Los antiguos alemanes lo hicieron; los cartaginenses, también. Los italianos, los franceses, y en España, los reyes, los nobles, y con el tiempo los campesinos, también se pudieron dar el pequeño capricho, al mismo tiempo que lo hicieron tus abuelos, tus padres, tus hermanos y si te has casado tú, también lo hiciste: el menú de bodas, un rito que después de haber hecho pasar un calvario a amigos y parientes escuchando el sermón del cura, se les premia con el banquete. Para la ocasión, el grupo de Castellón nos trae un menú musical compuesto por progresivo, sinfónico, y tintes que van desde el pop hasta el hard rock pasando por el jazz.
Quien tenga algo que decir… que calle para siempre es un álbum con momentos muy buenos y otros que son para pulsar el botón de fast forward. Estamos ante un disco muy complejo de llevar a cabo por el surtido tan encurtido de estilos. Una obra que trata desde el amor hasta la crítica político-social. Un redondo repleto de muy buenas intenciones pero que, al final, se pierde por lagunas. Si fuera Chicote, diría que hay demasiados ingredientes para que se permitan en algún momento hacer cosas tan insípidas y repetitivas. Lo siento: los coros no los aguanto para nada. Hay momentos que me recuerdan a Mocedades y otros resultan tan cargantes que hacen que desees el final del tema.
Lo mejor del disco está en los temas “Bajo control” y la balada “Caída libre”. ¿Lo peor? “Oda al líder” y el mentado exceso de coros que han metido dentro del álbum. Como he dicho, Quién tenga algo que decir…que calle para siempre es un álbum de muy buenas intenciones pero que, al final, se desinfla un tanto en su desarrollo. Eso sí, les animo a seguir este camino limando un poco más su música.

