Tal como informan desde Background Noise:
La electricidad volvió en cuanto volcó el reloj de arena. El tiempo no ha disminuido la fuerza de la luz. El grupo de heavy metal Latzen de Oñati ha retomado su andadura en el lugar que lo habían dejado. Han renovado el cuarteto y revitalizado la propuesta con ideas del pasado, recursos actuales e ilusiones de futuro. Fruto de ello es el tercer disco Denboraren orbainak (Cicatrices del tiempo): cuidado, maduro y variado.
Han presentado diez nuevas canciones, después de 27 largos años. Sirve para entender lo que fue Latzen y lo es ahora, a través de la conexión natural entre ambos. Han mantenido el mismo carácter, pero con más experiencia para ralentizar y acelerar la velocidad. Así son las cicatrices del tiempo, dispuestas a dejar huella.
Muestra de su esencia más heavy son el inicio (Txori txarrak) y el final (Zilarrezko kaiola), pero no los únicos (Txarriboda). También hay piezas pausadas de corte thrash (Memento mori, Dogma), para un público más amplio (Eutsi!, Heroi direnak, Arnasbideak), un pasaje instrumental (Denboraren orbainak) y una de las canciones más sentidas creadas hasta ahora (Zauria).

Desde enero están haciendo gira por Euskal Herria y por otras zonas del estado, agotando entradas. Además actuarán en algunos de los más grandes festivales de rock del estado.
Entradas aquí.
Recientemente han lanzado el single del tema que abre el disco «Txori Txarrak»
Dicen que los antiguos leían el destino en las alas de los pájaros. Que de ese vuelo nació el deseo de Zorionak (Txori onak), buscando el favor de las aves de buen agüero. Pero hoy, el cielo se ha vuelto de plomo.
En esta canción, el oráculo se tuerce. Ya no hay pájaros buenos que traigan fortuna; solo quedan los Txori Txarrak, mensajeros de la desdicha que anuncian el naufragio. Mientras el Hego Haizea —ese viento sur que arrastra la locura— golpea nuestras sienes, se confunde con el Ego Haizea: ráfagas de vanidad y soberbia que terminan por apagar cualquier rastro de luz.



















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