Tras un primer filme en su Noruega natal (“Sick of myself”), Kristoffer Borgli sorprendía en Estados Unidos con la inenarrable “Dream Scenario”, con un Nicolas Cage (en uno de esos papeles que solo puede interpretar él) que giraba en torno a un hombre que aparecía en los sueños de una ingente cantidad de personas.

Por ello sorprendía que pudiese dirigir una cinta romántica con las superestrellas Robert Pattinson y Zendaya. Una vez vista se corrobora que su película poco tiene que ver con el amor pues “El drama” es una comedia dramática con humor negrísimo y buena dosis de crítica y maldad. Un producto sobre una pareja a punto de casarse que empeora su relación hasta el extremo por una confidencia en una cena con sus mejores amigos.
“The drama” destila ironía y sarcasmo por todos sus poros pues tras un primer acto cercano a los cánones de los largometrajes independientes románticos, tras la comida que genera el clímax (brillante secuencia) se produce una “caída en picado” sobre la pareja que desemboca en miedo, desconfianza, adulterio y una boda abocada al fracaso. Borgli lleva la acción en un divertido “crescendo” de forma adecuada, con secuencias de altos quilates – como es el caso de la referida cena y la desastrosa boda-
Sus diálogos son ingeniosos, ágiles y la improbable situación crea perplejidad y sonrisas durante todo su metraje. Cine independiente con el sello de A24 que vuelve a arriesgar con esta intimista historia neoyorquina donde Borgli demuestra su pericia como director y su gusto por guiones complejos y sorprendentes.
Un riesgo que también supera con creces su pareja protagonista, con un Robert Pattinson demostrando ser uno de los mejores actores de su generación y una Zendaya que logra aquí una de sus mejores interpretaciones pues en muchos otros títulos resulta hierática y en “El Drama” soporta el peso de su difícil papel, ofreciendo aristas y matices. Entre los secundarios destaca una Alana Haim, descubierta por Paul Thomas Anderson en “Licorice Pizza”.
“El drama” es una propuesta tan divertida como inteligente que cuenta bastante más de lo que muestra en su hiperbólico “libreto”. Además, dentro de su intimismo, está bien filmada – interesante la fotografía de Arseni Khachaturan que nos traslada a esos barrios de clase media acomodada, tipo Brooklyn-, recordándonos a Woody Allen, aunque con menos sofisticación. Película “canalla” de notable resultado y que afianza a Kristoffer Borgli como talento a seguir.
















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