Año curioso este 2026, pues parece que ha llegado para quedarse ese género tan británico como es el whodunit. Así, «a vuelapluma», recordamos los estrenos de Las siete esferas y El joven Sherlock, que mantienen este revival que relanzó en la pantalla grande Kenneth Branagh con Asesinato en el Orient Express, Muerte en el Nilo y Misterio en Venecia, o Rian Johnson con su trilogía de Puñales por la espalda.

El problema final tiene el material literario de la novela de Arturo Pérez-Reverte en la que se basa, pero es evidente que el espíritu de Agatha Christie y Arthur Conan Doyle se respira en toda la miniserie, que además cuenta tan solo con cuatro episodios. Por ello, es perfecta para verla en poco tiempo: puede contar más que una película, pero tampoco presenta un exceso de soliloquios o partes que no aporten a la trama. Una interesante adaptación que dirige todo un especialista televisivo como Félix Viscarret, quien tomó la difícil decisión de llevar a la pequeña pantalla todo un éxito literario como Patria.
Viscarret juega con una adaptación cuidada que nos lleva a un recóndito hotel balear en los años cincuenta, donde un grupo de lujosos huéspedes debe resolver un crimen al que van sucediendo otros. Pistas falsas, secretos y mentiras se van desvelando con un investigador curioso, pues se trata de una antigua estrella del cine que en el pasado se hizo célebre interpretando al detective de Baker Street. Todo llevado con buen tino, con una puesta en escena clásica que nos recuerda a la de José Luis Garci, incluso optando por el sonido doblado en estudio. Algunos detractores dirán que resulta acartonada, pero también somos legión los que apreciamos ese buen gusto y ese academicismo formal en la realización.
Algo que también se traslada al reparto, pues la gran mayoría declama de manera teatral, destacando en esa lid un José Coronado inconmensurable, bien secundado por María Valverde, Maribel Verdú, Pepón Nieto, Martiño Rivas o Gonzalo de Castro. Un elenco eficaz que solventa sin problemas sus respectivos roles, inmersos en un delito difícil de resolver en un lugar aislado.
Quizás el mayor defecto que podemos poner a la serie sea su exceso de plano-contraplano, que la distancia de las grandes producciones de época y la acerca más a los culebrones nacionales vespertinos.
Aun así, aunque no estemos ante una obra maestra, El problema final consigue su objetivo de entretenernos y hacernos pasar un buen rato intentando descubrir al asesino. Un Cluedo que bebe del espíritu de Sherlock Holmes, Hércules Poirot o Miss Marple y que tan buenos réditos ha dado en el pasado en la historia del cine.



