De los Pink Tones ya se ha dicho todo: son, posiblemente, la mejor banda tributo a Pink Floyd que uno se puede encontrar. Conciertos de tres horas, repertorio variado, recreaciones fieles y nada de escatimar en recursos. Anoche en La Riviera poco había cambiado desde la última vez que los vi: tres horas de concierto, clásicos floydianos y algunos temas más atípicos. Sin embargo, hubo algo atípico, y es que interpretaron el Wish You Were Here de cabo a rabo.
Comenzaron puntuales pero flojos. El sonido fue bastante difuso e injusto con las interpretaciones de «One Of These Days» y «Time». Un importante desbarajuste en la mezcla, amén de un volumen bajo. No obstante, para cuando sonó «Dogs», la primera que enganchó al público y que despertó ovaciones serias, aquello había mejorado considerablemente. Desgranaron buena parte del Dark Side Of The Moon, ya con cierta nitidez sonora; sonaron esos temas perfectos para desplegar los recursos de que dispone la formación: destreza con la slide guitar, a la voz y al theremin -Álvaro es un portento guiado por su desmedida pasión hacia Gilmour-, un teclista no falto de habilidad, coristas que hicieron maravillas para interpretar «The Great Gig In The Sky» y un Pipo a la guitarra, saxo y voces que cumple con todo.

Las horas de trabajo tras el proyecto son evidentes, pues no tienen entre manos canciones de tres acordes y cuatro instrumentos. El reparto de líneas de guitarra es excepcional, una gran conjugación de slides atmosféricos y acordes; el uso de samples es justo y necesario, y el plantel de efectos guitarreros del que hace gala Álvaro es, desde hace años, excepcional, algo nada fácil tratándose de Gilmour. Sólo con una dedicación cimentada con pasión es posible conseguir tales resultados, hacer posible que cerremos los ojo y que duela un poco menos no haber podido ver jamás a tu banda favorita.
También hay que tenerlos bien puestos para marcarse un «Echoes» completo, de principio a fin; y lo mismo con el Wish You Were Here, replicando «Shine On You Crazy Diamond» al dedillo, coreado esta vez por toda una Riviera práctiacmente repleta. Potente «Have a Cigar», inmersiva «Welcome To The Machine» y emotivo tema homónimo que, con los años, se ha convertido en uno de los más populares entre el público más casual.
La recta final fue la acostumbrada: las tres partes de «Another Brick In The Wall» con «The Happies Days Of Our Lives» intercalada, de seguido. «Goodbye» y, antes de irse despedirse en serio y llegando a las tres horas de concierto, las necesarias «Run Like Hell», que anoche interpretaron como nunca les vi antes, y ese «Comfortably Numb» cuyos solos son ley, cumplidos como tal.
Para el final, en un intento de no desmerecer al grupo, dejo lo peor: el sector irrespetuoso, moderno y postureta del público. No sé si que te guste Pînk Floyd se ha puesto de moda o si es que la basca va a conciertos como este a pegar la hebra porque no conocen la existencia de los santuarios de la socialiación: los bares, de toda la vida. ¿Postureo para con una banda tributo? Ni idea, pero allí había mucha gente pasándose el respeto hacia grupo y público por el forro, hablando con toda naturalidad de sus idas y venidas durante interpretaciones extensas, relajadas y atmosféricas como la de «Echoes», que piden silencio. El ruido de pub constante en temas como «Welcome To The Machine» jode más que los móviles, que ya es decir. Es sencillo: si te aburren los Floyd, no vayas a dar por culo a un concierto de versiones. Frustrante e inexplicable.
Que quede, por encima de todo, lo más importante: tenemos en Madrid a una banda tributo que se deja la piel trabajando por y para los huérfanos de Pink Floyd, ofreciendo despliegues de estupendas versiones que llegan a las tres horas. Toda una experiencia cuya repetición no cuesta.



