GRUPO: THE FUZZTONES
DISCO: LYSERGIC EMANATIONS
FECHA DE PUBLICACIÓN: 1985
SELLO: ABC
BANDA:
Rudi Protrudi: voz y guitarra
Elan Portnoy: guitarra
Michael Jay: bajo
Deb O’Nair: teclados
Michael Phillips: batería
TRACKLIST:
1.- 1-2-5
2.- Gotta get some
3.- Journey to tyme
4.- Ward 81
5.- Strychnine
6.- Radar eyes
7.- Cinderella
8.- Highway 69
9.- Just once
10.- She´s wicked
11.- As times gone
12.- Living sickness
Seguimos empeñados en seguir ampliando el espectro de estilos adyacentes al rock y hoy le toca el turno al garage-rock. Y si hablamos de garage, desde hace 25 años tenemos que hablar irremediablemente de Rudi Protrudi y sus Fuzztones.
Corrían los primeros años 80 cuando Rudi Protrudi y Deb O´Nair merodeaban por el circuito musical de Nueva York, cuando tras un breve paso por una banda local, Tina Peel, deciden montar su propia banda para dar rienda suelta a su creatividad y protagonizar el resurgir del sonido cavernoso de los años 60, con bandas insignes como The Troggs o The Sonics en el punto de mira.
El nombre del grupo surge de Fuzz Tone, un efecto sonoro que producía un pedal para la guitarra que se popularizó en los 60, provocando una distorsión muy especial.
Alguna canción publicaron antes de este primer lanzamiento de un larga duración, pero fue este Lysergic Emanations el que les elevó a la cima del género, convirtiéndose en un disco de culto y en referencia a nivel mundial para cualquier banda que busca esas referencias musicales.
El redondo empieza con “1-2-5”, al son de una batería muy rítmica acompañada por una rabiosa harmónica, junto al omnipresente hammond de Deb y al especialísimo sonido que las guitarras Vox Phantom sacaban de sus entrañas. Una canción que nos deja claros los parámetros de todo el trabajo. Sonidos muy profundos, de teatralidad siniestra y más propios de una caverna llena de humo y vapores alcohólicos.
“Gotta get some” es un rock and roll desbocado y salvaje, con unas guitarras muy punzantes y un Rudi más desatado en las voces.
Con “Journey to tyme” ya encontramos un puntazo mucho más siniestro y gótico, con unos coros muy logrados y un efecto reverb en toda la canción que hace que nos envuelva por completo.
Ya lo estamos viendo, flequillos hasta las cejas, gafas de sol oscuras, pantalones y chalecos de cuero, colgantes de huesos y una botella de absenta en la mesa. Entonces, llega “Ward 81”, una canción que todavía suena en alguno de sus directos. Precedida de una intro hablada, con un discurso aterrador de una voz dictatorial, para ir entrando la batería, el bajo y el hammond, cogiendo ritmo. La guitarra hace acto de presencia para dar más profundidad a la oscuridad y Rudi canta más turbador que nunca, con gruñidos y quejidos. Una de las mejores canciones de todo el disco, con mucha escenificación y cierto eco a los Doors más psicodélicos y delirantes.
Seguidamente llega el primer homenaje, uno de los más laureados, la extraordinaria versión del “Strychnine” de The Sonios. Pocos años antes sus amigos The Cramps se habían lanzado a versionar este mismo tema, pero es esta fuzz version la más lograda, haciendo legendarias esas líneas del órgano de Deb al son del mítico estribillo.
La primera cara del entonces vinilo se cerraba con otro tema oscuro, “Radar eyes”, protagonizado por los coros lejanos que repiten el estribillo de Protrudi y por los efectos de los teclados que acompañan al repetitivo rasgado de las Phantom. Esta vez nos vienen a la mente los zombies y esqueletos que inundan la portada del álbum.
Volvemos a la carga con “Cinderella”, un auténtico temazo de rock feroz y descarnado, con un estribillo que te inunda el cerebro al compás que marca ese fantástico riff de guitarra, cerrándolo con un grito que se multiplica por mil cuando la tocan en vivo.
“Highway 69” es otra de esas canciones que parece que pasan sin pena ni gloria, pero que no puedes alejar de tu mente, con un genial intro del riff guitarrero de Elan Portnoy que, poco a poco, va creando atmósferas junto a la genial Deb O´Nair que hace un trabajo espectacular con las teclas. Un fantástico medio tiempo que te obliga a mover tu melena mientras los coros acompañan tu danza, recodando en muchos momentos a primerizos Jefferson Airplane.
“Just once” empieza con un viento helador y sombrío, acogido por un teclado muy tétrico que da entrada al corte más psicodélico de todos. Casi un susurro va desgranando la letra hasta el estribillo, donde llegamos a escuchar hasta unas maracas. ¡Acojonante! Estamos en plena explosión de ácido, en un garito embutido en el bajo de un edificio abandonado, con una niebla sofocante cubriendo los rostros de los pocos que han aguantado el devenir de la noche. ¡Mierda!, se está acabando la botella de absenta.
Piensas que la noche se acaba, pero de eso nada porque “She´s wicked” nos vuelve a poner las pilas. Esta es una de mis canciones favoritas de todos los géneros, plena de energía y marcha.
“As times gone” es un tema mas retro, con una tonadilla muy sesentera, pequeños y repetitivos aullidos en los coros, sirviendo de precedente al cierre del LP con “Living sickness”, un desesperanzado y desgarrado estallido de desesperación dramática. Es una canción tremendamente oscura y desoladora que estalla en sollozos.
Años después salió una edición remasterizada en formato cd con 17 canciones, entre las que se incluyeron el primer single publicado por el grupo “Bad news, travels fast”, versiones alternativas de “She´s wicked” y “Cinderella”, y 2 temas mas “Epitaph for a head” y “Green slime”.
También destaca sobremanera el artwork creado por el propio Rudi, con 2 portadas distintas, una para Europa y otra para América. A mí me gusta bastante más la europea con la banda surgiendo de los fondos pantanosos de algún paraje extraviado del mundo, cual zombis hambrientos de carnaza, y la contraportada con un cadáver devorado en primer plano y unas burbujas que salen del agua con la cara de cada uno de los componentes del grupo dentro de ellas, mientras un par de murciélagos sobrevuelan el lejano cielo.
Tras este extraordinario debut se embarcaron en una gira europea que los convirtió en los mitos que todavía siguen siendo en el viejo continente, forjando fans fieles que jamás les abandonarán, el famoso Cult Of Fuzz, y repitiendo visitas más o menos constantes a lo largo de los años.
Un disco emblemático que supuso un hito en la música garage, tan nutrido por cientos de estilos, desde el rock and roll de los 50 hasta el punk de finales de los 70.
En junio volveremos a verlos por nuestro país, así que si podéis acercaros a verlos no deberíais dudar. Suelen ser shows cortos, pero muy intensos.
Como curiosidad os contaré que un amigo alicantino, el gran Jolete Macana, fue adoptado extraoficialmente por Rudi al ponerse en contacto con él y descubrir que tenía más material de The Fuzztones que el propio Protrudi. Bueno, el envío por correo de una botella de absenta al domicilio californiano de Rudi también ayudó, pero eso ya es otra historia.















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