El final de Oak Street

El final de Oak Street es el nuevo trabajo del talentoso David Robert Mitchell, gran descubrimiento con una de las cintas canónicas del terror moderno, It Follows, y fracaso comercial con la estupenda pero incomprendida Lo que esconde Silver Lake.

 

Con esta película incide en el cine comercial de buena factura, ritmo brutal y una puesta en escena curiosa, con un abuso del doble foco durante su primera parte que acrecienta la tensión familiar, una suerte de recurso que bordó Brian De Palma en múltiples producciones, tras el inverosímil incidente que desencadena la tensión del filme. Un guion del propio Mitchell sobre un pueblo de esos americanos de casas con doble jardín, familias de clase media y donde nunca ocurre nada que, a raíz de un suceso sobrenatural, acaban siendo trasladados a la era secundaria de la prehistoria, debiendo luchar contra todo tipo de dinosaurios carnívoros y solucionar sus problemas de pareja y paterno-filiales.

No es casual que la ambientación se sitúe en 1982, pues toda la historia es puramente ochentera, recordando esos suburbios que hemos visto en E.T., el extraterrestre, Los Goonies, Cuenta conmigo o Gremlins, por citar algunos ejemplos de ese cine adolescente y para toda la familia de aquella década, cuando Steven Spielberg conseguía taquillazo tras taquillazo. En este caso, tenemos en la producción a J. J. Abrams, fiel discípulo del director de Tiburón —no en vano, Super 8 es un canto spielbergiano—, que no ha dudado en apostar por este largometraje, donde David Robert Mitchell mantiene el espíritu de ese tipo de películas, uniéndolo a otro éxito de Spielberg como fue Parque Jurásico, con la que la emparenta el elevado número de muertes, aunque en El final de Oak Street sean más gráficas y crueles.

En el apartado técnico nada se le puede reprochar, con cierto protagonismo para los efectos visuales y sonoros, una fotografía en la línea de la época en la que se sitúa el filme, obra de Mike Gioulakis, y la banda sonora del músico de confianza de Abrams, Michael Giacchino. Aunque se agradece que toda esa construcción esté supeditada al guion y a una historia que, dentro del survival, nos habla de familias y de cómo resolver los problemas juntos. Un matrimonio al borde de la separación que, junto a sus dos retoños, tendrá que unir fuerzas para sobrevivir a la amenaza prehistórica.

Y para ello tenemos a dos actores de prestigio como Anne Hathaway y Ewan McGregor, que capitanean el reparto y son, sin duda, lo mejor del elenco, aunque los jóvenes Maisy Stella y Christian Convery también funcionan. Algo menos convincente resulta Jordan Alexa Davis, mientras que el resto de secundarios quedan reducidos a meros arquetipos o alivios cómicos.

El final de Oak Street es uno de los títulos destacados de este verano. Un espectáculo que aúna la vena comercial con una factura técnica de envergadura, demostrando el talento visual de David Robert Mitchell.