1992. Sinéad O’connor es una joven cantante irlandesa que se ha convertido en estrella con apenas 20 años. Grammys, números 1 y ventas millonarias. Pero Sinéad O’connor no le ve el sentido a todo ello. Sólo quiere usar su prodigiosa voz para denunciar las injusticias de este mundo. Sinéad O’connor es especialmente sensible a los abusos infantiles. Tras una primera canción en directo en el Saturday Night live que es muy celebrada por la audiencia, Sinéad tiene un as en la manga. Canta a capella el tema WAR de Bob Marley y muestra una foto del Papa Juan Pablo II cuando la letra (en realidad un discurso) nombra a EL MAL. Acto seguido rompe el retrato del Papa (que ha estado colgado en la habituación de su madre durante años) al grito de «LUCHA CONTRA EL VERDADERO ENEMIGO«. Silencio en el plató y la América blanca se tiró a la yugular de la irlandesa calva. Sinéad denunciaba los centenares de abusos sexuales dentro de la iglesia católica que el Papa Juan Pablo II había estado tapando sistemáticamente. Nadie la creyó en su momento.
Unos meses después es invitada al homenaje a Bob Dylan por su 50 aniversario, cuando sube al escenario del Madison Square Garden de Nueva York, el público la abuchea de forma atronadora. Sinéad se niega a cantar el tema que estaba previsto y repite WAR. Se había convertido en una paria y prácticamente nadie la apoyó en público. Se podría decir que ese acto de rebeldía acabó con su carrera, aunque para ella fue el inicio.
Poseedora de una de las mejores y más sensibles voces de la historia de la música, Sinéad O’connor nunca quiso ser una estrella del pop. Nunca quiso ser la voz de otros ni un modelo a seguir. Como ella misma se define: siempre ha sido un alma problemática que necesitaba gritar. Ya desde su impactante imagen con el pelo al cero, estaba claro que la cantante irlandesa nunca se sintió a gusto en el star system.
En su autobiogrfía «Remembranzas. Escenas de una vida complicada” Sinéad O’connor cuenta su verdad, sin tapujos ni paños calientes. Su verdad incluye las palizas que recibía de su madre, su creencia en los ángeles guardianes, su pasión por la cultura Rastafari, su famosa actuación en el SNL, la bronca en el homenaje a Bob Dylan, su afición por la cábala , su conversión al Islam así como sus múltiples problemas mentales y de nutrición. Casi nada. No estamos ante un trabajo riguroso de documentación, a veces Sinéad salta de un tema a otro sin ningún orden y hay unos 13 años (1992-2005) de los que no habla. Tras tener buena parte del libro escrito, tocó fondo física y psicológicamente por lo que el repaso de esos años se vio seriamente afectado, dando la sensación de trabajo a medio terminar. Este libro es SU verdad. Una verdad caótica y dolorosa en muchas ocasiones pero siempre valiente. Eso nadie puede negárselo.
Sinéad O’connor fue valiente cuando se enfrentó al star system y denunció los abusos a niños por parte de sacerdotes católicos que la iglesia estaba tapando. Treinta años después habría que reconocerle algo de razón a Sinéad. Pero es cierto que sus métodos y sus reacciones, ella misma lo admite, no son siempre los más convenientes para sí misma. Reconozco que el pasaje de su cita con Prince me resultó de lo más bizarro. No olvidemos que Prince fue el compositor de Nothing compares 2 U, aunque nunca dio su permiso explícito para que O’connor la versionara. Del encuentro entre dos personalidades tan opuestas solamente podía salir algo maravilloso o un desastre. Salió lo segundo.
La música es una pieza clave de su vida, por supuesto, pero no menos que Dios o su familia. Sinéad O’connor hace un repaso por su discografía y no le duelen prendas en reconocer que algún LP lo grabó sin ningún interés o que fue obligada por la compañía a incluir algún tema que ella odiaba. También habla sin tapujos de las giras, las grabaciones, el proceso de composición y todo lo que rodea al mundillo musical y sus gentes. Siempre desde su perspectiva y repleto de detalles que difícilmente encontramos en las biografías habituales. Por cierto, hecho de menos que hable de su relación con Bono (con quien colaboró en la banda sonora de En el nombre del padre ) y sus U2 (con los que grabó I’m not your baby). Nada de ello se cita.
Si eres de los que piensan que la gran revolución femenina de la música en los 80 y 90 vino de la mano de Madonna por mostrar su sexualidad a base de corsés y llevarse la mano a la entrepierna, deberías leer este libro. Mientras Madonna mostraba algo tan trivial como su sexualidad, Sinéad O’connor mostraba algo mucho más íntimo: su vulnerabilidad.
«Remembranzas. Escenas de una vida complicada” es la singular introspección de un artista tan compleja como necesaria.
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