Cuarta y penúltima temporada de From, el serial creado por John Griffin que, en su primera experiencia como responsable o showrunner, ha conseguido un importante éxito para MGM en su división televisiva.

El secreto de la serie reside en una intriga de corte sobrenatural, con un guion de múltiples aristas que se van resolviendo poco a poco, junto a un reparto coral atrapado en un lugar extraño y sin una salida evidente. Una historia que recuerda, en su planteamiento, a una de las grandes obras maestras de la pequeña pantalla contemporánea, Perdidos. Además, tampoco parece casual esta coincidencia, pues el protagonista, Harold Perrineau, aparece en ambas producciones con un papel destacado —aunque más relevante en esta From— y el principal director es Jack Bender, quien también capitaneaba el equipo de realizadores de Lost.
Aunque bien es cierto que From se acerca más al terror sobrenatural, pues recordemos que la trama gira en torno a un pueblo espectral que no aparece en ningún mapa y del que es imposible salir por carretera. A ello se suma que, por la noche, criaturas asesinas vagan por las calles en busca de víctimas. Los habitantes pueden estar más o menos tranquilos en sus casas porque unos talismanes impiden que los monstruos puedan entrar. Como se puede ver, se trata de un híbrido entre muerto viviente y vampiro, aunque con algún toque kitsch, como el de aquel clásico del gore que era 2000 maniacos, de Herschell Gordon Lewis, donde una apacible villa ilocalizable se convertía en un escenario de tortura y muerte para los desventurados que llegaban a ella. Un folk horror que también nos trae a la mente pesadillas ambientadas en espacios cotidianos, como las de El hombre de mimbre o ¿Quién puede matar a un niño?.
Esta temporada resulta irregular, con episodios de gran tensión junto a otros excesivamente dialogados, situaciones repetidas y momentos en los que lo único que se espera es el homicidio de alguno de los personajes importantes. Ganan peso Catalina Sandino Moreno, uno de los nombres con mayor trayectoria profesional, y Shaun Majumder, mientras lo pierden Corteon Moore y Pegah Ghafoori, aunque el peso central continúa recayendo en Harold Perrineau, junto con Elizabeth Saunders.
Lo mejor de los diez capítulos es la entrada en escena de un villano de excepción como El hombre de amarillo, que, disfrazado de jovencita religiosa, comienza a crear el caos entre los habitantes y a sabotear sus intentos por descubrir la verdad.
Una temporada que parece de transición, a pesar de sus virtudes, pero que mantiene el interés y antecede a un final que, como sucedió con Perdidos, nos tememos que no contentará a una parte de los espectadores. Veremos.

