Dentro del universo del misterio, sin duda, la gran dama es Agatha Christie. Un sabor añejo, de raíz literaria, que ha encontrado un filón en las nuevas novelas negras actuales, gestadas tanto en Europa o Estados Unidos como en otros continentes. Pero, si tuviésemos que elegir un solo nombre, la gran mayoría de la gente nombraría en primer lugar a la autora británica.

Verano del 36 contiene mucho de la intriga de la novelista de Muerte en el Nilo, ya que, sin ir más lejos, una de las pistas nos retrotrae directamente a Asesinato en el Orient Express, cuya traslación al cine cuenta con versiones tan conocidas como la de Sidney Lumet, de los años setenta, o la más reciente de Kenneth Branagh.
Sin embargo, estamos ante una producción francesa que nos conduce a un hotel de lujo en la Costa Azul gala, donde se comete un crimen en el verano de ese año. Un fiscal muere asesinado y, desde ese momento, desfilan varios sospechosos hasta dar con la solución en el último momento. Filmada en formato de miniserie de tan solo seis capítulos, intenta contar más que la propia intriga, aportando una óptica actual a su trama, con cuestiones como el feminismo, la lucha de clases, el racismo o el sexo. Todo ello desde un punto de vista maniqueo, donde los buenos encarnan los mejores valores y los villanos son adinerados violadores, vengativos, contrarios a cualquier avance social y partidarios del nazismo. Una visión sesgada, la de sus creadoras, Marie Deshaires y Catherine Touzet, que ensombrece la historia policial y el whodunit.
Es un acierto otorgar la realización a la misma persona, pues la puesta en escena de Frederic Garson posee una continuidad narrativa, alternando el lujo de Niza, con sus hoteles, playas y casinos, con los barrios más humildes, donde los obreros también descansan durante sus vacaciones. Por allí desfilan unos y otros, teniendo que unirse sin remedio. Una buena idea es presentar a la hija mayor de un empresario, repudiada por casarse con un sindicalista de la fábrica, y a otra como ayudante de policía y hermanastra de la gobernanta del hotel. De hecho, son las relaciones más interesantes, aunque no siempre resulten creíbles.
Un reparto dominado por mujeres: Constance Gay, Sofia Essaidi, Julie De Bonna y Nolwenn Leroy como protagonistas; y, entre las secundarias, una gran dama del cine francés como Miou-Miou, lejos de sus mejores años, entre las décadas de los ochenta y los noventa del siglo pasado.
Entre todos consiguen un entretenimiento ligero, irregular, pero divertido. Fácil de ver, pero, a su vez, fácil de olvidar.

