El ser querido

En este 2026, el cine español conseguía el hito de colocar tres películas en la sección oficial del Festival de Cannes, un hecho que no se había logrado con anterioridad. Las tres candidatas eran Amarga Navidad, La bola negra y El ser querido. Al final se fueron de vacío, pero esas selecciones quedan para la posteridad en las hemerotecas.

Se da la circunstancia de que el filme de Rodrigo Sorogoyen se emparenta con el de Almodóvar al situarse dentro de la misma temática, pues estamos ante dramas metacinematográficos o de cine dentro del cine. Es cierto que sus guiones poco tienen que ver, ya que Amarga Navidad gira en torno a la creación de un guionista sobre su nueva película, mientras que El ser querido trata sobre el complejo rodaje de un afamado director que contrata para su último largometraje a una hija a la que hace trece años que no ve. A pesar de sus buenas palabras y modales, el resentimiento de ella y el carácter de él complicarán aún más su tormentosa relación, llena de reproches.

Pero Sorogoyen también nos habla sobre el talento, los demonios de la genialidad y el estrés que produce la filmación de una obra, salpicándolo de momentos en los que se pasa de las atenciones a la ira, de la amabilidad a la crueldad. Un mundo donde el realizador puede convertirse en una especie de dictador y el actor en un ser vulnerable, lleno de dudas.

Es meridiano que Sorogoyen ha construido un largometraje de autor, quizás el mayor de su carrera, un drama donde el diálogo es fundamental —sin duda, lo mejor del guion de Isabel Peña y del propio Sorogoyen— y donde el rodaje de una cinta histórica, ambientada en el Sáhara español, se convierte en una excusa para mostrarnos la imposible relación paterno-filial entre el afamado director, afincado en Nueva York y con una nueva familia, y la hija, fruto de una relación anterior y convertida en la actriz principal durante su regreso a España.

La lástima es que El ser querido resulta irregular, técnicamente irreprochable, pero lejos de trabajos anteriores como El reino o As Bestas. Quizás el tono excesivamente intimista le condicione, ya que los secundarios apenas tienen peso, dejando todo el interés narrativo en manos de los roles interpretados por unos inconmensurables Javier Bardem y Victoria Luengo. Ellos llenan la pantalla, con un claro ejemplo en la presentación, donde en una cafetería hablan de forma educada durante veinte minutos de plano-contraplano, elevando progresivamente la conversación hacia una toxicidad que enrarece cualquier atmósfera, como se desarrollará a lo largo de la cinta en la que trabajan ambos.

No es que El ser querido sea ni mucho menos una mala película, pues, como comentamos con anterioridad, tiene bastantes aciertos: una puesta en escena eficaz, una pareja protagonista magnífica y algunos momentos en los que la tensión resulta irrespirable. Sin embargo, todo ello se contrarresta con otros pasajes que no terminan de estar a la altura de lo filmado anteriormente por uno de los autores más talentosos de su generación, Rodrigo Sorogoyen.

Aun con todo, se agradece poder visionar un drama para adultos entre tanta producción infantiloide como la que asola las pantallas de medio mundo.