Deep Purple – SPLAT!

Vigésimo cuarto disco, dicen los que han tenido el empaque de contarlos y separar unas ediciones de otras, de Deep Purple. A dos años de cumplir su sexta década, nos regalan lo impensable para unos señores con su edad y poseedores de un legado lleno de obras maestras: otra muestra de excelencia superlativa, otro disco que añadir a su lista de imprescindibles. Con esto creo que está todo dicho. Pruebe a ponerse el disco, si acaso no lo ha hecho ya, y compruébelo por sus propios medios. A partir de aquí, y teniendo algo tan jugoso sobre lo que dialogar, el problema es qué no abordar de todos los aspectos posibles. Intentaré dejar fuera los que no afecten específicamente a este disco, aunque es complicado con una banda de esta envergadura, y centrarme en la obra en sí misma. 

 Segundo disco del que podríamos llamar Mark IX, según alguno que se ha entretenido en contar estas cosas, de la banda tras la entrada de Simon McBride a la guitarra. Aunque he escuchado que existe cierta polémica con este cambio, en mis entornos musicales habituales no he percibido mucha gente que le afee absolutamente nada al nuevo miembro, más bien al contrario. Su llegada revitalizó a la banda, no en vano es como tres décadas más joven que ellos, así a ojo, que no me saque nadie las edades exactas de cada uno. Esta diferencia de edad aporta energía pero no viene falta de experiencia y saber hacer. El señor McBride venía avalado por una carrera donde mostraba ser un guitarrista excelente y esto se ha visto potenciado al máximo nivel al entrar a formar parte de Deep Purple. Es importante no perder de vista lo que una oportunidad como esta supondría para cualquiera. Por suerte para nosotros está sabiendo aprovecharla al máximo. El nivel de compenetración que muestra este disco es el de unos músicos que se han exprimido al máximo unos a otros para conseguir llegar a lo sublime. Tras unos cuantos cientos de conciertos y otro disco juntos, en este trabajo han encontrado la cuadratura del círculo. 

 Si ya =1 era un disco notable, con este SPLAT! el resultado denota otra perspectiva. Aquí McBride está totalmente integrado en la banda. Él y Don Airey han alcanzado un grado de compenetración y complicidad que se respira en cada pasaje, en cada arreglo, en cada detalle, en cada guiño del disco. Y esto se extiende a toda la banda. Una banda que, rejuvenecida por el empuje del “jovencito” guitarrista nuevo, se ha visto con fuerza para subir el octanaje de su propuesta con respecto a años anteriores y volver con la solvencia que se les espera a casa, al hard rock con gusto y elegancia, que los ha caracterizado en gran parte de su carrera. No es que lo hayan abandonado nunca, en realidad, pero el acento es ahora más punzante. Si hay algo que han tenido los Purple siempre, incluso en sus momentos más locos, ha sido un pathos de aplomo y elegancia, de profundidad, de eso que llaman feeling. Este disco es casi un manual de estilo en lo que respecta a esos parámetros. En ese sentido el trabajo en la sombra de Ian Paice y Roger Glover siempre ha sido excelente, en este disco toda esa clase está presente y brilla como, según mi percepción, hace tiempo que no brillaba. 

 No estoy dispuesto a entrar en la absurdidad de que Ian Gillan ya no tiene esa voz que le acompañaba en los 70 y desarmaba a cualquiera, que nos dio alegrías inmortales con Child in time o su interpretación de Jesucristo. ¡Estamos en 2026 y este señor calza ocho décadas sobre sus espaldas! Ya sabemos que hace tiempo su registro es otro, asúmanlo y escuchen In Rock o Made in Japan por enésima vez si gustan, yo también gusto, y mucho. Pero ahora es otra cosa y Gillan es más consciente que nadie de hasta donde puede llegar, y con lo que puede hace alarde de maestría. Porque no necesita demostrar nada, está jugando a un juego cuyas reglas escribió, en gran parte, él y sabe perfectamente como ganar la partida.  

 Sus letras, autoconscientes, cargadas de humor inglés, cantadas con una expresividad casi de cuenta cuentos, de hecho sus textos tienen una pátina literaria y relatística muy reseñable, se entrelazan con sabiduría con el trabajo de los músicos. Gillan es un cantante excelente precisamente por eso y sigue siéndolo aunque sus agudos cristalinos, en lo más alto que una voz humana pueda llegar, sean cosa del pasado. No los necesita. Otros, con sus falsetes intactos, son aburridos de escuchar como comer yeso al sol sin líquido para echar pabajo. Suenan muy bien pero no transmiten nada en comparación. Gillan te lleva, te acuna, te hace cantar en la cantina, te cuenta la historia de un capullo y le pregunta “¿qué has hecho?” (solo le falta un miarma al final a esa letra, o my weapon, que la canción es en inglés). Esto es envejecer con dignidad, sabiduría, estilo y seguridad en uno mismo. Una mirada al aquí y ahora, sabedor que aun queda mañana, pero poco, que se refleja en las letras. Esa celebración de la vida, del nuevo amanecer, para observar y reflexionar con la perspectiva que dan los años y una experiencia vital como la suya, dan al conjunto una mirada que es un optimismo sincero pero al tiempo tiene un deje de cinismo que habría hecho las delicias de Diógenes de Sínope. No se pierdan la letra de Guilt Trippin´, y ya de paso tampoco la canción, sacada como tercer adelanto, y una de las más impactantes del disco. 

 El trabajo en sí mismo no es uno de esos discos de hit singles, no es un Machine Head lo mires por donde lo mires, ni falta que hace. Ya hay un Machine Head que es maravilloso y ahora tenemos un SPLAT! que también lo es pero en otra manera y que quizá sí que sea más netamente maravillosa porque, a pesar del cinismo señalado antes, explora el sentido de la maravilla. Deep Purple no necesita nuevas canciones para tocar en sus conciertos y que todos coreen, de esas ya tienen un buen repertorio, y lo que hacen es un disco para ser escuchado con detenimiento y deleite. Un disco que crece poco a poco en cada escucha. Dedicado a melómanos y orejas que se paran a deleitarse en el detalle, en el gusto con el que la música ha sido pensada y es ejecutada. Es un hard rock maduro e inteligente, es el abuelo dando las lecciones de sensatez que solo puede dar quien conoce las consecuencias de haber sido un insensato. Esto no es un disco. Es cátedra. Es el resultado del trabajo honesto e inteligente de unos músicos que tanto juntos como por separado atesoran unas experiencias y conocimientos que no están al alcance de cualquiera, y eso se nota. 

 A lo largo de los trece temas que componen el disco, Deep Purple juegan con las distintas texturas que se les presuponen. Si bien es cierto que respecto a la estructura armónica tienden a ser bastante conservadores y este, como viene pasando en sus últimos trabajos, denota cierta monotonía a ese nivel, quizá una zona de confort que haya sido generada por las limitaciones de la voz de Gillan; también es verdad que saben vestir con maestría esas armonías quizá un poco cuadriculadas y hacer de cada tema una pieza independiente.  

 El disco ofrece temas que son netamente rockeros, muy vacilones, como DiabloThe Rider o My new movie, junto a otros más heavies como Arrogant boyThe LunaticSacred Heart o Scribin´ Gib´rish. Interesante el gusto por lo medieval que se respira en Sacred HeartThe Only Horse of the Town o Jessica´s Bra, una divertida canción de taberna que puede llevar a recordar a Jethro Tull. No pierden tampoco su esencia bluesera con dos temas de ese corte como solo pueden salir de sus manos, The Beating Wings  y The Third Call, que curiosamente empieza con un riff de teclado que es calcado al inicio de Resurrection de Halford pero cuando esperas el arranque más heavy del Metal God se dejan caer a una de esas cadencias de blues que con tanto gusto saben presentar. 

 Mención especial me parece que merecen dos temas. Guilt Trippin´, con sus melodías que recuerdan a Isaac Albeniz, su desarrollo progresivo y ese Gillan tirando de agudos, apretado, sacando de dónde no hay, ¡dándolo todo!; y especialmente SPLAT!. El tema que da nombre al disco es un medio tiempo elegante, rockero a tope, con un solo de teclado funky, solicitado por el propio Gillan desde el texto de la canción. Ambas canciones tienen las letras más profundas, sinceras y, quizá en cierta medida, desconcertantes del disco. 

 En resumen, el nuevo disco de Deep Purple, esperamos que no sean el último pues el propio McBride ya estás proclamando en entrevistas que se disponen a grabar otro el año que viene, es otra obra maestra que añadir a un catálogo que ya contiene unas cuantas que merecen ese apelativo. Pero, eso sí, como obra maestra no es igual otras anteriores, ese es el significado de obra maestra, algo nuevo, de lo que aprender, que establece, una vez más, un nuevo standard de como se hacen las cosas. Con conocimiento, con inteligencia, con elegancia, con gusto, con humor, con eso que supongo que te da la vida conforme vas cumpliendo años. Un deleite poder sumergirse en estas nuevas canciones que Deep Purple comparten con nosotros y que, de algún modo, nos ofrecen la oportunidad de aprender y practicar todas esas virtudes que nos muestran en su música.