Fue aquel revival generalizado poe Europe a principios de este siglo, ese ejercicio de reden comunitario en el que tanto nos vimos de un modo u otro implicados, lo que cruzó en mi camino a Mickael Erlandsson, quien en aquellos días daba vida a Last Autumn’s Dream donde compartía historia musical con Ian Haughland, Mic Michaeli y Jon Leven. Luego por aquella perfecta máquina engrasada de componer ese hard melódico fronterizo con el a.o.r. -o viceversa, que también me serviría para el caso- pasaron músicos reconocidos del género como Jamie Borger de Treat o Marcel Jacob (Talisman, Yngwie). A partir de ahí, Erlandsson, además de haber formado parte de una de mis debilidades reconocidas, Phenomena o Radioactive. Mientras tanto, en 2018 LAD se extinguía y nacía Autumn’s Child que con este “Melody Lane” cuenta ya con seis discos en su haber.

Aquí no hay sorpresas si sabes de que pie cojea Erlandsson. El sueco gusta de derrochar melodías e incorporar el músculo necesario solamente cuando la ejecución musical lo requiere. Junto a Erlandsson figuran en este “Melody lane” Pontus Åkesson, Clars Andreasson, Magnus Rosén y Rickard Johnsson, dando forma y sentido a un fantástico disco en el que despliegan sus armas a conciencia para hacer las delicias de cualquier fantástico disco en del género que se precie. La voz de Erlandsson toma y asume protagonismo como es de esperar aunque no nos llevemos a engaños, que si algo siempre ha sabido el vocalista sueco es hacer primar el conjunto, que para presumir de palmito siempre tendrá sus discos en solitario. También es remarcable como junto a Åkesson saben meter potencia a través de las guitarras en canciones como “Heartbreak boulevard” o “Headlines”.
Siendo, y no me escondo, las canciones más musculosas las que siempre me terminan calando más hondo, “Melody Lane” posee fabulosas composiciones que conviven entre el hard melódico y el aor como “Fight to love again” o “Rock of empathy”. Eso si, siendo como es un disco buenísimo, para mi gusto -e incido en ello- por ejemplo una canción como “Lovesong” no termina de convencerme lo que supone una pequeña mancha en tan inmaculado historial siendo consciente de que si eres fan del west coast y estas movidas igual te resulta apreciativo pero… en definitiva, otro disco a un gran nivel de los terrenos más melódicos del hard rock que nos topamos en 2026



















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