La Sala Custom de Sevilla acogió este 19 de junio una de las citas más esperadas del año para los aficionados al heavy metal clásico. Geoff Tate, voz fundamental en la historia del género gracias a su brillante trayectoria al frente de Queensrÿche, recaló en la capital andaluza con la gira Operation: Mindcrime – The Final Chapter, concebida como el homenaje definitivo a una de las obras más influyentes y ambiciosas que ha dado el metal progresivo. Para algunos (entre los que me incluyo) un álbum a la altura de los más grandes del heavy metal. Y el público respondió pues a pesar de que al inicio poca gente vimos con los invitados, al llegar Geoff Tate la pista estaba poblada por unas tres cuartas partes del aforo.

La velada comenzó con las actuaciones de los teloneros. El joven James Keegan fue el encargado de abrir la noche con una propuesta melódica y cercana que sirvió para romper el hielo ante un público que iba ocupando progresivamente la sala. Unos veinte minutos de folk con el solo acompañamiento de su guitarra pero donde el irlandés dejó buenas sensaciones. A continuación, Ogma (proyecto con buena parte de los músicos que acompañan a Tate) aportaron la dosis necesaria de energía y contundencia, conectando rápidamente con los asistentes gracias a un repertorio directo y eficaz, un par de versiones y unos temas propios más que interesantes. Tienen un único EP pero mucha aptitud y actitud.. Sin pretender robar protagonismo al cabeza de cartel, ambos cumplieron con solvencia su cometido y dejaron el ambiente perfectamente preparado para el plato fuerte de la noche.

Poco después, entre una cerrada ovación, apareció Geoff Tate acompañado por una banda que merece una mención especial. Porque si algo ha quedado claro a lo largo de esta gira es que buena parte de su éxito reside en la calidad de los músicos que le acompañan. Lejos de limitarse a ejercer como meros intérpretes de apoyo, ofrecen una ejecución impecable de un material especialmente complejo. Los guitarristas James Brown y DJ O’ Sullivan (ambos de Ogma) y Amaury Altmayer recrean con precisión los intrincados arreglos originales de Chris DeGarmo y Michael Wilton (tarea complicadísima de la que salieron más que airosos), mientras que Jimmy Wynen al bajo, Clodagh Mc Carthy a los teclados (y acompañando a Tate en las voces y en su operística “puesta en escena”) y Michele Panepinto a la batería construyen una sólida arquitectura sonora sobre la que descansa todo el espectáculo. La compenetración entre ellos resulta evidente desde el primer momento y permite que las composiciones mantengan intacta gran parte de la riqueza instrumental que convirtió a Operation: Mindcrime en ese disco de referencia.

El concierto arrancó con la introducción de I Remember Now, que enlazó inmediatamente con Anarchy-X y Revolution Calling, dejando claro que la intención de la noche era sumergir al público en la historia conceptual que convirtió al LP de 1988 en una auténtica obra de culto. A partir de ahí fueron desfilando clásicos como Operation: Mindcrime, Speak, Spreading the Disease, The Mission o la monumental Suite Sister Mary (espectacular la complicidad en el escenario entre Geoff Tate y Clodargh Mc Carthy), interpretados con una fidelidad que hizo las delicias de los seguidores más veteranos.

A sus 67 años, Geoff Tate ya no posee toda la potencia vocal que exhibía durante la época dorada de Queensrÿche, algo inevitable para cualquier cantante que haya construido una carrera de más de cuatro décadas. Sin embargo, conserva intactos el timbre que le convirtió en una de las voces más reconocibles del metal y, sobre todo, una enorme capacidad interpretativa. Tate entiende perfectamente estas canciones porque forman parte de su propia historia y sabe transmitirlas con la autoridad de quien estuvo allí cuando fueron creadas.

La parte central del espectáculo encontró algunos de sus momentos más intensos en The Needle Lies, Breaking the Silence e I Don’t Believe in Love, antes de desembocar en una emocionante interpretación de Eyes of a Stranger, culminación natural de un disco que sigue siendo una referencia ineludible para cualquier aficionado al género.

Tras completar el recorrido por Operation: Mindcrime, llegó el momento de celebrar el legado más amplio de Queensrÿche. El público respondió con entusiasmo a una selección de grandes éxitos entre los que no faltaron piezas tan emblemáticas como Empire, Jet City Woman, Walk in the Shadows, Take Hold of the Flame, Silent Lucidity o Queen of the Reich. Fue en estos momentos cuando la nostalgia se convirtió en celebración colectiva, con una audiencia entregada que coreó cada estribillo como si el tiempo no hubiera pasado.

Pero reducir la propuesta a un simple ejercicio nostálgico sería injusto. Si Tate aporta el carisma y la conexión emocional con uno de los catálogos más importantes del metal estadounidense, sus músicos son los responsables de que esas canciones cobren vida con una fuerza sorprendente. La precisión instrumental, la cuidada recreación de las atmósferas originales y la evidente implicación de toda la banda convierten el concierto en algo mucho más sólido que una simple revisión del pasado.

La sensación final fue la de haber asistido a una reivindicación en toda regla de una de las grandes obras maestras del metal progresivo. Casi cuatro décadas después de su publicación, Operation: Mindcrime continúa demostrando una vigencia admirable, y Geoff Tate sigue siendo su mejor embajador posible. Sevilla respondió con entusiasmo a una noche cargada de recuerdos, grandes canciones y un nivel musical sobresaliente, confirmando que algunas obras trascienden su época para convertirse en auténticos clásicos imperecederos. Uno de los conciertos del año.


















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