Seis años han pasado desde que Draconian publicaran Under a Godless Veil, un tiempo de espera considerable para una de las bandas más interesantes que ha dado el doom metal en las últimas décadas. La formación sueca regresa ahora con In Somnolent Ruin, su octavo álbum de estudio, en el que encontramos además una importante novedad: el regreso de Lisa Johansson, vocalista original del grupo, que vuelve a compartir protagonismo con Anders Jacobsson. Un retorno especialmente celebrado por los seguidores de la primera etapa de la banda y que permite recuperar una de las grandes señas de identidad de Draconian.

Hay que recordar que Lisa Johansson abandonó Draconian en 2011 y que, después de su marcha, Heike Langhans se convirtió en la nueva voz femenina de la formación. Su participación en Sovran y, posteriormente, en Under a Godless Veil nos dejó dos trabajos en los que demostró unas extraordinarias cualidades vocales. Precisamente, una de las cosas que más nos interesaba de Langhans era su precioso tono, suficientemente personal y expresivo como para no necesitar gritar ni elevar constantemente el registro para transmitir la melancolía de las composiciones. Tanto Sovran como Under a Godless Veil son buenos ejemplos de ello, aunque finalmente fue Lisa Johansson quien terminó la gira de Under a Godless Veil (cosa que descubrimos en uno de los últimos conciertos de su gira en Madrid) y quien ahora recupera oficialmente su puesto en la banda.
El regreso de Johansson, por tanto, podía generar ciertas dudas después del excelente trabajo realizado por Langhans, pero la cantante demuestra desde el comienzo de In Somnolent Ruin que sigue teniendo una voz perfectamente reconocible y que su regreso no es únicamente una operación de nostalgia. El disco conserva la esencia de Draconian, aunque combina recursos de diferentes épocas de la formación y presenta una producción que permite apreciar con claridad el trabajo de las guitarras, los teclados y una base rítmica que sabe alternar entre la cadencia propia del doom y momentos de mayor intensidad.
“I Welcome Thy Arrow” abre el álbum con una atmósfera solemne y oscura en la que la voz de Lisa aparece antes de que Anders Jacobsson introduzca sus característicos registros guturales. La oposición entre ambos continúa siendo uno de los grandes atractivos de la banda: la delicadeza de Johansson frente a la profundidad de Jacobsson. La canción supera los ocho minutos y se desarrolla lentamente, alternando pasajes atmosféricos con otros de mayor contundencia hasta convertirse en una excelente presentación del nuevo trabajo.
“The Monochrome Blade” incrementa la intensidad desde el comienzo y ofrece una de las interpretaciones más contundentes del álbum. Las guitarras adquieren especial protagonismo y la batería ayuda a convertir el tema en una de las composiciones más dinámicas del conjunto. La voz de Lisa también aparece aquí con mayor fuerza, mientras Jacobsson aporta el necesario contrapunto extremo. Es uno de los cortes que mejor resumen la capacidad de Draconian para unir belleza y pesadez sin que ninguna de las dos características termine imponiéndose a la otra.
“Anima” introduce una de las colaboraciones más interesantes del disco, la del vocalista Daniel Änghede, que aporta una tercera voz limpia al entramado creado por Johansson y Jacobsson. El resultado es especialmente atractivo porque la canción permite jugar con diferentes combinaciones vocales y con una estructura que evoluciona progresivamente. La presencia de Änghede aporta una tonalidad diferente y demuestra que Draconian todavía puede introducir nuevos elementos sin perder su personalidad.
“The Face of God” continúa por terrenos más pesados, recuperando el componente death-doom que siempre ha formado parte de la identidad de los suecos. El ritmo adquiere mayor velocidad en determinados momentos y la interpretación de Jacobsson aporta una dimensión más agresiva, mientras Lisa se encarga de mantener ese contrapunto melódico que permite que la canción no quede reducida exclusivamente a su vertiente extrema. Es una composición larga, pero la banda sabe introducir cambios suficientes para evitar que la estructura resulte excesivamente monótona.
“I Gave You Wings” es probablemente uno de los temas más melódicos del álbum y uno de los que mejor aprovechan la voz de Lisa Johansson. La canción se mueve dentro de ese terreno melancólico que tan bien domina Draconian y permite que las guitarras desarrollen melodías de gran belleza. Aquí resulta especialmente evidente que el regreso de la vocalista no supone simplemente volver al pasado, sino incorporar su voz a una formación que ha evolucionado durante los años en los que ella estuvo ausente.
“Asteria Beneath the Tranquil Sea” funciona como una breve pieza de transición, con apenas dos minutos y medio de duración, que sirve para separar dos de los bloques del álbum. Su carácter atmosférico ayuda a preparar la entrada de “Cold Heavens”, uno de los cortes más intensos del trabajo. La banda utiliza aquí la dinámica para pasar de momentos contenidos a otros mucho más pesados, mientras Lisa ofrece una interpretación especialmente expresiva. El contraste con los guturales de Jacobsson vuelve a funcionar como uno de los elementos fundamentales de la composición.
“Cold Heavens” es precisamente uno de los temas donde mejor se aprecia esa capacidad de Draconian para construir tensión a partir de tempos lentos que terminan desembocando en pasajes de mayor intensidad. La canción mantiene el carácter oscuro del álbum y lleva la interpretación vocal a uno de sus momentos más extremos, especialmente cuando la voz de Jacobsson irrumpe sobre la instrumentación. Es uno de los cortes que mejor representan el equilibrio entre doom y death metal que ha caracterizado a la banda desde sus primeros años.
“Misanthrope River” vuelve a cambiar el registro y comienza con un extenso pasaje instrumental antes de incorporar la narración de Simon Bibby. El tema reduce el ritmo, pero no la intensidad emocional, construyendo una atmósfera especialmente sombría. Las guitarras y los teclados adquieren protagonismo y permiten que la canción avance lentamente hasta recuperar el contraste entre las voces. La participación de Bibby añade un elemento narrativo que encaja perfectamente con el carácter introspectivo del álbum.
El cierre corresponde a “Lethe”, una composición de más de siete minutos que recupera todo el carácter épico y melancólico de Draconian. El título hace referencia al río del olvido de la mitología griega y la canción funciona como una despedida coherente para un disco que gira alrededor de la alienación, la búsqueda de un sentido y diferentes reflexiones sobre el alma. Las guitarras, los teclados y las voces construyen progresivamente un final de gran intensidad que deja una buena impresión del conjunto.
Con In Somnolent Ruin, Draconian han conseguido regresar después de seis años con un disco que mantiene intactas sus principales virtudes. El regreso de Lisa Johansson es la gran noticia y su voz continúa siendo perfectamente reconocible, aunque tampoco debemos olvidar el excelente trabajo realizado por Heike Langhans en Sovran y Under a Godless Veil. De hecho, precisamente porque Langhans consiguió desarrollar una personalidad vocal tan bonita que no necesitaba recurrir al grito para emocionar, su ausencia podía resultar especialmente difícil de cubrir. Lisa, sin embargo, demuestra que todavía puede ocupar ese espacio con solvencia.
El nuevo trabajo tampoco supone una ruptura con el pasado, sino más bien una síntesis de las diferentes etapas de la banda. Las guitarras vuelven a tener un peso considerable, las composiciones se desarrollan con la habitual paciencia del doom y la combinación entre la voz limpia femenina y los guturales masculinos continúa siendo uno de los recursos más efectivos del grupo. Quizá no estemos ante un álbum que pretenda revolucionar el género, pero tampoco parece ser esa su intención.
Draconian llevan muchos años demostrando que son una de las formaciones más interesantes del doom metal y In Somnolent Ruin confirma que todavía pueden ofrecer un trabajo de calidad dentro de sus coordenadas habituales. Seis años de espera son demasiados, pero el regreso de Lisa Johansson y un conjunto de canciones que mantienen la capacidad de emocionar hacen que la espera haya merecido la pena. Un álbum oscuro, melancólico y pesado que recupera al Draconian de dos épocas diferentes y demuestra que ambas pueden convivir sin problemas.



