Ummon es una canción que comienza despacio, sencilla y progresivamente. La guitarra se va estirando a modo de látigo vaquero avisando, como un pequeño arroyo que va creciendo cada vez más hasta que se convierte en cascada y se te lleva.
Una sucesión de cascadas entre meandros vertiginosos en los que giras bajo el agua, respiras cuando puedes, te hundes y sales fortalecido con la piel de punta. Con los pelos erizándose progresivamente en su inclinación según las órdenes del sonido hasta que estallan las endorfinas.
La voz es nerviosa, decidida, segura de sí misma. Nos explica por qué grita y después nos grita. Es como una bronca que sabemos que merecemos.
Esa bronca son las guitarras, como hojalata cortante. El sonido de las guitarras es una reprimenda jazzísticometalera. Una especie de digo lo que me da la gana, como me da la gana, pero con estilo. Mi estilo, desbordante, contenido, directo —la mirada fija—, eléctrico. Algo que Jean Fossat se dice también a sí mismo en la puta cara.


