“El Joven Sherlock” sigue la estela de otros productos, más o menos recientes, que convierten al celebérrimo detective de Baker Street en un adolescente o universitario capacitado y que demostrará sus dotes de ingenio desde esa pubertad.

Filmes que ahondaban en la figura de Sherlock Holmes en forma de loa como en la estimable y ochentera “El secreto de la pirámide” de Barry Levinson o desmitificadora como las dos partes de “Enola Holmes”. Esta se encuentra a medio camino de ambas pues pondera a su protagonista pero no siempre sale bien parado.
No es la única referencia obvia pues podría servir de precuela o antecedente a las dos películas de “Sherlock Holmes” de Guy Ritchie. De hecho, el director británico es responsable en la producción y realizador de los dos primeros episodios, con probabilidad los mejores pues el principal hándicap de la serie es que parece dividida en dos: una primera parte brillante que bebe del espíritu de las novelas de Arthur Conan Doyle aunque pasado por el tamiz actual como en la extraordinaria serie “Sherlock” (la de Benedict Cumberbatch) y una segunda menos interesante donde se mezcla una inverosímil trama familiar que se aleja del modelo original para transitar por la acción más previsible.
Y es una lástima pues la investigación inicial es divertidísima, con Sherlock acompañado de Moriarty buscando resolver un caso en la Universidad de Oxford, con la inestimable colaboración de su hermano Mycroft. En medio, una trama internacional con una supuesta princesa china, el rector de la Universidad y unos científicos asesinados e involucrados en un misterioso agente tóxico. A continuación todo el embrollo casi se olvida para conocer los trapos sucios que involucran a los progenitores de la familia Holmes.
Una irregularidad que lastra el resultado final aunque deja espacio para una continuación, con cabos abiertos como la enemistad de los dos amigos que les llevará a ser la némesis de cada uno. Veremos por donde avanza el segundo caso.
Además de Ritchie varios nombres conocidos entre los secundarios como Colin Firth, Natasha Mc Elhone o Joseph Fiennes y apellidos de lustre entre los principales como Hero Fiennes Tiffin como Sherlock o Max Irons como Mycroft. También destacar el Moriarty de Donal Finn o Zine Tseng, junto a una estupenda ambientación, tanto la británica como la española (buena parte de la segunda tanda de capítulos rodados entre las provincias de Sevilla y Cádiz) simulando París o Estambul.
Un entretenimiento que comienza poderoso pero va perdiendo fuerza según varía la historia principal para desarrollar otro guion que navega por mares más calmados y con menor riesgo.



















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