La historia del rock está escrita no con letras de oro sino a base de canciones que por mérito propio han alcanzado la inmortalidad y Deep Purple cuentan en su haber con un buen puñado de esos himnos imperecederos. Considerados padres del Hard Rock, los británicos llevan desde final de los sesenta en un continuo tour de force, que a pesar de alguna parada en seco, llevan ya décadas sacando discos y pisando escenarios de todo el mundo. Embarcados en este “Mad in Europe” Tour en el que presentan su nuevo y fantástico trabajo “Splat!”, lanzado el pasado 3 de julio, desembarcaban entre botas de vino para descargar su música en el marco bodeguero del Tío Pepe Festival.

Había gran expectación por comprobar el estado de forma de la banda. Seamos justos, Deep Purple han contribuido de manera excelsa a que el rock siga vigente hasta llegar a este S. XXI. Ahora toca los que vienen por detrás pelear por mantener la antorcha encendida, a Deep Purple, como a tantos otros músicos de su generación, les corresponde disfrutar sobre el escenario y a nosotros disfrutarlos a ellos, porque a estas alturas no creo que nadie exija a Ian Gillan con casi 81 años que cumplirá el próximo agosto que su garganta ejecute los mismos derroches técnicos no ya de esa tres décadas sino de hace quince años. Lo que les exijo es un show a la altura y desde ya os aseguro que lo hicieron con nota muy alta.
Tras una introducción visual en la pantalla de vídeo por donde desfila su discografía, la banda salta a escena ante la exaltación popular. ¡Deep Purple están en Jerez de la Frontera y allí estamos todos, con un recinto repleto, para rendirles pleitesía!. Suena “Highway Star” e Ian sufre con ella pero sale bien parado. Roger Glover es un silencioso maestro de ceremonias, ojalá ser en la vida la mitad de feliz de lo que Glover es sobre un escenario. Ian Paice está en un estado de forma magnífica, su pegada, rítmica y contundente sigue siendo esa base métrica para construir el sonido de la banda mientras Don Airey, parapetado tras sus teclados engrandece los duelos con un Simon McBride que brilla con luz propia entre solos y riffs.
A la par que la garganta de Gillan se va calentando, el vocalista demuestra estar bastante bien de voz y en “Into the fire” nos encontramos con una grandísima interpretación por parte de Gillan. El resto del grupo suena excelso, contundente, creando un paraje de sonido que muestra orgulloso cómo construyeron el camino de salida para el Hard Rock. Llega el primer acto de lucimiento personal de mano de Simon McBride con su solo de guitarra en el que muestra su maestría y además a estas alturas cualquier comparación es innecesaria. Cierto es que es una obviedad que McBride es un gran guitarrista, ¿acaso imagináis a Deep Purple con algún músico mediocre?. Seguro que no, pero al César lo que es del César. Vuelve la banda al completo para interpretar un fantástico “Arrogant boy” de su nuevo disco seguido de “Lazy sod” de “=1”.

Es innegable que con las canciones de esta última etapa, Gillan se encuentra más cómodo a la hora de ejecutarlas y eso se nota lo que hace ganar enteros a la actuación de la banda, inteligentes al incluir canciones como “Diablo” también del nuevo disco. Pero para mi el momento cumbre fue la intensa y emocionante actuación de Gillan durante “When a blind man cries”, ¡excelso!. Disfrutamos por supuesto del solo de teclado de Airey, guiño a la tierra incluido y un reprise final con un intenso y potente “Space trucking’” y por supuesto, “Smoke on the water” con las gargantas que poblaban el Tío Pepe Festival actuando como apasionado coro. Breve retirada, regreso con regalo, ya que interpretan “Guinness” tema extra del nuevo disco en su edición box set seguido de otro de los momentos cumbres para este que escribe pues “Hush”, el cover de Joe South es otro de mis temas preferidos de Deep Purple.
El punto final lo pone como no podía ser de otra manera ‘Black night”, arrancando de nuevo las voces de la gente y dejando claro por qué son lo que son y significan tanto para tantísima gente. ¿Mereció la pena?. Muchísimo y os aseguro que quien dudó y se quedó en casa, se arrepentirá de ello. Salimos satisfechos y exhaustos, disfrutamos el público y la banda, por cierto con un Gillan muy comunicativo y de muy buen humor. No sé si será la ultima vez que vea a Deep Purple en directo, pero si lo es, perdurará para siempre en mi memoria.
Fotografias: Archivo fotográfico del Tío Pepe Festival. Fatou.es


