Culeebra. Garage, Punk, Baile. 2026

Mira que la fe patriótica me importa tres cojones, sobre todo cuando se acercan las elecciones, o cuando veo las infraestructuras de alrededor y el salto de medio siglo atrás que tenemos en La Rioja (y según Capellán, para rato tenemos caldo), pero sí que me sale una sonrisa llena de orgullo cuando hablo de este tipo de gente. Una menda con dos baquetas y el de la guitarrita, y un mundo que conquistar. Ese espíritu de «háztelo tú mismo» y un montón de actitud en mitad de acordes demoledores. ¿Se puede pedir más? Un, dos, tres… ¡Culeebra! 

Ratas. Algo no tiene que ser complicado para ser bueno. Simplemente —como si fuera simple— tiene que funcionar. La batería de Ana parece darnos un preaviso en el punteo inicial hasta que llegan las cuerdas graves, el riff. Una especie de hard rock, del estilo a MetallicA en Bad Seed, en los tiempos del Load y el Reload que supusieron un cisma en la fanaticada. Lo bueno es que Jarry tira un acorde al aire mientras canta, como si quisiera hacernos callar antes de soltar la arenga. No esperes nada bueno de mí / si no me sirves, no existes / conseguir lo que quiero y desaparecer / mi estilo nunca falla. Parecen frases enlazadas al azar, pero cuántas ratas de ese pelo se nos cruzan cada puñetero día. El solo es un pequeño rincón psicodélico en mitad de 2026, del estilo al My generation, de los Who, o a Jimi Hendrix dando cátedra. Llevo un minuto y medio y me dan ganas de hacer el molinillo con el puto cráneo. No me extraña que Guirimbi se suba con la escoba. 

Punk rock song. Contrario a lo que pueda parecer, no suena excesivamente punk, si estás pensando en M.C.D., o en Ramones. Es que la marca de la casa es esa cadencia, esa forma de partir cada estrofa en dos, guitarreo y voz respectivamente, hace bajar el tempo. Pero ojo, más lento no quiere decir ni peor ni menos potente. A mis entumecidas orejotas, ese guitarreo crudo tiene más de Dover en Sea Witch, del Late at night, de cuando molaban, que de los Eskorbuto. Ahora, que los parecidos son eso, brochazos al aire, a lo Jackson Pollock. Estos dos han creado algo personal, no encuentro fotocopias en su obra. 

Sal del bucle. Aún han bajado más el tempo, aún más calmado, como si hubieran visto Abierto hasta el amanecer en bucle un fin de semana entero. (Puto Tarantino, que es sionista. Se me ha jodido un mito de la adolescencia). El sonido se parte en 3 tramos: Ana, que va a su rollo rítmico; la guitarra, que trata de integrarse en los trabucazos a los timbales, y la voz. Si no hubiera visto los videoclips —tengo que verlos en directo, palabrita—, diría que son tres, porque Jarry consigue disgregar por completo la parte vocal de la instrumental. Ha tomado un poso más I don’t know what to do with myself. Vale, tengo dudas. No se parecen casi nada a The White Stripes, salvo la formación. A lo mejor mi subconsciente traza puentes en el aire… o a lo mejor es el peso de la batería en la parte instrumental, mucho más que un simple ritmo de caballo trotón que mantiene todo encorsetado. Curioso como han bajado el tempo para acelerarlo hasta convertirlo en un mantra maníaco. Ese Sal del bucle que aún nos adentra más en las arenas movedizas. ¿Han sonado teclados? Porque el final ha tenido un rolleta a Light my fire, de The Doors. 

Hans. Coño, Hans Topo. Ese «Dabuten, colegas» es más famoso que el «¿Qué paisa tíossssss?» de Joey Ramone en el Loco Live. Ahora sí que han acelerado. Es como si el ampli estuviera a punto de reventar y estos dos tocasen por su vida. Suena crudo, rasposo, hosco… pero a la vez es adictivo. Esa guitarra… por qué cojones no aprendería a tocar el bajo en condiciones y me daría por juntar letras. Hablando de letras, chistes de The Simpsons… soy tuyo desde el primer hola, aunque no hayas dicho hola. ¿Has dicho bar? ¡Pues me voy al bar de Moe! 

Nadie. ¿En serio es la última? ¡Yo quería dos horas más de esto! Tiene un rollo más añejo, de ese rock pop de los años 50… pasado por el filtro del So what, de MetallicA, que el gilipollas de Hetfield no quiere cantar porque tiene tacos, mientras se hace fotos con venados abatidos con rifles de francotirador. Estados Unidos, imperio de decadencia. Volviendo a Ana, me flipan sus platos. No es la reinvención de la rueda, tampoco es doble bombo en modo ametralladora, pero es más que efectivo, y cada baquetazo hace que el corazón me lata del revés. Repito lo de antes. No sé qué es, igual lo pasas del revés y acabas invocando a Leticia Sabater… pero es adictivo. Es como una broca dando vueltas en tu cráneo, dejándote la sesera como un sorbete. 

Para los que no puedan creer que han pasado menos de quince minutos donde se han enamorado irremediablemente de los guitarrazos, enlaces de la banda: 

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