
Shiny and Oh So Bright contiene 8 cortes y dura 32 minutos, se hace corto y sabe a poco. Si nos centramos en las canciones, encontramos un prometedor inicio con la melosa Knights of Malta, que huye de los furiosos sonidos de apertura habituales para acercarnos a texturas gospel gracias a unos acertados coros femeninos. El remanso continúa con Silvery sometimes (Ghost), el típico tiempo medio del grupo que nos recuerda a temas del pasado como 1979. Mala cosa. Finalmente hacen su aparición las guitarras en Travels y nos damos cuenta que este disco no nos va a aportar nada nuevo al muestrario del grupo. Así lo confirma Alienation, uno de los temas más flojos de Corgan. Solara sí enseña los dientes, pero no muerde como antaño. Tampoco lo hacen Seek And You Shall Destroy, Marchin’ on ni With Sympathy, buenos temas que sin embargo no están a la altura de lo esperado. Billy Corgan sigue facturando estimables gemas de buen pop y momentos rockeros, pero nada que no hubiéramos oído antes y mejor. Y así llegamos al final de un disco breve y correcto, nada más. No hay riesgo ni experimentación por ningún sitio, quizás Corgan se lo guarde para el vol 2. Al menos, la personalísima voz de Corgan no ha perdido brío a sus 51 años (al menos en disco, que el directo es harina de otro costal). Pero la sensación final es de decepción, puede que fuera cosa mía y tuviera demasiadas esperanzas puestas en este LP.
Los que busquen a los mejores Smashing del pasado no los van a encontrar aquí. Más que un LP al uso, este disco parece una colección de canciones sin demasiada cohesión entre ellas y empaquetadas juntas en base a los indescifrables deseos del señor Corgan. Algo que ya se notaba en otros discos recientes del grupo pero en este se hace más evidente todavía. Además, no destila la energía ni la inmediatez de Monuments to an elegy (2014), la experimentación de Oceania (2012), ni la mala baba del denostado Zeitgeist. Ni que decir tiene que, sin ser un mal disco, Shiny and Oh So Bright, Vol 1 decepciona si se compara con sus trabajos de los 90.
Me duele decirlo, pero con Smashing Pumpkins ocurre lo mismo que con otros grupos de mi juventud como U2, Depeche mode o The Cure: quizás deberían plantearse eso de la retirada a tiempo antes de parecer un pálido calco de sí mismos.















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