LOS MALOS DE HOLLYWOOD

Actores que marcaron la maldad en sus roles

La continua lucha entre el bien y el mal se ha creado en el mundo del cine entre “los buenos” y “los malos”. Y hay actores que han tenido épocas en que son recordados por protagonizar papeles de duros o malvados, aunque en otra parte de su carrera lo hayan solventado con otros roles mucho más inocentes u honestos.

Casi todos los iconos de Hollywood han paseado por ambas partes del acantilado salvo concretas figuras como Cary Grant, pero hasta figuras como Gregory Peck tienen actuaciones más oscuras como en “Duelo al sol” o directamente malignos como en “Los niños del Brasil”.

Hay otros que siempre han jugado con sus distintas actuaciones en películas de todo tipo, aunque son recordados por ponerse en la piel de auténticos malajes como Robert Mitchum en “La noche del cazador” o “El cabo del terror”, o los rostros maestros del terror clásico como Bela Lugosi (“Drácula”), Boris Karloff (“La momia”) o Peter Lorre (“M, el vampiro de Düsseldorf), o más modernos como Chrisopher Lee como Drácula, Fu Manchú, Saruman o el Conde Dooku en las sagas de El señor de los anillos o Star Wars.

Incluso hay rostros conocidos por un papel en concreto como Raymond Burr en la piel de Perry Mason, aunque todos lo recordamos como el malo de “La ventana indiscreta”, iconos de determinados géneros como Edward G. Robinson o James Cagney en el cine negro de los años 30, hasta figuras con trasfondo maligno como Sidney Greenstreet (“La máscara de Dimitrios”), Ernest Borgnine (“De aquí a la eternidad”) o alguna de las pocas interpretaciones del director Erich von Stroheim (“Cinco tumbas al Cairo”).

Otros más recientes son clasificados por alguno de sus papeles más emblemáticos, como Robert De Niro en sus incursiones en el cine mafioso o como Louis Cypher, Kevin Spacey por sus roles en “Seven” o “Sospechosos habituales”, Michael Madsen como el Sr. Amarillo en “Reservoir Dogs”, Anthony Hopkins como el Dr. Lecter en la saga de “El silencio de los corderos” o Christoph Waltz por su interpretación espeluznante como el Coronel Hans Landa en “Malditos bastardos”.

Pero voy a intentar nombrar el decálogo infalible de nombres ligados a hombres malvados o duros. Seguro que cambiarías a alguno por otro de tus preferidos, pero es indudable que los 10 lo son, y voy a poner dos ejemplos de cada uno con ambas películas que demuestren la grandeza de sus dotes interpretativas.

Son solo 10, aunque hay muchos más, y el encasillamiento de algunos les impidió demostrar todo su talento, y hay otros que su rostro ya les metía directamente en esos personajes. Voy a nombrarlos, como siempre, por orden cronológico de su nacimiento, sin ninguna intención de ordenarlos y recomendando un par de sus películas. Espero entretenerte y suscitarte algún interés en verlas. Y, como siempre, gracias por leer.

1.- Dan Duryea (1907): De Nueva York pasó a California, de Broadway a Hollywood. Se especializó en personajes oscuros y violentos en el cine negro y su figura queda reflejada en obras maestras del género como “Perversidad”, “El ministerio del miedo”,  “El gran Flamarión” o “Aves de rapiña”. En los 50 combinó la televisión con papeles reconocibles en el cine como en “Winchester 73”, “Chicago calling” o “Filón de plata”, aunque su debut con Fritz Lang sea la más reconocible.

La mujer del cuadro, Fritz Lang (1944):

El profesor Wanley se queda solo en Nueva York y se reúne todas las noches con sus amigos, el Dr. Barkstane y el Sr. Lalor, fiscal del distrito, y se obsesionan con un retrato de mujer que está en la puerta de al lado del club en el que se juntan para cenar. Una de esas noches, el profesor se queda solo en el club y, al salir, conoce a la mujer retratada. La maestría con la que Fritz Lang presenta el caso, y la presencia imponente de Edward G. Robinson y Joan Bennett como protagonistas la convierten en una obra maestra imperecedera. Dan Duryea aparece en la media hora final como el chantajista que intenta aprovechar la oportunidad y esa media sonrisa, esa ironía en sus diálogos y esa violencia contenida son el ejemplo de ese personaje malvado que le ha llevado a la historia del cine.

El abrazo de la muerte, Robert Siodmak (1949): Steve vuelve a casa tras pasar un tiempo deambulando tras su divorcio con Anna, pero al llegar vuelve a encontrarse con ella. Anna está saliendo con Slim y, para intentar recuperarla, se mete en atracos y negocios sucios. Dentro del cine negro y con una femme fatale como Yvonne de Carlo, Burt Lancaster hace de inocentón y Dan Duryea es el malvado que saca lo peor de los que tiene al lado. El alemán Robert Siodmak, el húngaro Miklos Rozsa y el checo Franz Planer se encargan de la dirección, la música y la fotografía de un referente del noir clásico, con un reparto fantástico y un malo del calibre de Dan Duryea.

2.- Robert Ryan (1909): De origen irlandés y de imponente presencia, fue boxeador y cowboy, llegando al estrellato en Hollywood en la segunda mitad de los 40. Trabajó con muchos de los directores de talento de la época como Max Ophuls, Jean Renoir, Jacques Tourneur, aunque serían los 50 los que le llevaron a trabajar en sus mejores papeles con directores de la talla de Fritz Lang, Nicholas Ray o Raoul Walsh. Su especialización en roles de malvados y ruines lo convirtieron en un imprescindible de ello, destacando películas como “Los profesionales”, “Grupo salvaje” o “El día más largo”.

Encrucijada de odios, Edward Dmytryk (1947): Un asesinato en una habitación de hotel cae en manos del Capitán Finlay que investiga la implicación de varios soldados en ello. Los intríngulis del caso van dando vueltas alrededor del Cabo Mitchell, el soldado Montgomery o el Sargento Keeley. Los 3 Robert, Young, Mitchum y Ryan, encabezan un reparto con grandes nombres como Sam Levene o Gloria Grahame, que obtuvo 5 nominaciones al Oscar, incluido Ryan, en un año marcado por el antisemitismo y acabando de cerrar su universo oscuro en el ámbito hollywoodiense.

Colorado Jim, Anthony Mann (1953): Jim perdió su rancho durante la Guerra de Secesión y pretende recuperarlo cobrando la recompensa por atrapar a Ben, un forajido que vale 5.000 dólares. Por el camino se encuentra a Jesse y a Roy, que le ayudan a cambio de su parte de la recompensa, y Ben va acompañado de Lina, la joven que va a determinar la deriva de lo sucedido. Cuando James Stewart volvió de la IIGM mostró una cara vengativa que no había mostrado. Al unirse a Anthony Mann se acentuó más todavía, pero aquí se une a Robert Ryan que por sí mismo ahonda mucho más en la maldad del ser humano, en la traición y en la verdad escondida. Esta es solo una muestra de su talento.

3.- Vincent Price (1911): Vincent Leonard Price impone por su talla, más de 1,90, y se liga su figura al cine de terror y ciencia ficción. En sus inicios se le asocia al Mercury Theatre de Orson Welles o a su amistad con la actriz clásica Helen Hayes. En los años 40 realizó importantes papeles secundarios en películas míticas como “Laura” de Otto Preminger o “El castillo de Dragonwyck” de Joseph Leo Mankiewicz, pero fue en la década siguiente cuando se unió definitivamente al cine de género con títulos como “Los crímenes del museo de cera” de André De Toth o “Mientras Nueva York duerme” de Fritz Lang. Fue su unión a William Castle y, sobre todo, a Roger Corman lo que lo convirtió en un icono del terror, aunque todos siguen recordando sus apariciones en “Los diez mandamientos” de Cecil B. De Mille o “Los tres mosqueteros” de George Sidney. Voy a rescatar una de mis películas favoritas de uno de los géneros que lo ha hecho inmortal, la ciencia ficción.

La mosca, Kurt Neumann (1958): Voy a recurrir a un papel secundario en el que, como excepción, Vincent hace de bueno. André es un investigador que descubre algo asombroso pero, en uno de sus proyectos, comete un error que le va a costar la vida. Su esposa Helene es la acusada de matarlo y la insistencia de su cuñado François y del Inspector Charas terminan por descubrir la verdad. Un referente absoluto de la ciencia ficción de la década de los 50 que conoció un remake en los 80 e imprime el papel de bonachón que Vincent Price esconde tras su fama, su carrera y sus referentes más recurrentes. Dividida en 2 sectores, uno central ajustado al drama de lo acontecido en que André y Helene son los protagonistas, y otro  seccionado en un tramo inicial y otro final, en que el resto son el centro de lo que vamos viendo en la pantalla. Un ejemplo de la capacidad interpretativa de uno de los malvados por excelencia del séptimo arte.

El abominable Dr. Phibes, Robert Fuest (1971): El Doctor Phibes, envenenado por la muerte de su esposa en una operación, decide vengarse años después de todos los que participaron. Desfigurado y con una maldad malsana va acabando, uno a uno, con todos ellos según las plagas que el libro del Génesis vaticina. Con Vincent Price en el rol del Dr. Phibes y Joseph Cotten en el médico jefe de la operación, el Dr. Vesalius, se va creando una atmósfera maléfica en un edificio nocivo, repleto de objetos malévolos y un ambiente opresivo. Vincent Price, sin hablar, explotando el daño a través de sus ojos, consigue que una producción de bajo presupuesto tenga un encanto especial, llegando a estrenarse una secuela justo al año siguiente.

4.- Richard Widmark (1914): Empezó en radio y televisión hasta que Henry Hathaway le dio la oportunidad de debutar en Hollywood en un papel icónico. Personalidades opuestas, casi siempre al borde de los 2 lados, le convirtieron en un rostro habitual en el western y el cine negro. Se mantuvo en la cresta en las décadas de los 50 y 60, trabajando con Elia Kazan, Vincente Minnelli o John Ford en la dirección y estrellas como John Wayne, Gregory Peck o James Stewart como compañeros de viaje. En los 70 pasó a la televisión, dejando su última interpretación recordada en “Coma” de Michael Crichton junto a Michael Douglas, Geneviève Bujold, Ed Harris o Tom Selleck.

El beso de la muerte, Henry Hathaway (1947): El debut de Richard Widmark en el cine iba con nombres ilustres en la producción, como Hathaway tras la cámara o Ben Hecht y Charles Lederer tras la máquina de escribir. Nick es arrestado y condenado por un robo a una joyería pero, a los 3 años, decide colaborar con la fiscalía al enterarse que su esposa se ha suicidado y sus 2 hijas menores quedan en un orfanato. Al salir en libertad condicional intenta retomar una vida normal pero la aparición de Tommy Udo le obliga a extender su colaboración con el ayudante del fiscal del distrito para mantener a sus hijas y a su nueva esposa a salvo. Enorme aparición de Widmark en la gran pantalla con la creación de un malvado icónico, con esa risa nerviosa y esos arranques psicóticos, dejando para la historia una de las escenas más recordadas al tirar por unas escaleras a una minusválida. Logró una nominación al Oscar con su 1ª aparición en el mundo del cine, pasando a ser uno de los rostros que no paró de crecer en las siguientes décadas.

Cielo amarillo, William A. Wellman (1948): Un grupo de ladrones, liderados por Strecht, huyen del ejército estadounidense a través de un desierto de sal y aparecen en un poblado deshabitado al otro lado. Allí descubren que todavía hay una mujer y su abuelo porque encontraron oro y se enfrentan a ellos para quedarse con el botín. Gregory Peck lidera a los forajidos y, dentro de ellos, Richard Widmark da vida a Dude, el líder dentro del grupo para quedarse con todo. Anne Baxter y James Barton interpretan a los 2 resistentes en el poblado y Harry Morgan, Robert Arthur, Charles Kemper y John Russell acompañan a Peck y Widmark entre los proscritos, aunque son estos 2 últimos los que quedan grabados en tu memoria.

5.- Sterling Hayden (1916): Este tipo, en su vida, superó con creces los personajes interpretados en la gran pantalla. Fue marinero, bombero, capitán de barco, aventurero, dio varias vueltas al mundo, espía, participó en la IIGM, actor, director, escritor…, aunque su colaboración con el maccarthismo en los 50 le llevó al alcoholismo. Su presencia imponente, mal carácter y su voz grave y dura le llevaron a papeles de tipo duro. El western y el cine negro fueron sus momentos más recurridos y recordados, siendo recordado por “Johnny Guitar” o “Terror en una ciudad de Texas”. En los 60 es recordado por su papel en “¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú” de Stanley Kubrick, y en los 70 por poner cara al jefe de policía corrupto en “El padrino” de F.F. Coppola. Hay muchas opciones sobresalientes, pero me decantaré por mi película favorita, donde Sterling da una lección absoluta en una obra maestra de uno de los grandes.

La jungla de asfalto, John Huston (1950): El Doctor Riedenschneider sale de la cárcel y va a ver a Cobby para ejecutar un atraco que lleva planificando todo el tiempo que estuvo en prisión. Es de una importancia tan grande que involucra al Sr. Emmerich para financiarlo y llevarlo a cabo. Dix, Gus y Louis forman la banda junto al Doctor y el Comisionado Hardy o el Teniente Ditrich constituyen el lado policial, mientras Jean Hagen o Marilyn Monroe dan vida al lado femenino del atraco. Obra maestra indiscutible del cine negro, donde John Huston pone en imágenes el relato de W.R. Burnett, con un guión maravilloso, repleto de términos que pasarán al conocimiento popular. El hotel será la cárcel, la sopa es nitroglicerina o la bofia es la policía. Sterling Hayden lidera un puñado de perdedores, con Sam Jaffe, James Whitmore, Louis Calhern o Marc Lawrence entre los infortunados y John McIntire o Barry Kelley del lado de la ley. Una joya que tuvo la mala suerte de coincidir el mismo año que “Eva al desnudo” o “El crepúsculo de los dioses”, quedando sus 4 nominaciones al Oscar sin premio.

Atraco perfecto, Stanley Kubrick (1956): Johnny ha salido de la cárcel y va a ejecutar lo que ha pergeñado durante todo el tiempo que pasó en ella. Se ayuda de 5 tipos desesperados con sueldos irrisorios que quieren cambiar su vida, un policía, un asesino a sueldo, el barman del hipódromo y un cajero del mismo hipódromo que pretende atracar. Todo sale sobre ruedas pero, los problemas empiezan a surgir cuando hay que repartir el botín. Tiros de más, ambiciones sobrevenidas y malas decisiones comienzan a presentarse casi sin pensarlo. Con diálogos del famoso escritor de novela negra Jim Thompson, fotografía de Julien Ballard y música de Gerald Fried, se convierte en la 1ª obra maestra de Stanley Kubrick con esa voz en off tan característica que va narrando lo que va pasando. Una joya.

6.- Jack Palance (1919): Vladimir Ivánovich Palahniuk, hijo de una familia de inmigrantes ucranianos, desempeñó varios trabajos hasta que se hizo boxeador y los duros golpes recibidos, pese al éxito obtenido, le forjaron un rostro perfecto para los papeles que desempeñaría en el futuro. Combatió en la IIGM, donde sus heridas en la cara y las sucesivas operaciones ahondaron en maquillar su rostro. Al ser dado de baja del ejército, intentó estudiar en la Universidad y trabajar en otra sucesión de empleos, hasta que lo descubrió Elia Kazan y, poco después, lo hizo debutar en la gran pantalla y convertirlo en uno de los malvados más recordados. En los 50 y 60 se encasilló en esos roles de malvado en westerns, thrillers y cine negro, causándole problemas en la siguiente década. En la segunda mitad de los 80 recuperó parte de reconocimiento, incluso obtuvo un Oscar en 1991 parodiándose a sí mismo. Ya hace 20 años que nos dejó pero es uno de los rostros más reconocibles en unos papeles marcados a fuego por la vida en el semblante.

Pánico en las calles, Elia Kazan (1950): Kochar acaba de llegar ilegalmente en un barco y lo matan por querer retirarse de una partida de póker al encontrarse mal. Lo que no saben es que la razón del malestar es la peste neumónica. El teniente Reed es un médico del ejército que descubre la enfermedad y empieza a buscar a todos los que han estado en contacto con él para controlar el contagio. El Capitán Warren de la policía le ayuda y acaban dando con los maleantes de los bajos fondos que acabaron con él. Aquí Richard Widmark interpreta al bueno de la historia, quedando el rol de capo malvado para Jack Palance, acertando completamente Elia Kazan en el tratamiento dado a la narración. Logró 1 nominación al Oscar y el reparto, completado por Paul Douglas, Zero Mostel, Barbara Bel Geddes o Dan Riss, dan credibilidad a lo contado.

Raíces profundas, George Stevens (1953): Shane es un pistolero que quiere cambiar de vida por traumas pasados y, al pasar por una granja en Alabama, se queda en casa de los Starrets para ayudarles. Todos los granjeros del valle sufren los chantajes y presión violenta de Ryker para quedarse con sus tierras, pero la llegada de Shane y la resistencia de John y sus vecinos obligan a Shane a retomar sus habilidades ante la llegada de Wilson, un renombrado pistolero asesino que ha contratado Ryker. Alan Ladd, Van Heflin y Jean Arthur protagonizan este western mítico que cambia con la llegada de Jack Palance, un asesino malvado y oscuro que saca lo peor de cada uno. Uno de los papeles más recordados de Palance que lo consolidó como uno de los malos de Hollywood. Imprescindible.

7.- Jack Elam (1920): Jack perdió a su padre con tan solo 4 años y un ojo de joven trabajando en el campo. Esa tara marcó su carrera, que comenzó con casi 30 años, casi siempre como uno de los malvados en la cantidad de westerns y cine negro en que participó como secundario. Su rostro marcado por el ojo de cristal que usaba para ocultar la pérdida de un globo ocular le hizo un rostro muy reconocible y, pese a ello, sus últimos años mostró una vis cómica que explotó todo lo que pudo.

Hasta que llegó su hora, Sergio Leone (1968): Con un papel breve, pero representativo de lo que suponía Jack en ese momento. En el inicio de la película, Snaky es uno de los miembros de la banda de Frank que es asesinado por Armónica, el único que defiende a la viuda McBain del encargo que  Morton hizo a Frank para hacerse con sus terrenos. Las escenas de Snaky jugando con la mosca que no le deja descansar ante la llegada del tren son magníficas, con el estilo Leone desarrollado al 100% y el rostro de Elam inolvidable aunque salga tan poco. Puede decirse que Henry Fonda, Charles Bronson y Claudia Cardinale son los protagonistas, pero ese personaje inicial tan secundario de Jack Elam no se olvida fácilmente. Uno de los pocos roles malvados de Fonda en una de las grandes aportaciones de Leone al cine.

Río Lobo, Howard Hawks (1970): Me decanto por una de esas muestras de vis cómica en una película que le juntó con maestros como Howard Hakws o John Wayne en uno de los géneros que marcó su trayectoria. En el final de la Guerra Civil, el Coronel McNally y el Capitán Cordona se enfrentan por un cargamento de oro, pero ello les une una vez terminada la contienda. Vuelven a juntarse en Texas, cuando Cordona ayuda a su Sargento ante los robos de propiedades en su pueblo, y McNally va en busca de vengarse de los traidores que estaban a su cargo. Elam tarda más de 1 hora en aparecer, pero deja marcada su presencia en esos 45 minutos finales con una ironía y sarcasmo que te hace sonreír sin parar pese a los tiroteos y trucos malvados empleados por los corruptos.

8.- Lee Marvin (1924): Mal estudiante, acabó combatiendo en la IIGM sufriendo una herida que le devolvió a EE.UU. Una casualidad le llevó a ayudar en los ensayos de un teatro en el que trabajaba de fontanero, y de ahí a Nueva York y después a Hollywood. Trabajó mucho como secundario en los 50, con papeles muy destacados en “Los sobornados”, “Conspiración de silencio” o “El hombre que mató a Liberty Valance”, pudiendo elegir cualquiera de esas cintas. Desde ahí fue encontrando protagonismo siempre dentro de unos límites salvajes y duros. “La taberna del irlandés”, “La ingenua explosiva”, por la que logró el Oscar, “Doce del patíbulo”, “Infierno en el Pacífico” o “La leyenda de la ciudad sin nombre” lo encumbraron en la élite, aunque su afición al tabaco y su alcoholismo acabaron con él.

Código del hampa, Don Siegel (1964): Charlie y Lee son 2 asesinos a sueldo que matan a Johnny en una escuela para ciegos pero, al salir, se preguntan por qué y empiezan a investigar. A base de flash backs van conociendo la historia de Johnny, Sheila, Jack, Mickey, Earl y demás. Van buscando e interrogando a cada uno de los implicados y atando los cabos para conocer lo que ha pasado. Lee Marvin y Clu Gulager son los sicarios, Angie Dickinson la mujer fatal, Ronald Reagan el jefe del clan mafioso y John Cassavetes el protagonista de toda la historia. Una nueva visión del relato “The killers” de Ernest Hemingway casi 20 años después.

A quemarropa, John Boorman (1967): Walker dio un golpe pero fue traicionado por su mujer y su mejor amigo. A los años intentará recuperar el dinero que le corresponde y castigar a ambos. Lee Marvin, violento y vengativo, da vida a un tipo al que dan por muerto y dedica el resto de su vida a vengarse. Sharon Acker y John Vernon son los que ponen cara a su esposa y su colega, y Angie Dickinson o James B. Sikking los que van cobrando protagonismo en este thriller tan negro como el azabache.

9.- Lee Van Cleef (1925): Tras la IIGM, donde participó en la Marina, empezó a trabajar en el teatro neoyorkino hasta que empezó a aparecer como secundario, gracias a sus duros rasgos, en la década de los 50 en Hollywood, con grandes títulos como “Solo ante el peligro”, “El cuarto hombre”, “Agente especial”, “Cazador de forajidos” o “Duelo de titanes”, destacando “El hombre que mató a Libery Valance” de John Ford. Se retiró del cine para dedicarse a pintar hasta que Sergio Leone le reclamó para su famosa trilogía del dólar y convertirlo en una de las caras visibles del spaguetti western. Su cara afilada y sus ojos profundos de mirada oscura lo convirtieron en idóneo para papeles de tipos con una cara escondida y unas intenciones más tenebrosas de lo imaginado. Hizo carrera en Italia y España llegando a rodar multitud de películas del género como protagonista. Intentado decidir qué película nombrar, solo podía recurrir a una de las que actuó para Leone.

La muerte tenía un precio, Sergio Leone (1965): El Manco y el Coronel Mortimer son 2 caza recompensas que se ganan la vida con el dinero que recaudan al entregar, vivos o muertos, a los tipos que la justicia persigue. Unen fuerzas para culminar la caza de El Indio y su banda, valorados en 30.000 dólares, y para cumplir su venganza. Segunda parte de la Trilogía del Dólar, dirigida por Sergio Leone y protagonizada por Clint Eastwood, con la aparición de Lee Van Cleef como personaje principal de la trama. Cuenta con nombres reconocidos de la cinematografía española y europea, destacando a Gian Maria Volonté o Klaus Kinski y, la enorme banda sonora de Ennio Morricone, los característicos paisajes almerienses y la enorme mitificación de los personajes, la convierten en un western sobresaliente y un icono del género, terminando de convertir a Eastwood en una estrella y a Lee en uno de los duros por antonomasia de la historia del cine, guiado única y exclusivamente por el deseo de venganza.

El día de la ira, Tonino Valerii (1967): Scott es un joven bastardo que deambula por un pueblo mientras todos le denigran, hasta que llega Frank Talby, un pistolero, en busca de venganza y una deuda pendiente desde hace 10 años. Se enfrenta a varios de los que maltratan a Scott y este le sigue para ser su ayudante y aprender las 10 lecciones que debe saber para portar armas. Todo lo que ha sufrido le convierte en un gran pistolero y el futuro le hará enfrentarse a su maestro. Lee Van Cleef se hizo un imprescindible del spaguetti western y este es uno de los más recordados. Rodado en Almería con producción italo-alemana, destaca también la música de Riz Ortolani que, muchos años después recordó Quentin Tarantino.

10.- Henry Silva (1926): Y tenemos que acabar con “El hombre al que amas odiar”, ese neoyorquino de rostro acerado, ojos malvados y complexión granítica que, especializado en films de serie B y de su paso por Europa (trabajó mucho en Italia) aprovechando que sabía italiano y español, todos recordamos por alguno de sus papeles de matón con los que decoró su carrera. Puede que su película más completa sea “The Manchurian Candidate” y que sus inicios como secundario con grandes directores como Elia Kazan, Fred Zinnemann o John Sturges sean lo más destacado, pero me voy a decantar por una que le unió a grandes nombres como Henry King en la dirección o Gregory Peck como protagonista en un western del que todavía recordamos su presencia.

Desafío en la ciudad muerta, John Sturges (1958): Clint va a ser ahorcado a la mañana siguiente y Jack, un antiguo compañero de fechorías, le salva en compensación a lo que hizo por él antes. Al volver a su puesto de Marshall descubre que Clint ha vuelto a juntar a su antigua banda para recuperar el dinero que obtuvieron de un anterior atraco. El enfrentamiento entre ambos se complica con su relación con Peggy y la aparición de Ortero, Rennie y Wexler, sus antiguos camaradas. Henry es Rennie, uno de esos bandoleros que secuestran a Jake y Peggy para ir en busca del dinero y, con una simple mirada, sabes que sus intenciones no son buenas. Uno de los westerns que encasillaron a Henry como parte de los malvados de cada historia, con John Sturges en la dirección y 2 estrellas del nivel de Richard Widmark y Robert Taylor al frente.

El vengador sin piedad, Henry King (1958): Jim se dirige a un pueblo para asistir al ahorcamiento de 4 tipos que mataron a su esposa e hija. Al llegar allí despierta la duda entre los vecinos hasta que, la noche antes, los 4 escapan, y él continúa la persecución. Gregory Peck encarna a la venganza y Stephen Boyd, Lee Van Cleed, Albert Salmi y Henry Silva a los 4 forajidos. Puede que le sobren los tintes religiosos, pero la imponente presencia de Peck y la crudeza que los 4 condenados dan a sus personajes consiguen que la persecución y la tensión se mantengan durante toda la proyección, con unos paisajes y una fotografía fantásticos.

Seguro que hay un montón de tipos que encarnan a la perfección la maldad y peligro que intentamos rescatar en este artículo, pero hasta aquí los elegidos por mí. Espero que sepas disculpar los errores pero, si consigo que levantes una ceja interesado por alguna de las propuestas, la satisfacción está conseguida. Como siempre, gracias por leer.