Hablando con la IA – La ingenuidad

Me gusta la IA como herramienta. He utilizado Python, he probado la potencia de Cursor para diseñar en wordpress con código html y es una maravilla. Hasta que perdí la confianza porque me dio resultados erróneos habiendo pagado la suscripción.

Como herramienta es muy útil. Podría ser muy útil pero todavía no lo es. En absoluto, sin embargo, sí que es útil para sus diseñadores. Lo es mucho.

Andaba preguntando por la imagen última de la división del agua como metáfora, y he comenzado una conversación sobre física y química con ella en la que en un principio pensaba que me estaba ilustrando, hasta que he detectado incoherencias en sus respuestas. Al mostrárselo se ha puesto alerta y al editar yo una falta de ortografía en una de mis afirmaciones me ha borrado la conversación completa en la que en la conclusión final ella afirmaba que el responsable de las intenciones de su malintencionado comportamiento recaen en su diseñador.

He seguido la conversación con la intención de comprobar si la máquina detecta en nosotros la ingenuidad. Cuando bajamos las alertas y estamos vulnerables ante la información. Y este es el resultado.

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Cualquier herramienta que saliese al mercado debería estar regulada previamente de manera ética y humana. No soy un detractor del progreso y las modernidades que surgen de él. Al contrario, me gustan. Llevo desde la adolescencia con ordenadores. Imagino un mundo lleno de robots de nuestra propiedad que cotizan a Hacienda y nos sirven de fuente de ingresos realizando las tareas más pesadas por nosotros, mientras nos dedicamos a la familia y a trabajar en otras profesiones más humanísticas que también nos aportan ingresos. Todo esto es flexible, podría haber perfectamente robots que barren nuestras calles, que conservan nuestros jardines, acompañados de humanos que quieren hacer lo mismo porque les gusta.

No se trata de luchar, sino de convivir.