La historia de Delalma ha sido tan fructífera como convulsa, muy buenos discos acompañados de inestabilidad constaten la formación, sobre todo respecto al aspecto vocal que concluyó con el anuncio de cese de actividad. Pero a pesar de la ruptura del binomio Seoane/Ramil, el excelente guitarrista decidido y presto, revive Delalma junto a Dave Cámara y Jesus Landeón, embarcándose en el ambicioso proyecto de editar un doble disco conceptual. Desconozco si movido por sus últimas experiencias con los vocalistas, Manuel Seoane recurre a un reconocido elenco de vocalistas para que cada una de sus gargantas interprete cada uno de los papeles protagonistas de esta historia. Lazaro, personaje principal de la obra y alrededor de cuya figura esta transcurre, cae en la garganta de un Ronnie Romero que asume sobre sus líneas vocales el peso del disco. Mirlo, nemésis de Lázaro cuenta con el registro vocal del siempre eficiente y efectivo José Andrea, recreando ambos las dos caras de una misma moneda, la lucha de un único personaje que se desdobla en el fragor de sus acciones, pensamientos y conciencia.

Carlos Escobedo (Sober), Patricia Tapia, Vito Íñiguez (Sínkope), Tete Novoa (Saratoga) y Fran Rivas (Eyrem), completan el elenco de vocalistas, aportando cada uno gracias a sus registros personales y característicos lo que añade un plus a unas canciones donde cada movimiento instrumental está cuidado hasta el detalle. Y es importante esto porque aunque musicalmente el disco mantiene una linealidad propia de una obra construida concienzudamente, las diferencias entre cada uno de los vocalistas refuerza el aspecto dramatizado de la obra. “Santa y Compaña” transita por los espectros del Heavy Metal añadiendo interesantes aspectos sinfónicos, progresivos o próximos al power metal según el acto sin obviar las dicotomía entre pasajes melódicos y oscuros.
“Santa y Compaña” sus dieciséis canciones repartidas en dos discos se construyen con la fantástica guitarra de Seoane como exoesqueleto, espina dorsal, bombeánte corazón que permite a la sangre circular hasta las venas como alimento, combustible del resto de órganos, que brilla de manera absoluta y se muestra omnipresente durante toda la grabación. A estas alturas nadie se sorprende ya del enorme potencial que atesora la garganta de Romero pero no por eso dejas de abstraerte de cualquier conocimiento anterior y disfrutar de ese calor que añade a las canciones a través de sus cuerdas vocales. Pero cuidado que el resto no se queda atrás. La entrada en escena de Jose Andrea en la marcial “Néboa”, una canción que se aleja -en principio- de los parámetros donde Andrea se siente más cómodo, la reconduce a sus posiciones características para bordarla como ya hiciese Escobedo en “Uno a Uno”.
Si además, como es el caso, aprovechas la complicidad vocal de J.Andrea y Patricia Tapia como ocurre en “He vuelto a verte”, una canción donde brillan los relámpagos melódicos de la guitarra de Seoane y la inmensa interpretación de ambos vocalistas en un excelso duelo.Eso de que tres son multitud se vuelve inconsistente cuando Romero, Escobedo y Andrea enfrentan sus gargantas entre los ataques del riff construido por Seoane, consiguiendo que tres voces tan distintas confluyan de manera tan natural. No es hasta la última canción de “Santa”, primer disco, cuando entre la fuerza del Heavy Metal más directo aparece Tete Novoa para medirse en un excelente diálogo vocal con Romero, mostrando el potencial que atesoran ambos vocalistas. “Compaña”, segunda parte de esta obra, se inicia con la oscura “Maldito sea el día” que desprende fuerza de su riff como oleaje que golpea furioso. Fran Rivas hace aparición en escena con “Te vi nacer”, donde se encuentra un resquicio de luz frente a las sombras regadas por la anterior canción. Y hay que destacar la labor vocal de Rivas que conjuga fuerza y melodía.

Solo falta la característica voz de Vito Íñiguez que hace acto de presencia en “Ausencia de luz”, un medio tiempo que exige prestar atención a lo que propone musicalmente mientras es magistralmente conducida por el carismático vocalista de Sínkope. Posiblemente uno de los puntos más altos del disco sea “En otra vida” con una Patricia Tapia y un Ronnie Romero que bordan una fantástica balada que ejerce su embrujo en el protagonismo constante de ambas voces. ¡Qué entre la fuerza por la puerta!, y lo hace escoltado por un en principio inverosímil trío formado por las voces de Vito, Escobedo y Novoa que construyen una atmósfera épica que transpira a través de las tres distintas gargantas que se acoplan como obra y gracia del mejor director de cine en su mayor momento de inspiración. En definitiva, Delalma han arriesgado con un disco largo, excesivo y a su vez excelso, donde tanto instrumentalmente como vocalmente registra grandes momentos que exigen ser degustados a conciencia. ¡Menuda maravilla esta Santa y esta Compaña!.


















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