Stuart no consigue salvar el universo

Pocos pueden dudar de que Chuck Lorre es uno de los grandes creadores televisivos. Productos como Dos hombres y medio o El método Kominsky le avalan. Sin embargo, su mayor éxito en los últimos tiempos ha sido The Big Bang Theory, cuyo rédito siguió vigente con El joven Sheldon.

Ahora el universo se amplía con Stuart no consigue salvar el universo, diez episodios de poco más de veinte minutos en los que se construye este nuevo spin-off, protagonizado por personajes bastante secundarios de la serie matriz. Un producto de «nicho» que, merced a un humor socarrón y una historia delirante, consigue que el seguidor de The Big Bang Theory acabe encantado con lo que está viendo.

La propuesta es surrealista, partiendo de un artefacto capaz de enviar a la gente al multiverso, construido por Sheldon y Leonard y que acaba en manos de Stuart Bloom, el dueño de la tienda de cómics. Ayudado por el insoportable Kripke, el profesor de geología Bert y su gran amor, Denise, intentará salvar el mundo que conocemos viajando de un universo a otro. Cada recorrido es más alocado que el anterior: uno está dominado por una inteligencia artificial; en otros destruyen una civilización basada en la paz y en la ausencia de posesiones; también encontramos universos donde los humanos son herbívoros, donde se utiliza la telequinesis o donde los pobladores son centauros.

Son capítulos cortos, basados en el humor que producen las situaciones y en unos ágiles diálogos, que funcionan bastante bien durante los primeros siete u ocho episodios, pero que, sorprendentemente, flaquean en su desenlace, menos inspirado que el resto de los guiones, obra del propio Lorre junto a Zak Penn y Bill Prady.

Una producción de presupuesto medio para los niveles de HBO, pero que resulta sencilla de ver y presenta apenas carencias, con la tienda de cómics de Stuart Bloom como eje central de la trama. A nivel técnico es irreprochable, con una banda sonora de Danny Elfman en su línea habitual.

El elenco se nutre de los cuatro protagonistas: Kevin Sussman, Lauren Lapkus, Brian Posehn y John Ross Bowie, estos dos últimos con los papeles más agradecidos. A ellos se suman unos cuantos cameos de la serie original que, aunque no desvelemos cuáles son, a buen seguro no van a decepcionar a la pléyade de fanáticos de The Big Bang Theory.

Y es que en este mundo friki donde transcurre la serie se mantiene la idea de que ser un genio también puede convertir a las personas en marginados. Al no tener una vida corriente, se refugian en estos reductos de sabiduría popular como son los tebeos, pero también las series, los coleccionables o el propio cine. Y es que, si uno no tiene los problemas de los tipos corrientes, puede aislarse en una burbuja junto a otros antisociales o incomprendidos por una sociedad que les impone una conducta de hipocresía en las relaciones que ellos no están dispuestos a asumir. De ahí la incorrección política, la falta de habilidades sociales y el rechazo sentimental.

Y es que en este mundo friky donde transcurre la serie se mantiene la idea de que ser un genio también puede convertir a la gente en marginados, por lo que al no tener una vida corriente se pasa a estos reductos de sabiduría popular como son los tebeos (también las series, los coleccionables o el propio cine). Y es que si uno no tiene los problemas de los tipos corrientes puede aislarse en una burbuja, con otros antisociales o incomprendidos por una sociedad que les impone una conducta de hipocresía en las relaciones que ellos no están dispuestos a vivir. De ahí la incorrección política, la falta de habilidades sociales y el rechazo sentimental.