Tras el lanzamiento de ese nefasto artefacto que es The Endless River, reconozco que estaba un poco asustado con la salida de un nuevo disco de David Gilmour. Su cuarto álbum en solitario, Rattle that Lock , un proyecto que tuvo que aparcar para ultimar The Endless River, por lo que esperaba que los sonidos y las influencias de un new age para la tercera edad no hubiesen hecho mella en este trabajo como en el que puso punto y final a la carrera de Pink Floyd.
A sus 69 años, David Gilmour se conserva perfectamente. Por eso, se atreve a lanzar su cuarto disco en solitario ayudado de su mujer, Polly Samson, que escribió la mayor parte de las canciones. Por lo visto, de Polly fue la idea de la canción que da título al disco; porque “es una entusiasta de Paradise Lost, de John Milton”, un poeta y ensayista inglés. También cuenta con la producción de su amigo Phil Manzanera y la colaboración de David Crosby y Graham Nash en “A Boat lies Waiting”, todo lo necesario para que sea una obra redonda y que nos quite el mal gusto de boca que nos dejó Endless River.
Lo primero que me agrada es la portada, un diseño creado por Dave Stansbie y luego esos 3 primeros minutos de “5 A.M.”, que enseguida ayuda a rememorar tantos buenos recuerdos, puro Pink Floyd. A continuación nos llega el tema que da título al disco, una composición correcta de rock comercial nada desagradable, pero lejos de lo que Gilmour sabe hacer. Como dato curioso, mencionar que David se inspiró en el jingle que utiliza los ferrocarriles franceses SNCF para hacer sus anuncios por megafonía (Do-Sol-La Bémol-Mi bémol). Tras este tema, uno teme que el disco vaya a seguir por el mismo camino, pero cuidado… lo que sigue es 100% Gilmour haciendo llorar su guitarra como solo él sabe, deslizando su música como un pincel sobre una acuarela, suave como la brisa y directa al corazón. Escuchen “In Any Tongue” por favor.
Sólo “The Girl in the Yellow Dress” sobra, un tema de jazz anodino digno de la música de un crucero del imserso. Sí, ¿quién quiere escuchar a Gilmour tocar jazz facilón cuando acaba de deleitarse con siete temas previamente? Menos mal que no nos deja con este mal sabor de boca y retoma con brío las riendas en las dos últimas composiciones.
Con “Today” tenemos el típico ritmo casi marcial que tan bien sabía aplicar a algunos temas los Floyd. Y, con “And Then…”, Gilmour vuelve a gemir con su guitarra haciendo gimotear sus seis cuerdas para dejarte con una sonrisa en la cara.
Es verdad que no es un disco que deja completamente satisfecho, y que un par de temas un poco más enrevesados y largos hubieran hecho las delicias de los fans mas proggers, pero, como he dicho, es un trabajo muy sólido que deja satisfecho al oyente.
Magnífico trabajo de Guy Pratt al bajo, que ya conoce muy bien lo que quiere el jefe, ya que fue el que remplazo a Water en Pink Floyd durante la última etapa de la banda. Andy Newmark en los parches es ir a lo seguro, músico de sesión capaz de tocar cualquier estilo. Pero, sobre todo, quiero resaltar que David no se olvida de su viejo amigo, el genuino Robert Wyatt que aporta sus deliciosas pinceladas con su corneta de bolsillo. Por si fuera poco, también incluye voces de su “eterno” amigo Richard Wright.
Y, para terminar, si eres realmente un fan de Pink Floyd desde siempre, sabrás que en la segunda guitarra está Bob Close, llamado igualmente Rado Klose o Brian Close, y este sí que es un inmenso guiño a los Pink Floyd, ya que Klose fue el primer guitarra de la banda cuando aún se llamaban The Abdabs. Klote se interesaba más por el jazz y dejó el grupo en 1965. Luego, se convertiría en fotógrafo profesional. En 2006 grabó algunas partes de guitarra para el “On a Island” de Gilmour.
Rattle that Lock es como un buen vino, no se tiene que consumir deprisa y hay que saborearlo con tranquilidad. Con cada nuevo trago se aprecian nuevos matices, aromas y percepciones.

