Dos décadas ha tardado Peter Gabriel lanzar este nuevo LP: I/O. Si exceptuamos sus discos de versiones y algún single suelto, Peter Gabriel parece haberse conformado con vivir de rentas. Nadie puede negarle que tiene todo el derecho a sacar rédito a sus innegables logros de antaño. Tanto con Genesis como en sus excelentes 4 primeros discos en solitario, Peter Gabriel era sinónimo de inconformismo, inquietud musical y experimentación en todos los sentidos. Lamentablemente, Gabriel parece haberse acomodado en este milenio. No hay ganas de experimentar ni innovar en este I/O. Priman las ganas de agradar a su público.

Obviamente, la calidad está asegurada. No puedo decir que I/O contenga malas canciones, todo lo contrario, todas son más que correctas en un disco que suena perfecto en todos los sentidos, pero sin alma. Ahí están veteranos músicos de la talla de David Rhodes, Tony Levin y Manu Katché (todos en edad de jubilarse) o las labores de producción del siempre eficiente Brian Eno (75 años). I/O es un trabajo exquisito, reposado, pensado hasta la extenuación, repleto de texturas y capas aunque insuficiente para emocionar. Por no hablar de esa manía de publicar el LP en dos versiones distintas (Bright shide – Dark side) con mezclas diferentes pero que realmente difieren muy poco. ¿Una extravagancia de señor Gabriel o un claro signo de indecisión? Puede que Gabriel haya perdido la confianza en sí mismo o sepa que sus trabajos ya no están a la altura de antaño. Sea como sea, a mí este I/O me dejó algo frío en las primeras escuchas aunque va ganando con cada escucha. Contiene 12 canciones que no se apartan un ápice del canon establecido por Gabriel con So en 1986. Quizás hubiera venido bien mirar hacia otras latitudes o buscar otros colaboradores en busca de savia nueva.
Me gustan baladas como Playing for time, Four kinds of horses, And still, This is my home o Olive tree en las que Gabriel saca a relucir esa innegable capacidad para emocionar al oyente. El que tuvo retuvo. Sin embargo, otros temas como Panopticon, I/O o Road to joy palidecen ante los logros del pasado, quedando en canciones correctas que hubieran funcionado perfectamente en US (1992) o UP (2002). Por no hablar de canciones lastradas por una excesiva duración que llegan casi a caer en el tedio como Love can heal o Live and let live: todo suena a ya oído, a repetición de la fórmula Gabriel. Una fórmula que seguro agradará a los fieles seguidores del artista británico aunque no creo que sirva para atraer a nuevos oyentes.
I/O suena a Peter Gabriel por los cuatro costados y, lo que es peor, al Peter Gabriel de hace 30 años. Si I/O se hubiera publicado en 1993 nadie se hubiera extrañado, lo mismo ocurriría si lo hubieran vendido como canciones nunca editadas de principios de los 90.

