A raíz de las palabras de Emma Goldman, Valls Boix erige su ensayo, plantea la libertad y la igualdad sin disociarlas de la belleza. «Una vindicación de la vida material, una vida que consiste tan solo en vivir, en nada más que vivir». Esto es la vida como instancia absolutamente improductiva, algo imposible en nuestros días, a priori. Trabajar, descansar, holgar. El filósofo ilicitano expone el hartazgo de este obligados al éxito y sometido al crédulo.
“La pereza me interesa como correctivo”, afirma en una entrevista para el suplemento Ideas, El País. Este interés fundamental este ensayo más cercano a la filosofía de la resistencia de Carlos Javier González Serrano más que con los textos quizás más reivindicativos, en cuanto al tono, de autores como Bob Black (La abolición del trabajo). Esto no desliga la implicación, e importancia política del escrito. En él, Valls aboga por la quietud, incluso como un tipo de desobediencia. Que el trabajo asalariado no sea el eje de la vida y donde rechazar oportunidades siempre se expresa en forma de privilegio. La sobre excitación y el ruido afectan a un comportamiento en el que permanecemos exaltados y agitados constantemente.
Valls Boix utiliza un lenguaje no-académico, de arenga y, casi, de bar, estableciendo quizá un cambio en el formato del ensayo, que no resta fuerza al mensaje, aunque sí algo de desconexión con el lector más «formal».
Algo, puede ser que perseguido , dada su dedicación académica y el contacto con generaciones más contemporáneas; que consigue rehuyendo la jerga académica y mezclando referencias populares con autores más canónicos dentro de la historia del pensamiento. Curiosamente esta posición le permite plantear la antítesis del adoctrinamiento juvenil, no hay debate, la literatura que puede conformar este libro excede, de canto, el número de palabras de los vendedores de crece pelo modernos.
Si desconectar de la cultura del pensamiento es uno de los puntos de El derecho a las cosas bellas, el otro es la lectura de que «La vida se sostiene en su condición vertical, pero se vive y se gusta en su condición horizontal». Valls Boix incide en la verticalidad de una sociedad enfocada al trabajo y en su respuesta en darse al abandono, entendido por habitar el tiempo sin realizar tareas productivas o nada en absoluto. Así afirmaba en Vogue que «la gramática de la revuelta hoy resignifica de una forma muy provechosa el pensamiento del límite, de la horizontalidad y del no hacer nada».
Si bien, su punto de vista sobre el life style capitalista creo que más que fuerza de resistencia, ha calado como fuerza de insistencia; echo en falta una conclusión o un cierre más allá de la contextualización del proyecto, sus inicios y su desarrollo.


















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