Sin lugar a dudas, el rock and roll a su manera idiosincrática imbrica el bagaje personal y la pasión como forma electrificada de expresarse e identificarse, no en vano, nos sentimos atraídos a grupos socialmente estructurados con los que compartimos vínculos a veces en contraposición a otros. Por eso Michael Monroe es nuestro pastor y gracias a la eterna energía voluminosa de sus canciones nada nos falta.

El mítico vocalista parece haber hecho un efectivo pacto para que la edad no haga mella ni en su garganta ni en la intensidad de su propuesta que sigue siendo ese compendio de rock and roll glamour oso de guitarras distorsionadas y la rabia punk que llegó desde el norte. “Outer Stellar” te pone las pilas desde el mismo instante en que la adrenalina se dispara persiguiendo a las adictivas guitarras de Steve Conte y Rich Jones que escupen rabia. “Rockin’ horse” abre fuego plantando y cara y disipando dudas si es que alguien tuvo alguna vez la osadía de plantearlas. Sami Yaffa como sempiterno compañero de viaje, Karl Rockfist no permitiendo desde su batería que el ritmo decaiga.
















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