Oye, vaya por delante que cada uno es muy libre de tener sus preferencias y que sobre gustos no hay nada escrito. Faltaría más. No hay nada que objetarle a nadie por sus gustos musicales (cualquier género musical es bueno si te hace feliz) y no soy yo quien para afearle la faena a nadie. Por mí como si te gusta escuchar los discos de Julio Iglesias al revés (es muy probable que mejoren). Simplemente no puedo evitar plasmar mi opinión sobre este género y los motivos por los que no me gusta el rap. No tengo nada contra los que lo adoran, pero yo rara vez aguanto más allá de un par de temas. Que conste que no soy un experto en cultura hip hop ni en rap y que me gustaban los Beastie boys y tengo en muy buena estima a Violadores del verso.
1.- Samplea sin piedad
Usar samplers es algo de lo más común desde que lo empezara a usar el bueno de John Lennon allá por 1968 con Revolution #9, pero lo de este género musical es de traca. Rapear encima de las bases rítmicas de James Brown o George Clinton tuvo su gracia a principios de los años ochenta, pero 40 años después siguen saqueando sin compasión cualquier cosa que cae en sus manos. Ya no estamos hablando únicamente de bases rítmicas o pequeñas partes vocales. Aún tengo escalofríos cuando pienso en esos hits noventeros que saqueaban descaradamente viejos éxitos de décadas pasadas (pincha, bajo tu cuenta y riesgo, aquí y aquí). Aunque el que más éxito tubo a base de saquear un tema de Police (el grupo más copiado últimamente) fue el rapero Puff Daddy (o como se quiera llamar ahora) con I’ll be missing you. Por cierto Daddy debería haber sido puesto entre rejas por este otro sacrilegio a costa de Led Zeppelin y su Kashmir en el que incluso se dejaba querer Jimmy Page. Otro ejemplo sonrojante, la irlandesa Enya tuvo que reclamar derechos de autor en los tribunales a The Fugees ya que el éxito Ready or not, estaba descaradamente basado de su maravilloso tema Boadicea. Juzguen ustedes si había base o no para una demanda. Hoy en día, todo es susceptible de ser sampleado, desde clásicos de la música negra como Nina Simone a Mike Oldfield. Lo peor es que muchas veces los samples y las inspiraciones ni siquiera están acreditados y son los tribunales quienes tienen la última palabra. Que les pregunten a Robin Thicke y Pharrel Williams.
2.- Sus letras
No se puede ser más monotemático. Vale que el Gospel habla de los evangelios (Gospel significa Palabra de Dios) y el blues habla de tristeza (blues significa Tristeza), pero estos géneros han evolucionado y se han fusionado con otros dando lugar a múltiples mutaciones de lo más interesantes. El rap habla de lo chunga que es la vida, lo chulo que soy, lo bien que rapeo, de la paliza que te voy a dar, lo chulo que soy, lo racista que es la poli y, por si no te ha quedado claro, lo chulo que soy. Quizás todo nació con el gran James Brown y su necesario Say it loud – I’m black and I’m Proud de 1968. Un poco de orgullo nunca le ha hecho mal a nadie pero el ego desmesurado puede ser un problema.
¿Y qué decir de los four-letter words? Sinceramente, nunca me ha molestado el lenguaje ofensivo ni los tacos, eso les daba cierta credibilidad al principio. Un colega me dijo una vez que un disco de rap sin la etiqueta de Parental Advisory: Explicit lyrics no podía ser bueno. Probablemente tuviera razón, la manera más directa de expresar rabia y mala leche es con un lenguaje coloquial y directo. Lamentablemente, todo ello ha caído en una especie de autoparodia. Tanto fuck, cunt, brother, nigga, bitch, pussy y tanto motherfucker han perdido su efecto.
3.- Su estética
Entiendo que en su origen los raperos llevaban la ropa de sus hermanos mayores ya que provenían de barrios pobres y heredaban la ropa. Entiendo el gusto por las zapatillas deportivas, son lo más cómodo para saltar y bailar. Pero lo de fijación por el oro no acabo de pillarlo más que como ostentación de lujo. Esas dentaduras de oro, esas cadenas y esos anillos me parecen un horror. Las lleve quien las lleve. De los relojes de cocina colgados al cuello mejor no hablo. ¿Y qué decir de esas poses al rapear?
4.- El papel de la mujer
No hay más que ver las portadas de muchos discos de rap para entender que la mujer es presentada como un simple objeto sexual, una posesión. Algo de usar y tirar. No es algo exclusivo de este género, se me ocurren otros muchos ejemplos en el rock, pero en el rap es especialmente sangrante. Aún más dañino me parece que muchas mujeres raperas han aceptado el rol de objeto sexual y lo explotan al máximo. Poco importa que su voz sea desagradable o sus canciones sean una auténtica pesadilla, lo único que importa es que ellas salgan meneando sus híper culos en el vídeo. Siempre se ha jugado con la provocación y el erotismo en los vídeos musicales (algo que nunca me ha molestado, lo reconozco) pero este vídeo de Nicki Minaj me parece todo un paradigma de cómo la revolución sexual de la mujer ha retrocedido varias décadas. Tanto feminismo y tanta lucha por la igualdad de sexos para que las raperas más significativas se presenten como esclavas sexuales. No digo que haya que censurar estos vídeos, ni mucho menos, solamente digo que me parecen denigrantes para la mujer. No es algo exclusivo del rap, aquí va otro ejemplo de canción ciertamente lamentable con un vídeo que pretende escandalizar, esta vez a cargo de una tal Rihanna.
5- La innegable influencia del rap en la música popular
El rap vino para quedarse. Ya lleva varias décadas entre nosotros y ya no procede decir que es una moda pasajera. Es toda una realidad, por mucho que nos pese. Es más, su influencia en la música negra es innegable en multitud de artistas actuales. Lamentablemente, en los discos de divas del RnB como Beyoncé o Rihanna se nota excesivamente la influencia del rap. Por cierto, Mariah Carey se quemó por jugar demasiado con este estilo. Volviendo al punto 1. aquí tenéis un vídeo de la Carey cantando sobre un tema ajeno. Hasta Michael Jackson incluyó raps en su disco Dangerous de 1991, incluso Prince se dejó seducir por este estilo a principios de los 90. Pero lo peor de todo es que dio origen a horrorosas y edulcoradas mezclas ultracomerciales que destrozaron nuestra juvetud en los noventa. Que levante la mano quien no bailara como un loco con este otro tema que fusionaba rap con música de baile.

6- La realeza negra
Que nadie me acuse de racista todavía. Crecí escuchando compulsivamente a Prince y gracias a él descubrí a James Brown, Thelonious Monk, Miles Davis, Nina Simone, Charlie Parker, Jimi Hendrix, John Coltrane, Duke Ellington, Dizzy Gillespie y George Clinton. ¿Qué tienen en común todos estos grandes artistas? Que son grandes artistas. No me importa el color de su piel, ni el suyo ni de nadie. Eso sí, no me gusta esa especie de gran clan todopoderoso de la música moderna formado por Beyoncé, su marido Jay Z, Nicki Minaj, Rihanna y el insoportable Kanye West (a quien le dedico el punto siguiente de mi lista). Esta nueva aristocracia de la música popular norteamericana es en buena parte responsable de que en las radio formulas actuales sólo se escuche bazofia y que la música popular se haya ido al traste. Han llevado el RnB a las listas de éxito y ganan muchos Grammys pero poco queda de la inmensa calidad de la música negra de décadas pasadas. No pienso bajarme su plataforma de descarga digital Tidal por mucha calidad de audio que tenga. ¿Para que? ¿Para oír su música y la última chorrada para adolescentes de Madonna? No, gracias. Tampoco el precio de 20 dólares al mes me parece muy asequible. Es curioso que estos artistas que viven en mansiones se quejen de que las plataformas digitales les pagan poco dinero y se creen una propia. No me jodas. Lo que no entiendo es cómo engañaron a Jack White y Arcade fire para involucrarse en este proyecto.
7- Kanye West
El tipo más egocéntrico del planeta. Un día se compara con John Lennon, otro con Leonardo DaVinci, otro con Picasso, el siguiente con Jesús y al día siguiente dice que se va a presentar a presidente de Estados Unidos. Visto que cualquier egomaníaco puede ser presidente, igual tiene posibilidades. El tipo se cree un hombre del Renacimiento y hasta se ha lanzado a diseñar ropa. Se sabe superior al resto de los mortales e incluso se sube al escenario a reírse de Beck cuando le dan el Grammy (un premio bastante desprestigiado ya de por sí) al mejor disco del año. Supongo que lo de estar casado con una experta en el egocentrismo desorbitado como la petarda de Kim Kardashian le habrá influido. Los raperos siempre han sido bastante soberbios, es una actitud inherente al género, pero lo de este brother ya pasa de castaño oscuro. Creo que el tipo tiene talento y debo reconocer que su disco My beatiful dark twisted fantasy (2010) me gustó, pero el personaje mediático se ha comido al excelente músico que una vez fue. Vamos, que me cae mal, será por pura envidia.
8- El gangsta rap
No basta con ser el tipo más chulo del barrio, lo que mola es ser un auténtico gangster y vanagloriarte de ello en tus letras y las portadas de los discos. Qué demonios, hagamos apología de las armas y la violencia, contemos nuestras correrías ilegales y nuestros excesos con todo lujo de detalles. Aparezcamos en las portadas de nuestros discos armados hasta los dientes sentados en nuestros coches de lujo y junto a nuestras chatis. A disfrutar que son dos días hasta que una banda rival nos acribille a balazos. El problema reside en que muchos casos no era una pose comercial y muchos raperos han caído bajo una lluvia de plomo.
9- Public Enemy
OJO, CUIDADO. Estos tipos realmente lo petaron y fueron unos de los padrinos incontestables de todo este embrollo, ahí están sus primeros discos. Chuck D y Flavor Flav son auténticos iconos de la cultura hip hop por méritos propios. Me gusta It Takes a Nation of Millions to Hold Us Back (1988) e incluso creo que fueron muy hábiles al mezclar acertadamente el rap con sonidos de metal (sampleando a Anthrax o Slayer). Sus letras eran puro ácido escupido a la cara de una América racista que intentaba mirar hacia otro lado. Lo de las dentaduras de oro y los relojes de cocina es perdonable. Debo reconocer que Public Enemy y Wu Tang Clan son de los pocos grupos de rap que me agradaban simplemente por su visceralidad. Sin embargo, tras unos primeros años gloriosos que dejaron huella en la música popular… su carrera se fue al traste de manera vertiginosa. Quizás el género no daba más de sí o la rutina de las giras acabó por asfixiar al grupo. Pero la magia se esfumó. Vi a Public Enemy en directo en el FestiMad de 2003 y me parecieron una pálida sombra de lo que una vez fueron. Su concierto fue aburrido, disperso, falto de energía y lleno de parones entre canción y canción. Lamentable. Yo les tenía bastante respeto y se lo perdí.
10- El rap en castellano
El rap nació donde nació y exportarlo a otros idiomas no suele salir bien. Sus rimas y sus síncopes no quedan bien al adaptarlas a otros lenguajes. Aún así el rap en francés, por la sonoridad del idioma, ha dado algún resultado muy apañado, incluso en italiano he oído algún rapero aceptable. En castellano inicialmente creo que sólo Los violadores del verso (juntos o por separado) han hecho algo que realmente valga la pena aunque no seas seguidor de este estilo. Además, El rap en castellano adolece casi siempre de buena parte de los vicios anteriormente citados.
11- El trap
Bola extra. Venga, estoy mayor, lo admito. No puedo con el trap. Según Wikipedia: «El trap mantiene una fuerte influencia del hip hop, tanto estética como técnicamente. Sin embargo, en la mayoría de los casos la métrica de la música trap es considerablemente más sencilla que la del rap tradicional, llegando en ocasiones a ignorar completamente la medida de los versos o la rima. Esta es la mayor diferencia entre ambos géneros, que a menudo suelen confundirse.» Pues genial. No me gusta. Algunos elementos como la denuncia social del rap que le daban autenticidad han desaparecido en su evolución lógica del trap. Lo del trap latino y el reguetón ya es la leche. Me encanta que ya no haya prejuicios ni barreras aunque el perreo, el autotune y rimas podrían dar más juego. Tampoco me gustan esos cantantes (tanto masculinos como femeninas) que parece que han grabado recién levantados o con la boca llena. Lo de la vocalización parece que no está de moda.
Repito, esta entrada es solamente una apreciación personal, no pretende sentar cátedra ni es un decálogo a seguir por mandato divino. Es solamente una opinión (tan discutible y respetable como cualquiera) y así debe entenderse.





