Se dejen de lado, o no, los rencores y las quejas dirigidas a la actitud de Scorpions para con sus fans -giras de despedida que no se acaban, visitas únicas a España que no lo son, etc-, hablar de este disco no es difícil, bien por lo predecible de su desarrollo, bien por la nula escasa originalidad de las canciones.
Si bien el comienzo es prometedor, pues «Going out with a Bang» es un encontronazo con los Scorpions mas rockers, guitarreros y hacedores de estribillos de radio con garra, a la altura de lo más destacado de sus últimos trabajos, el listón cae en picado a medida que se suceden fotocopiadas baladas atiborradas de azúcar y caminos cien veces transitados. Tampoco los cortes rockeros sorprenden, cierto, pero el ritmo y el fino y vistoso envoltorio con el que los han entregado -esto sí, indiscutible- los hacen digeribles. No transmiten demasiado, pero no aburren, lo cual, es lo mínimo que espero de una obra musical.
«House Of Cards», la primera trampa atrapa-fans-llena-estadios, se interpone entre el single «We Built This House», «Rock My Car» y las también apetecibles «All For One» y «Rock ‘n’ Roll Band», repletas, como todos los temas correctos del álbum, de referencias a los clásicos que engrandecen álbumes como Blackout, Love at First Sting o Virgin Killer. Licks de aquí, melodías de allá, cortamos por medio, añadimos un par de arreglos y ya tenemos otro nuevo tema presentable. Y preciosos solos de guitarra, no os olvidéis. Y como el refrito no está mal hecho, sin dar lugar a sorpresas, los temas se dejan oír sin problema y los estribillos, más que pegarse, se reavivan, pues son los mismos que se nos grabaron años atrás.
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Las dificultades vienen en forma de las mentadas baladas, compuestas con acordes que se pueden escuchar en Kiss FM no menos de cinco veces cada hora -«Eye of the Storm» y «Gypsy Life»- y algunos estribillos más cerca del pop de los 90’s que del lado comercial que siempre han tenido -«Catch Your Luck and Play», «Hard Rockin’ the Place» y, sobre todo, «Rollin’ Home», que parece un cover de los Backstreet Boys, en serio-. Por encima de esa sensación global de linealidad, queda la de haber escuchado algo bastante bien producido, una voz por cuyos colores no parecen pasar los años, unas canciones que, en el mejor de los casos, ya hemos escuchado -y en el peor, viniendo de quienes vienen, descolocan-, y un grupo que lleva tiempo alargando algo a lo que ya habían decidido poner fin.
Hay muchas formas de rectificar y, supongo, un nuevo disco de estudio no es una de las malas. No estamos ante una sorpresa candidata a los top anuales, no al menos en los de esta independiente casa. Tampoco podemos hablar de un disco con buenas ideas que se haya quedado a medias por falta de medios. Para Return to Forever Scorpions han contado con experiencia y medios suficientes para editar un trabajo lo suficientemente aceptable como para que continuar no sea tan descarado. Algunos lo hacen peor, sí, y también sobra decir que, tras cincuenta años de carrera, no se les puede pedir frescura, pero dudo que vuelva a escuchar este disco alguna tras ponerle el punto y final a este párrafo.


