El hard rock ha confirmado una cita ineludible con la ciudad de León a través del Lion Rock Fest que este sábado 7 de noviembre celebraba su cuarta edición en el Palacio de Congresos de la ciudad norteña. Una fantástica organización permitía que el acceso al recinto, a pesar de la multitud de fieles del Hard Rock y el Heavy Metal -que la mañana del sábado tomaban el centro de León convirtiendo la amurallada zona en un bastión metálico que llenaba bares en una diversa exposición de camisetas negras y chupas de cuero- fuese fluido. Antes de llegar a la zona habilitada donde conviven los dos escenarios -Mahou y León- donde cobra protagonismo la música en directo, nos encontramos con una considerable carpa dedicada al merchandising -donde se van acumulando deseosos fans- los lugares habilitados para intercambiar euros por lions -moneda oficial del festival- y la primera barra, que contemplan la peregrinación continua hacia la zona donde las bandas se encontrarán con el público para cual ofrenda de los dioses a su pueblo, ofrecerles sus canciones.

A las 18.30, Dare, la banda del ex Thin Lizzy, Darren Wharton, eran los elegidos para abrir esta edición del festival y por la respuesta de la gente, estaba claro que también una de las bandas más esperada. Con un Wharton en bastante buena forma tanto física como vocal, Dare comenzaban con una potente “Born in the storm” que mostraba que la banda estaba dispuesta a mostrar su cara más potente, su faceta hard rockera. Un Wharton muy participativo y comunicativo durante todo el concierto conduce perfectamente el show del grupo contando para ello con una banda como funciona como un reloj aunque los teclados nos terminasen de escucharse a veces como el propio Wharton reclamó en “Raindance”, una canción donde estos cobran vital importancia. Interpretaron clásicos como “Abandon”, una coreadísima por el público “We don’t need a reason”, que no sería la única ya que el vocalista supo explotar a la perfección la conexión creada con el público, “Into the fire” o “Road to Eden”. Un concierto fantástico de Dare que dejó satisfechos a todo el mundo.
Con el tiempo casi justo para cambiar de escenario, eran los suizos Fighter V los siguientes en tomar las tablas del Lion Rock Fest. Si Dare representaban la experiencia, Fighter V son esa necesaria sangre nueva que esta reforzando y aupando un género como es el Hard Rock que cuenta de un excelente estado de salud. Con un sonido potente, afilado, cobrando protagonismo los riffs de guitarra y todo ello con el colofón que es la voz de Emmo Acar y sus inflexiones “coverdalianas” consiguieron meterse al público rápidamente en el bolsillo con un show energético, en el que conjugaron de manera maestra los pasajes melódicos de su música con la fuerza propia del Hard Rock. Canciones como “Victory”, “There’s no limit (speed limit)” -una de mis favoritas de la actuación de los suizos-, “Deja Vu” o “Eye to eye” dejaron claro que Fighter V no solo son capaces de hacer muy buenos discos sino que son capaces de trasladarlos al directo.
Viendo la reacción de la gente, Kee Marcello era otro de los nombres más esperados. El guitarrista sueco está tocando en esta gira los temas de Europe que contribuyó a hacer grandes y aquí debo hacer una confesión, los dos discos que Marcello grabase con Europe son mis favoritos de la discografía de los suecos por lo que no voy a negar mis sensaciones ante este show. Acompañado por un gran vocalista como es el italiano Michele Luppi, que le tocó el difícil papel de hacer competencia a Joey Tempest, y que no solo salió muy bien parado del envite, sino que dejo constancia de lo que ya sabíamos por su dilatada experiencia, que es un gran vocalista. Luppi se hizo cargo de las voces excepto en “Just the beginning” donde el guitarrista toma los mandos y la pone al servicio de su garganta, algo innecesario viendo el resultado, aunque esto no deja de ser anecdótico en un grandísimo concierto lleno de grandes canciones repasando ambos discos en los que Marcello fue parte de Europe. Canciones masivamente coreadas desde el público como “Ready or not”, “Sign of the times” o una sublime “Superstitious” y el inmenso placer para cualquier fan de Europe de poder escuchar en directo canciones como “Bad blood”, “Girl from Lebanon”, “Break free” o “Seventh sign”. El concierto lo cerraron con “The final countdown” que sí, se “coló” en la época Marcello, pero ¿cómo concebir cualquier historia relacionada con Europe sin esta canción?.

De nuevo un viaje de la nostalgia a la actualidad más reciente con los madrileños Lost Wingman, que fueron para este que escribe sin ningún lugar a dudas la gran sorpresa de la noche. Con un excelente vocalista que además es un fantástico frontman, conduce maravillosamente el paso de la banda por el escenario todo ello respaldado por unos músicos muy buenos y es que entre ellos hay miembros por ejemplo de Metrópolis VI, fantástica banda madrileña de Metal Progresivo que tuve la suerte de ver varias veces en directo a principios de este siglo. Lost Wingman practican un Hard Rock de corte melódico y elegante que no renuncia a la potencia pero que sabe como mantener perfectamente los tiempos y no caer en estridencia innecesarias. Lost Wingman suenan a la altura de cualquier de esas bandas que están mostrando y probando que el Hard Rock no vive tan solo de los grandes nombres y de las leyendas -que a tan buen nivel están la mayoría de ellas por fortuna para nosotros- y consiguieron que no perdiese atención ni un instante de lo que proponían sobre el escenario. Repasaron su “Mach 2”, disco editado este año. Lo dicho, la gran revelación de la noche.
Y llegaba por fin el cabeza de cartel, a quien mayoritariamente estábamos todo esperando. Cambio de batería -Bodo Shopf traía su propio kit-, y la gente amontonándose mientras las manillas del reloj se acercaban inexorablemente a las 23 horas, momento marcado para que Michael Schenker saliese al escenario, acompañado por un viejo camarada, Robin McAuley, protagonista junto al alemán de una época de la banda que mereció mucha más fortuna y a la que el tiempo terminará haciendo la justicia que merece si no lo ha hecho ya. Un Robin McAuley que a sus 73 luce con un físico envidiable y lo mas importante, con su garganta a un gran nivel. ¡De Michael Schenker que podemos decir a estas alturas que el tiempo no haya afirmado ya!. Por decisión propia obvie cualquier conocimiento del setlist que MSG estuviese tocando en fechas anteriores próximas por lo que me enfrentaba al show con una autoinfligida ignorancia sobre lo que iba a suceder sobre el escenario del Lion Rock Fest y los nervios y la tensión propia de encontrarme -no me voy a esconder a estas alturas-, de uno de mis grandes ídolos, Michael Schenker y alguien por quien profeso auténtica devoción, Robin McAuley. Y MSG con la colaboración de Robin McAuley, como anuncio Schenker al comienzo del show, atacaron la etapa más clásica de la banda, obviando, para sorpresa mía dadas las circunstancias, los discos que grabasen juntos Robin y Michael.
El setlist sencillamente impecable. Comienzan con “Looking for love” llevándonos en volandas hacia 1981 cuando el Heavy Metal comenzaba a forjar su leyenda en su década mas laureada. No era sencillo para McAuley tener que afrontar unas canciones que conocemos de memoria en las voces de Gary Barden y Graham Bonnet, pero el vocalista irlandés, en estado de gracia, supo hacer suyo el show y a su vez que también lo sintiésemos como nuestro. Atacan “Red sky” y te empiezas a hacer a la idea de que esta va a ser una noche inolvidable, reivindicar un disco como “Built to destroy” para servidor es ley. Observar a Michael Schenker es tener la sensación de que el tiempo no hace mella en él. Ya no luce su larga melena rubia, pero cada postura, cada gesto, y esa manera al alcance de tan pocos guitarristas de tocar es puro Schenker, esencia propia. Cada nota en sus dedos se convierte en magia, cada riff, cada solo, atraen tu atención, te dejan exhausto. Robin muestra complicidad con Michael, este es como es y así siempre será. Barend Courbois no es solo la inseparable mitad de esa sección rítmica que conforma junto a Bodo, también se muestra como línea de unión, de cohesión de una banda que suena como una maquinaria engrasada a conciencia, y en la que Alessandro del Vecchio, sustituto de Rocky Newton termina de completarla con la segunda guitarra y los teclados, asumiendo su papel “secundario”.
Tras dos clásicos, llega hora de “Emergency”, canción perteneciente a “Inmortal” y que da buena muestra no solo de que Michael Schenker se siente seguro con sus últimos discos sino que además estos están a un gran nivel y que sus canciones no desentonan dentro del impoluto elenco de sus clásicos. Si “Rock you to the ground” pone uno de los puntos más heavys de la noche en el Lion Rock Fest, en el momento que Michael Schenker comienza a tocar “Into the arena”, la emoción y la admiración se convierten en un dogma de fe sobre la ciudad de León, la intemporalidad de la música cuando es suprema se hace tan presente en la maestría de Michael Schenker que nos deja boquiabiertos ante tamaña demostración de talento. Aun recuperándonos de semejante vivencia, suena “Don’t sell your soul” canción que da nombre a su reciente disco y que suena dura, con ese riff tan Schenker y un Robin McAuley al que sentimos feliz sobre al escenario y que al menos a mi, me contagia de ella. No queda ahí la cosa, miles de gargantas acompañan a McAuley en “Cry for the nations” donde hay que decir que el vocalista sufrió quizás algo, un ínfimo pero en un show soberbio por su parte y de nuevo esa sensación indescriptible al escuchar a Michael Schenker interpretarla. ¿Cuantas canciones llevan?, porque yo tengo la sensación de que solo han pasado cinco minutos y quisiera que esto durase para siempre. Pero todo tiene su fin, pero antes pudimos disfrutar de canciones como “Armed and Ready”, “Captain Nemo”, “Desert song”, “On and on”, “Rock my nights away”, “Let the sleeping dogs lie” (gracias Michael por esto), “Assault attack” y ese final con el imprescindible “Doctor Doctor”. No hubo temas de la época McAuley Schenker Group pero me vais a permitir que cierre esta crónica del concierto de MSG con el título de una de esas canciones, “This night gonna last forever”, os lo aseguro.

Tras la actuación de MSG hubo gente que decidió marcharse a casa y es que bueno, es justo reconocerles que eran ya bastantes horas de concierto, la lastima es que se perdieron el pase de Midnite City. Los británicos, pretendidos herederos de ese Glam/Hard Melódico de Poison fueron de menos a más y rápidamente a base de actitud consiguieron centrar al atención sobre el escenario después de tocarles el complicado papel de actuar tras el vendaval de MSG. Midnite City son una banda ideal para pasarlo bien, para disfrutar de esas ínfulas pop que transmiten sus canciones, estribillos accesibles, canciones con las dureza suficiente para que la guitarra brille y esa sensación de que el rock and roll es también momentos en los que buscar nada mas que pasar un buen rato. Al final consiguieron enganchar a la gente y que disfrutásemos de su actuación. A Girish And The Chronicles les tocó cerrar el festival cerca de las dos de la madrugada y con el difícil reto de vencer el cansancio que ya comenzaba a hacer mella sobre los asistentes, y hay que decir, que la banda de la India, a base de guitarrazos y el poderío vocal de su cantante consiguieron que aquellos que aún resistían a esas horas de la noche y tras la riada de horas y emociones que habían inundado el Lion Rock Fest, se viesen recompensados con canciones del tamaño de “Generaton coward”, “Rock ‘n’ Roll is here to stay” o la emotiva “Hail to the heroes”. Punto final a un festival que fue un auténtico éxito de organización, público y música.


