The Soulbreaker Company son ejemplo de éxito, desconozco si desde el punto de vista cuantitativo pero no me cabe duda que lo son desde un argumento cualitativo. Su discografía y sus directos avalan a los vitorianos y esos son hechos contra los que no caben números, o no deberían. Ocho años llevaban en silencio -discográfico- y no niego que llegué a pensar lo peor, que por desgracia es demasiado habitual en esta escena rockera que a veces, tan injustamente trata a sus máximos protagonistas.

Pero al fin The Soulbreaker Company rompen el silencio y lo hacen como mejor saben. Ellos no son los mismos con el paso del tiempo, nosotros tampoco, la escena ni de refilón y eso es siempre un riesgo que cualquier músico debe afrontar para salir airoso, y su plan de ataque no puede ser otro que las canciones, verdades desnudas donde se juegan todo a cara o cruz. The Soulbreaker Company manejan como pocos la construcción de atmósferas densas sobre las que van desplegando continuas capas sonoras y en ese aspecto pocos pueden competirles porque además lo han convertido en parte indisoluble de su propia personalidad.
En “Sins” la banda es capaz de ofrecernos esos desarrollos oníricos que te introducen en un camino de baldosas amarillas que conducen sin perdida al universo que llevan tanto tiempo creando a través de unas guitarras metódicamente calibradas y concebidas y unas líneas vocales que son pieza fundamental para comprender el sonido del grupo. Pero también encontramos en “Sins” piezas más inmediatas, directas, pero sin perder por ello la esencia de lo que The Soulbreaker representan, siendo este equilibrio punto fuerte -y quizás reflexivo- sobre el estado actual del grupo. En “Sins” siguen siendo reconocibles los elementos folk, los arrebatos de hard setentero, los pasajes psicodélicos… The Soulbreaker Company a fin de cuentas















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