A veces no es cuestión de madurez, ni de confianza, ni siquiera de esa conexión compartida. Es cuestión de sensibilidad. Una sensibilidad aprendida que reacciona y sentencia creyendo que acierta.
Pero el juego va mucho más allá de la experiencia de nuestro dolor, algo que nos vuelve más sensibles y menos comprensivos en sus dos opuestos.
Es un juego alquimista de sensibilidades que varían igual que los knobs del sintetizador de nuestro ser.
A veces no se espera y es un error. Otras, se espera y también es un error.
Duele esa distancia que a la manera precisa de un reloj nos separa sin otra opción. No da tiempo a ajustar el corazón a las nuevas situaciones.
De manera sencilla, Nadia relata una experiencia común. Decisiones que vivimos antes de confiar en nuestra intuición como un sexto sentido que como sentido que es hay que observar.


