Hay infinidad de listas, numerosas artistas, gran cantidad de gustos distintos que abarcan la historia de la música negra. Los simples aficionados, oyentes de hoy en día, no podemos pasar de dar nuestra opinión sobre algo tan icónico y majestuoso como el jazz americano del siglo XX.

 

Si centramos nuestras miras en las vocalistas que encumbraron un estilo musical tan auténticamente norteamericano, salen nombres que la mayoría conoce de oídas. La tormentosa vida de Billie Holliday, la constante lucha por los derechos de Nina Simone, el talento compositor e interpretativo de Peggy Lee, la potencia irresistible de Dinah Washington, la elegancia de Bessie Smith o la mítica lucha desde el mágico Cotton Club de Lena Horne marcaron a fuego el devenir del jazz.

 

El blues, bebop, swing, r&b, ragtime y el compendio de todos ellos sobre el magistral uso de los instrumentos y las maravillosas improvisaciones convirtieron al jazz en algo más que un género musical. Llegados a este punto aparece imponente la figura de Ella Jane Fitzgerald, la voz definitiva del jazz en el siglo XX.

 

Su figura alcanzó un nivel de popularidad enorme, pero su influencia e influjo sobre el resto de artistas todavía sigue vigente, 100 años después de su nacimiento. Desde sus orígenes en el swing y el bebop, compartiendo grabaciones con grandes iconos del género como Louis Armstrong, Dizzy Gillespie, Duke Ellington o Count Basie, llegaron los años 50 donde, definitivamente, su fama se transformó en estrellato absoluto y se convertiría en la gran artista que hoy recordamos. Sus enormes songbooks dedicados a George Gershwin, Cole Porter, Duke Ellington o Irving Berling o sus duetos con Louis Armstrong, elevaron su popularidad, pero fueron sus maravillosos directos y su magistral desarrollo del scat, una técnica vocal que convertía la voz en un instrumento más, donde se plasma la figura de Lady Ella como la más grande de la historia.

 

Pero era en vivo donde Ella daba el 200% de su potencial. De sus grabaciones en vivo hay 2, que por lo menos para el que suscribe estas letras, pasan a la historia. El famoso “Live in Berlin” (1960), donde Ella da una lección magistral, pasando a la historia por su improvisación en la interpretación por 1ª vez del clásico “Mack the knife”, y el maravilloso “Ella in Hollywood” (1961) que hoy recordamos.

 

Grabado en “The Crescendo”, un club de Hollywood, donde Ella dio una serie de conciertos consecutivos durante las noches del 11 al 21 de mayo de 1961. La selección de 12 canciones de las cantadas por Ella durante esas noches dio lugar a este “Live in Hollywood” que intentaba emular el éxito que tuvo el anterior “Live in Berlín”. Norman Granz, que era el representante de Ella, fue el responsable de que se grabaran dichos shows y se acabara convirtiendo en un álbum en directo.

 

Acompañada del gran Lou Levy al piano, Herb Ellis a la guitarra, Gus Johnson a la batería, y Wilfred Middlebroocks al bajo, Ella da un repaso a grandes composiciones de clásicos como Harold Allen, Duke Ellington, Benny Goodman o Johnny Mercer.

 

El álbum comienza con el anuncio de lo que vamos a escuchar. “This could be the start of something big” da título a este tema de Harold Allen donde las teclas de Lou Levy, las cuerdas de Herb Ellis y Wilfred Middlebrooks, las baquetas de Gus Johnson y la elástica voz de Ella Fitzgerald con dejan claro que esto podría ser el inicio de algo grande.

 

Pasa por trances donde Lou Levy y Ella se hacen protagonistas totales de la noche, casos de “I’ve got the world on a string” o “Stairway to the stars”. También juega con los sonidos más ajenos al jazz consiguiendo llevarlos a su terreno, caso de “You’re driving me crazy”, donde juega con los tempos y las tonalidades vocales de su privilegiada garganta.

 

Y llegamos a uno de esos momentos en que abres los ojos, aguzas los oídos y dices ¿qué demonios está pasando? Porque lo que escuchamos en los casi 9 minutos que alarga “Take the A train” a base de lecciones magistrales de scat, con toda la banda acompañando las continuas improvisaciones de la artista principal es, sencillamente, magistral.

 

Incluye su gran éxito “You’ll have to swing it (Mr. Paganini)” donde Ella ya está lanzada y da otra demostración de sus muchas virtudes como cantante. El resto de temas son demostraciones de la magia que debió salir de ese escenario cada noche. Cómo juega con las armonías y el público en “Blue moon”, como desliza sus frases en la balada “Baby, won’t you please come home”, y como cierra por todo lo alto con “Air mail special”, dándole fuerte de nuevo al scat mientras todos los músicos que la acompañan dan rienda suelta a su arte.

 

50 años después se editó una caja especial con todos los conciertos dados en esas fechas en el Club de Hollywood donde tantas figuras del jazz habían actuado con el título “Twuelve nights in Hollywood: Live at The Crescendo”. Quizás esa joya sea solo para los muy fans de Ella, pero sirvan estas letras para recordar ese otro álbum en directo (puede que “Live in Berlín” opaque todos los demás) que demuestra la grandeza de la vocalista más grande de la historia del jazz.

Ella Fitzgerald – Live in Hollywood

by: Eduardo Garrido

by: Eduardo Garrido

Roquero, cinéfilo, lector empedernido que estudió Derecho para trabajar en una biblioteca y disponer de pelis, discos y libros a mano

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