Una rubia muy legal fue un sorprendente éxito de principios de siglo. Una comedia en la que una ingenua y frívola joven accedía a la Universidad de Harvard para estudiar Derecho. Con tesón, y tras superar problemas románticos y de carácter, conseguía madurar hasta licenciarse. Después llegó una entretenida continuación y una tercera parte que apenas tenía nada que ver con el original.

Los dos primeros largometrajes se basaban en la presencia de Reese Witherspoon, principal virtud de ambas películas. En esta precuela televisiva, Witherspoon ejerce como productora, mientras que la creadora es Laura Kittrell y Amanda Brown participa como guionista, para narrarnos unos hechos acaecidos seis años antes de la película, con una adolescente Elle Woods que debe dejar su amada Los Ángeles para trasladarse a Seattle. Un cambio vital que juega con la dicotomía entre el sol y la lluvia, la moda colorista y las chaquetas grises de cuadros, el Cosmopolitan y los fanzines, el pop y el grunge, y la vida amable frente al espíritu comprometido. Un destino que hemos podido ver en producciones europeas como la francesa Bienvenidos al norte o la española Ocho apellidos vascos.
Los ocho episodios que componen Elle van de más a menos, con un inicio arrollador que conecta a la perfección con su versión en pantalla grande. Los equívocos, los intereses románticos, las amistades entre personajes de caracteres contrapuestos y la superación ante la adversidad van, según avanza la serie, desembocando en terrenos de corrección política actual hasta llegar a un desenlace previsible, con una resolución floja que, además, invita a nuevas temporadas, lo cual parece un error.
De hecho, lo más destacado es esa mirada a mediados de los noventa, con la música de Garbage y referencias cinematográficas y musicales a nombres como Nirvana, Pearl Jam o Soundgarden, además de títulos míticos como la ochentera El club de los cinco, de John Hughes, a la que se rinde tributo en uno de los mejores episodios. Y es que parece claro que, a pesar de que el público al que va destinada la serie son los jóvenes actuales, la nostalgia vende, por lo que puede conseguir como potencial espectador a las mujeres que disfrutaron de Legally Blonde.
Entre el reparto destaca todo un descubrimiento, Lexi Minetree, que borda su papel protagonista. Además, le acompañan unas estupendas June Diane Raphael y Gabrielle Policano como madre y amiga, respectivamente, junto a un reparto irregular que alterna jóvenes y veteranos. Entre todos consiguen un resultado entretenido, aunque no termine de conectar demasiado bien con el filme en el que se basa. Pero suponemos que es cuestión de estos tiempos de memoria calcinada, en los que se intenta enmendar la plana y la moral de los éxitos del pasado.

