Spiderman: Brand New Day

Cuarta película en solitario del nuevo Spiderman de Tom Holland, tras Homecoming, Lejos de casa y No Way Home, después de debutar con Marvel en Capitán América: Civil War. Un arácnido enmascarado que sustituye al Tobey Maguire de las películas de Sam Raimi y al Andrew Garfield de The Amazing Spider-Man con bastante éxito, pues sus aventuras son entretenidas.

En esta ocasión, Brand New Day intenta ofrecer un espectáculo más épico. Una cinta con muchas más pretensiones que sus predecesoras, pues hay bastante menos humor del habitual y la ayuda de otros Vengadores es infinitamente menor que en otras ocasiones, con Iron Man o el Dr. Strange. Por allí aparecen la nueva Viuda Negra de Florence Pugh y el Dr. Banner/Hulk de Mark Ruffalo, aunque de forma casi testimonial.

Lo que aquí tenemos es a un joven que ha tenido que hacer olvidar a todo Nueva York quién es, incluida su novia, MJ, y su mejor amigo. Eso le ha convertido en un ser solitario que lucha contra el crimen a tiempo completo, lo que le lleva a convertirse en alguien amargado y sin relación con nadie. No es el alcohólico y sarcástico protagonista de la brillante serie Spider-Noir, pero su vida se resume en vivir para trabajar, no trabajar para vivir. Un peligroso nuevo caso, con un villano que utiliza la telequinesis, hará que se replantee volver a su pasado y revelar a su círculo más cercano quién es.

Como se puede observar, los tres guionistas han intentado aportar más drama, aunque pensamos que es superior la anterior No Way Home, de duración similar, e incluso Lejos de casa, que se convertía en un divertimento de acción con nulas pretensiones de trascender. En Brand New Day intentan aportar una historia más madura, pero, a pesar de ser entretenida, queda lejos de encontrarse entre lo mejor de la factoría.

Quizás buena parte de culpa la tenga la decisión de sustituir al director de las anteriores entregas, Jon Watts, por Destin Cretton, que hasta ahora solo había realizado para Marvel Shang-Chi y la leyenda de los Diez Anillos, posiblemente el peor largometraje de todas las fases. Esta no llega a esas cotas, pues estamos ante un producto entretenido y con momentos brillantes, pero lejos de esa épica por la que parecen apostar, donde los combates y las peleas son de lo mejor gracias a una puesta en escena basada en los efectos visuales.

El reparto sí funciona, con un elenco ya conocido encabezado por Tom Holland, junto a Zendaya y Jacob Batalon. A ellos les acompañan el eficaz Jon Bernthal, Sadie Sink o Liza Colón-Zayas, todos ellos conocidos por sus trabajos en la pequeña pantalla en series como The Walking Dead, Stranger Things o The Bear. Como dijimos antes, hay menos protagonismo del esperado para Mark Ruffalo y Florence Pugh.

Aun con todos sus defectos, nadie puede afirmar que sea un filme aburrido ni mal realizado, pues estamos ante una superproducción palomitera con intención de recaudar lo máximo posible, aunque en la actualidad el cine de superhéroes tenga menos aceptación que antaño.