el maquillaje y la peluquería (por otro lado formidable) para saber en que momento temporal se encuentran. Solo su aparición sabemos quien es, cosa que llevó al límite Jeremy Irons en su glorioso doble papel de “Inseparables”, esa joya de David Cronenberg donde con solo abrir una puerta y ver la cara se sabía que gemelo era. Le acompaña un Stephen Dorff, un mediocre actor pero que resulta convincente como el rudo compañero.  Carmen Ejogo es la esposa de Ali y funciona a la perfección en su rol, tanto como en sus papeles en la fallida “Alien: Covenant” o en sus coprotagonista en la nueva saga de J.K. Rowling “Animales fantásticos”. Mención también para la hipnótica Sarah Gadon, popularizada por David Cronenberg y fascinante tanto en “Enemy” de Denis Villenauve o en la miniserie “Alias Grace”.

Reparto convincente, guion sobresaliente, dirección notable y una atmósfera eficaz que nos sitúa en el centro de un laberinto, una tierra de pesadilla que parece sacada de una malvada ensoñación. Eso es esta tercera temporada de “True detective”, serie creada para trascender y que han decidido volver a sus orígenes. Imagino que si no existiese ese primer y atroz investigación estaríamos hablando de una maravilla televisiva. Al existir esa primera historia podemos hablar de una de las mejores series del 2019 (seguro) y una recomendación segura. Y con un último plano que seguro va a crear controversia.

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.