Cronos pretende ser la crónica definitiva de los atentados de Barcelona y Cambrils de 2017. Es una película producida, entre otros, por la televisión catalana para mayor loa de su policía autonómica que, bajo un bonito envoltorio, demuestra la incapacidad de diálogo entre los diferentes estamentos gubernamentales, incluso en materia terrorista.
Ese es el mayor defecto de esta, por otro lado, estimable película. Toda la trama se centra en la tensión provocada en los Mossos d’Esquadra por los hechos acontecidos en agosto de 2017, tanto desde el prisma operativo como por imponer su mando sobre la Policía Nacional y la Guardia Civil. Las víctimas de los atropellos apenas existen y el sufrimiento queda reservado para los defensores de la ley y para los familiares de los terroristas. El comando ejecutor no tiene más motivación que la de ser unos «buenos chicos» de Ripoll radicalizados por un imán que vino de fuera.
Quizás por limitaciones presupuestarias o por decisiones artísticas, el atropello de Las Ramblas no se muestra en pantalla; se opta en su lugar por dar dinamismo mediante la técnica de cámara en mano, lo que lastra esa primera parte. Por fortuna, es el único momento en que se recurre a ese movimiento de cámara en una narración en paralelo que pivota sobre tres ejes: el despliegue en Barcelona para contener el caos e iniciar la investigación, las maniobras políticas para mantener las competencias exclusivas y la búsqueda de los sospechosos en su municipio natal de Gerona. Todo esto, a pesar de cierto maniqueísmo, está bien tratado en el guion de Alberto Marini, aunque la tensión no provenga ni de los delincuentes ni de las víctimas, sino de los enfrentamientos entre las propias fuerzas y cuerpos de seguridad.
La dirección también funciona merced al buen oficio de Fernando González Molina, quien se dio a conocer con varios largometrajes (en su mayoría románticos) protagonizados por Mario Casas antes de dar el salto al thriller con la «Trilogía del Baztán», que culmina en este ambicioso proyecto. Su puesta en escena ofrece momentos brillantes, aunque todo el edificio se cimente sobre el sufrimiento de los policías (hasta el punto de que, en algún momento, da la impresión de que todos se derrumban emocionalmente).
Por su parte, el reparto no termina de funcionar, aunque esto puede deberse al hecho de haber visto la película doblada al español y no en su versión original (hablada en su mayor parte en catalán). Es complicado doblarse a uno mismo, por lo que las interpretaciones resultan algo impostadas, cuando no excesivamente histriónicas. Aun con todo, resulta un ejercicio interesante para acercarnos a la humanidad de un cuerpo policial no siempre valorado durante unos hechos excepcionales en los que la presión de todo un país era máxima.
En definitiva, sus responsables han decidido ensalzar a su policía autonómica dejando de lado a las víctimas y las motivaciones religiosas de los perpetradores del atentado, exponiendo así el control social sobre delito, delincuente y víctimas dentro del ámbito de la criminología.




