Coyote vs. Acme parecía una de esas películas condenadas a no verse, ya que Warner Bros. decidió que no se estrenase para así deducir impuestos. Por fortuna, al final recapacitaron y, gracias a la distribución de Ketchup Entertainment, estamos ante uno de los mejores largometrajes de la temporada.

Un hito que supera con creces el ejemplo de unir personajes reales y animación con los Looney Tunes, como fueron las dos cintas de Space Jam, y que queda a la altura de ese enorme clásico del género que fue ¿Quién engañó a Roger Rabbit?. Todo ello gracias a una historia que parece delirante, pero que se convierte en una de sus mejores virtudes, pues en la obra de Robert Zemeckis se emulaba a los detectives del cine negro, mientras que aquí se juega la baza del cine de juicios de los años ochenta y noventa. De hecho, no es casual que la película esté ambientada en 1992.
El guion de Samy Burch e Ian Frazier —en la idea original aparece el nombre de James Gunn, también productor ejecutivo— nos presenta a un Coyote harto de sus problemas con los artilugios defectuosos de la marca ACME en su caza del Correcaminos, que decide denunciar a la corporación con la ayuda de un abogado de «medio pelo». Dos perdedores que unen sus fuerzas contra un gigante empresarial, narrado todo ello con mucha gracia y aprovechando tener como protagonista a uno de los villanos más simpáticos de la animación.
El «libreto» funciona, no quedándose únicamente en la mera anécdota, sino dotando a la trama de un ritmo adecuado, una duración perfecta y cameos de altura como los del Pato Lucas, Piolín y, sobre todo, Bugs Bunny, que parece salido de Todos los hombres del presidente, de Pakula. Además, se apoya en una dirección acertada del casi debutante Dave Green —quien llevaba diez años sin dirigir, desde la última entrega de Las Tortugas Ninja—, que demuestra que el gag visual sigue funcionando a la perfección, apoyado además en el hecho de que el Coyote no habla. Así que tenemos un festival de golpes, caídas, explosiones y atropellos, pero todos ellos perfectamente integrados en el argumento. Un largometraje delicioso, que no aburre y que, además, cuenta más de lo que parece en el plano ético.
Quizás lo menos destacable sea el apartado interpretativo, pues entre los seres vivos solo destacan el abogado protagonista, interpretado por Will Forte, y su némesis judicial, John Cena. Del resto del elenco, únicamente brillan los personajes de animación, muchos de ellos conocidos por el público y otros más residuales dentro del universo de los Looney Tunes.
Estamos casi convencidos de que Coyote vs. Acme se convertirá en una obra de culto en el futuro, como sucedió con ¿Quién engañó a Roger Rabbit? desde su aparición a finales de la década de los ochenta del siglo pasado. Ojalá funcione en taquilla, pues demostraría que este tipo de cine de evasión, pero con una idea brillante —aunque disparatada— y homenajes a géneros clave de la historia del séptimo arte, es una opción tan válida como otros productos más infantiles o peor realizados, aunque pretenciosos y con una agenda ideológica clara, que suelen poblar la cartelera con menor rédito económico.

