Fauda (5ª temporada)

Interesante giro argumental el que ha dado Fauda en esta quinta temporada. Una serie de gran calado en Oriente Medio, merced a su cierta equidistancia sobre el conflicto entre hebreos y árabes, ya que ninguno de ellos era del todo bueno o malo, sin justificar sus acciones, pero sí intentando entender ambas partes.

Pero, tras unos años de silencio, el serial se retoma con unos personajes marcados por la tragedia del 7 de octubre, cuando combatientes de Hamás irrumpieron en territorio israelí con un resultado letal de secuestros, violaciones y muertes de civiles. Un acto deplorable que parece haber sido olvidado en Occidente, comenzando una ola de propaganda brutal tras la respuesta del Gobierno de Jerusalén. Ya se sabe que la primera víctima de la guerra es la verdad.

La serie de Lior Raz y Avi Issacharoff nos muestra a un país marcado por el mayor ataque a su población desde el Holocausto nazi, con personas afectadas por las secuelas de tamaño atentado. Brutales, como muestra de lo vivido aquel día, son los episodios séptimo y octavo, una recreación de lo sucedido desde diferentes puntos de vista y que nos debería hacer reflexionar. Sin embargo, estos dos capítulos son un interludio de la trama principal, donde el equipo deberá viajar a Marsella en busca de los responsables de la masacre, basándose en la antigua ley de la venganza de sangre (T’har). De allí, la acción vuelve a emprender un periplo hasta Israel, donde los terroristas intentan perpetrar otra matanza en un día especial.

Interesante es el personaje de Melanie Laurent, cuando la serie se pregunta: ¿qué hace una rubia francesa católica de clase media alta en tan turbio asunto? En este caso, se trata del amor hacia alguien que no es quien dice ser. Pero ya sabemos que una parte del ejército del llamado Estado Islámico estaba formada por combatientes extranjeros. La mayoría eran musulmanes, pero también existían revolucionarios conversos, odiadores de su propia cultura y, sobre todo, de Israel. También se narran los vínculos entre Hamás y la Yihad, así como la oscura financiación en Europa gracias a opacas ONG y negocios que parece que nadie investiga, pues recordemos que uno de los puntos de mayor calado entre sus seguidores es el carácter asistencial de estos grupos insurgentes.

Fauda sigue siendo uno de los mejores ejemplos de un audiovisual que combina acción y política. Brutal el guion de Omri Shenhar, reescrito en su totalidad, y muy buena la puesta en escena de Omri Givon, que mantiene el pulso narrativo en todo momento, obligando al retirado equipo a regresar a su unidad. Y, en esa tesitura entre la culpa y la obligación, tenemos a un reparto ya conocido, encabezado por Lior Raz, Yaakov Zada Daniel, Doron Ben-David e Itzik Cohen, al que se suma Melanie Laurent con un personaje de múltiples aristas. Eso sí, ahora existe una mayor diferencia entre los buenos —los israelíes— y los villanos —los terroristas de Hamás—, pero no está tratado con maniqueísmo.

Un brillante ejercicio que devuelve a Fauda a los límites de excelencia de sus dos primeras temporadas, tras el menor recorrido de la tercera y la cuarta.